El post de hoy va dirigido a todo el personal sanitario y personas que conocen o han convivido con estos profesionales de la durante estos meses de pandemia, describiremos impacto, síntomas, recomendaciones…
Cuántas veces hemos escuchado durante estos meses alabar el esfuerzo, trabajo y dedicación de los médicos, enfermeros, celadores, psicólogos y todos los profesionales dedicados al ámbito sanitario en esta situación tan atípica a la que nos hemos visto expuestos. Han sido numerosas las muestras de cariño, respeto y recuerdo a todas aquellas personas que han priorizado el cuidado y atención a los pacientes ingresados y contagiados, incluso antes que a su propia familia o a ellos mismos.
¿Pero somos conscientes realmente de la repercusión emocional que ha podido tener para estos sanitarios verse expuestos a tal situación de estrés y alta carga de trabajo?
Seguro que conocéis a alguien de primera mano, o incluso a vosotros mismos, que ha sufrido o que sigue padeciendo esta repercusión o dificultad en la gestión emocional, seguridad o miedo. Hasta un punto que les/os ha podido afectar en las áreas emocionales, familiares, sociales, afectivas, personales, y todo por intentar dar lo mejor de ellos mismos en el ámbito laboral, cuidando de aquellos pacientes que más lo necesitaban.
Pensad que hemos estado expuestos ante una patología y sintomatología nueva y desconocida, no solo en el ámbito sanitario, sino también en nuestra vida cotidiana, que nos ha obligado a la adaptación de las actividades más comunes que estaban incorporadas en nuestro día a día.
El problema se da cuando nos posicionamos en el rol del cuidado del paciente y nos olvidamos de generar conductas de autocuidado o de identificar cómo nos sentimos y qué necesitamos, ya que acabamos normalizando esta situación de estrés y carga laboral, sin llegar a cuestionarnos si tenemos alguna dificultad o necesidad no cubierta.
Pero para poder identificar estas dificultades psicoafectivas, es importante que identifiquemos previamente los síntomas que se han podido ir generando, haciendo consciente su evolución, y sabiendo si hemos aprendido a gestionarlos, o por el contrario siguen con nosotros ocasionándonos dificultades para sobrellevar nuestra rutina diaria.
Los síntomas más comunes que los sanitarios han podido padecer son:
- La irritabilidad o rabia por luchar contra la amenaza y defender nuestra seguridad y la de los pacientes, y también ante cualquier conflicto con la familia o personas más cercanas, ya que hemos podido estar expuestos a mucha presión y exigencia en un ámbito dónde no nos podemos permitir fallar o sentirnos abatidos. Es normal también que entre compañeros, al estar viviendo todos la misma situación y tener las mismas sensaciones desgradables, se acaben generando tensiones.
- Estrés, sobre todo a nivel mental y emocional (canalizado a veces mediante momento de rabia o llanto al salir de trabajar), no solo por la alta carga de trabajo y la situación de estrés tan repentina, sino también por «el horror» al que habéis estado expuestos. Muchas veces os habéis visto obligados a salir de vuestro servicio sanitario para dar soporte a un ámbito clínico bastante desconocido en la práctica profesional para vosotros, en el que os ha tocado adaptaros a la situación y al cambio de forma inminente, estando expuesto al máximo a la COVID-19 y a unas máquinas, recursos o medicamentos que hacía tiempo no manejabais.
- Miedo no solo a ser contagiado, sino a que se escape el mínimo conocimiento de la pandemia y no poder detectar cómo será la evolución de cada paciente para una mejor intervención, ya que no hay experiencias previas que avalen cuál será el mejor modo de actuación.
- Preocupación por el contagio de vuestro entorno y de vosotros mismos así como por el estado de salud de los pacientes.
- Cansancio físico y alteraciones de sueño no solo por los turnos de trabajo, sino también por no poder/saber desconectar del estrés vivido en el trabajo y llevarlo a casa, dificultando así los ritmos de sueño. Si duda, estar todo el día pensando en una situación dolorosa, traumática o negativa, no dificulta desconectar de dicha situación, generando incluso frustración e impotencia ante esta.
- Alta responsabilidad y autoexigencia para adaptarse a las circunstancias y a esta situación desconocida, os podéis haber visto obligados a poneros al día estudiando, para no tener la sensación de no dar lo mejor de vosotros mismos, y así poder estar lo más actualizados posibles.
- Incertidumbre e inseguridad por manejar una patología para lo que no estáis especializados, en un ámbito en el que los protocolos cambian semana a semana en función de los nuevos avances o aprendizajes.
- Ansiedad o tristeza por el desgaste físico y mental y los resultados no esperados o deseados de vuestros pacientes o de vuestras capacidades/habilidades. Y por la posible sensación de frialdad en la atención del paciente por no poder tener un acceso y contacto directo con ellos.
- Culpa por la responsabilidad que tenéis en vuestros manos y con respecto a las decisiones tomadas. Hay que aceptar que los recursos sanitarios son limitados y agotables y en estas circunstancias pueden llevarnos a tener que priorizar ante un paciente u otro, entendiendo que hacéis lo que podéis en la situación en la que nos encontramos. Este tipo de restricciones pueden llevar a tener un sentimiento de injusticia global.
- Labilidad emocional y vulnerabilidad que se intenta en muchos casos no exteriorizar en el ámbito laboral, pero es inevitable que acarree una repercusión negativa en la gestión emocional, ya sea al llegar a casa o ante situaciones críticas posteriores.
Seguro que os habéis visto identificados con varios de estos síntomas asociados a las circunstancias vividas por la COVID-19. Pero, ahora que estamos entrando en una situación de “nueva normalidad» ¿Seguimos arrastrando el malestar o estas dificultades emocionales?, ¿Cuáles podrían ser las recomendaciones y pautas para gestionar estos procesos o dificultades psicoafectivas?
En el ámbito laboral sería recomendable estas pautas de afrontamiento:
- Compartir con los compañeros el malestar y cómo os sentís.
- Apoyarse en el supervisor de área si es necesario.
- Hacer pequeños descansos.
- Tener tiempo para comer adecuadamente.
- Ser conscientes de las emociones y proceso emocional por el que se está pasando.
Fuera del ámbito laboral:
- Intentar no llevarse trabajo a casa o no estar pendiente del mail o móvil del trabajo.
- Tener contacto con la familia y seres queridos para desahogarse al llegar a casa (llorando, verbalizando emociones o identificando necesidades), para aliviarse y consolarse y no sentirse solos o vulnerables.
- Hacer actividades placenteras para distraerse.
- Realizar actividad física con continuidad.
- Hacer ejercicios de relajación, respiración profunda o Mindfulness.
- Entender y aceptar todo por lo que hemos pasado, viviendo en el momento presente, intentando volver a la normalidad de la forma más positiva y segura posible.
Para terminar, no deberíamos pasar por alto el poder identificar cómo estoy actuando en esta situación y cómo quiero llegar ser y comportarme para gestionarla de la forma más eficaz posible:
- Si estamos en la zona de miedo, seguiremos teniendo emociones relacionadas con el miedo y la ira, me quejaré a menudo o me irritaré fácilmente.
- Si hemos pasado a la zona de aprendizaje empezaré a identificar las emociones, comenzaré a soltar lo que no puedo controlar y tomaré conciencia de la situación y pensaré cómo puedo actuar.
- Si nos desarrollamos en la zona de crecimiento buscaré la manera de adaptarme a nuevos cambios, intentaré mantener un estado emocional alegre, ser empático conmigo mismo y con los demás, practicaré el sosiego y la paciencia, y viviré el presente.
No os olvidéis que para poder sostener la carga emocional tan fuerte a la que os habéis sometido, es normal que se establezca una barrera emocional ante lo que estaba pasando como mecanismo de protección. Aún así, estas emociones desagradables pueden darse de manera diferida tiempo después, cuándo el estrés disminuya. Por ello, no dudéis en acudir a un profesional del ámbito de la psicología si fuera necesario para que pueda acompañaros en la gestión emocional, con el fin de “ser cuidado para poder cuidar”