Después de más de un mes del estado de alarma, en el que las familias están cumpliendo con responsabilidad la tarea de quedarse en casa de una manera ejemplar, parece que a partir de este domingo se alivian en cierto modo las medidas de confinamiento para la población infantil. Sin embargo, esto no significa la vuelta a la normalidad, y debemos tenerlo en cuenta al trasladárselo a los más pequeños.
Y es que, han sido muchas las voces que se han pronunciado a favor de que los más pequeños salgan a la calle, siendo además apoyadas por numerosos expertos en salud infantil, que han expuesto la importancia del juego al aire libre para el desarrollo físico y psicológico de los más pequeños.
Si bien es cierto que muchos padres y madres, han comprobado la gran capacidad de resiliencia de los niños a lo largo de las primeras semanas, en los últimos días, desde Centro TAP, hemos observado un aumento de la demanda de ayuda por parte de las familias, que nos comentan como sus hijos: tienen cambios de humor (no habituales en ellos), estallidos de ira más frecuentes, están más apáticos, lloran con más facilidad o se muestran más contestones y retadores… Es evidente que la situación que estamos viviendo nos ha trastocado tanto a grandes como a pequeños y como es lógico tendrá una huella emocional en nosotros, con mayor o menor repercusión en función de las herramientas que tengamos para afrontarla.
El ajuste de expectativas es importante para enfrentarse a cualquier situación nueva, y en este sentido las familias han demostrado saber hacer muy bien los deberes en cuanto a la responsabilidad de quedarse en casa. Tanto es así, que los niños y niñas han aceptado la idea de quedarse en confinarse para cuidarse y cuidar a los demás. Ahora, en este nuevo escenario, debemos ayudar a nuestros hijos a retomar la calle como parte de nuestra rutina, pero manteniendo los mismos valores de cuidado y responsabilidad.
Aunque es una situación que nos produce alivio, en muchos casos los padres podemos transmitir cierto temor ante ella, ya que tenemos la necesidad de que se haga bajo criterios y parámetros de seguridad. Además, debemos tomarla con cautela ya que puede provocar desilusión en los pequeños, que en algunos casos pueden pensar que saldrán a la calle a ver a sus amiguitos y a jugar en el parque, y en otros casos pueden aparecer miedos a salir al exterior, incluso a encontrarse con otras personas.
Es importante ayudar a nuestros hijos a ajustar expectativas en cómo y qué cosas esperamos hacer cuando salgamos a la calle. En muchos casos los padres podemos evitar males mayores, anticipándonos a las situaciones.
Para ello tenemos algunas propuestas que pueden ser de utilidad:
- Dedicar unos minutos a hacer con nuestros hijos una lista donde podemos poner “cosas que me gustaría hacer cuando salga a la calle”.
- Partir de su idea previa, nos ayuda a establecer un buen ajuste. Puede darse el caso de que muestren miedo a salir a la calle, si es así, podemos hablar con ellos de lo importante que es el miedo para nuestra supervivencia y normalizar lo que está sintiendo. Sin embargo, cuando sentir miedo nos hace dejar de hacer cosas que nos agradan como salir a jugar, correr, etc, debemos poner en marcha estrategias que contrarresten el miedo, ofreciendo al niño una visión positiva del mundo y buscando una solución para sentir menos miedo o hacer que desaparezca.
- También es importante que los niños y niñas sepan lo que NO pueden hacer, (esto normalmente se lo repetimos mucho) Pero más importante aún es que sepan lo que SÍ pueden hacer. Saber lo que los demás esperan de mí, es la mejor manera de demostrar mi auto valía. Tenemos que tener en cuenta que los niños quieren agradar a los padres, aunque a veces nos parezca lo contrario, tengamos presente que actúan como se espera de ellos. Así que transmitámosles positividad.
Para trabajar con ellos el ajuste de expectativas, y que sepan lo que sí y lo que no, pueden hacer cuando salgan a la calle, os proponemos una actividad muy sencilla:
Una vez que hayamos puesto sobre la mesa qué cosas esperamos hacer cuando salgamos, hacemos dos columnas, en una pondré lo que NO puedo hacer y en la otra lo que SÍ. En función de la edad del niño puedo utilizar imágenes o palabras y hacerlo a modo de juego. Así, compartiremos nuestros miedos y lo más importante nuestras ganas de volver a retomar la calle como espacio seguro y de disfrute, pero siempre desde una perspectiva ajustada a la realidad en la que vivimos.