“Mi hija lleva unos días comentándome que está tendiendo problemas en el patio del colegio, que una compañera le da patadas y cuando lo comenta a las cuidadoras del patio no le hacen caso y le dicen que es culpa suya. Me comenta que se está quedando sola en el patio, y que los compañeros la llaman “gorda” y no quieren jugar con ella. Intento darle una importancia relativa y ofrecer herramientas a mi hija para que gestione la situación, pero veo que la cosa sigue y que va a más. Ayer la noté muy triste y ya me estoy preocupando. ¿Qué puedo hacer?”
- Aunque en la actualidad estamos cada vez más concienciados sobre el acoso escolar, esto no impide que, situaciones como la narrada, se vivan con relativa frecuencia en muchas familias.
Ante este escenario los padres y madres podemos enfrentar la situación de muchas maneras diferentes, algunos desde la incredulidad o miedo, otros desde el sentimiento de injusticia y enfado. En otras ocasiones aparece la culpa por no saber ayudar a nuestros hijos e hijas. En cualquier caso, es importante que las familias dispongamos de recursos y estrategias que nos permitan manejar adecuadamente esas situaciones.
Detectar una situación de bullying puede resultar complicado, ya que no es habitual que los niños y niñas víctimas acudan a la familia en busca de apoyo. Por tanto, el fantasma de acoso y el miedo de las familias a que pueda estar sucediendo y no nos demos cuenta es una constante y el mínimo detalle puede hacer que salten las alarmas.
Muchos padres nos trasladan que se sienten tremendamente culpables por no haberse dado cuenta antes de lo que estaba ocurriendo. En este sentido, es importante que no nos autojuzguemos en exceso, es comprensible experimentar sentimientos encontrados y entender que estamos viviendo una situación difícil y para la que quizá nos vemos con pocas herramientas. Pero una cosa es cierta, no existen los padres perfectos, ni tampoco los hijos perfectos…
Es importante que las familias y educadores reconozcan los indicadores y comportamientos que pueden hacernos sospechar de la existencia de una situación de acoso.
- Es importante diferenciar lo que es bullying y lo que no. Para ello es necesario que se cumplan algunos criterios; por un lado que sea una situación que es reiterativa o que se mantiene en el tiempo y por otro que exista un desequilibrio de poder en la relación, la percepción de vulnerabilidad y debilidad es percibida tanto por el que acosa como por el que es acosado.
El primer paso a seguir cuando detectamos que puede estar sucediendo un caso de maltrato, ya sea físico, verbal o psicológico es ponerlo en conocimiento del centro educativo. Para que se pongan en marcha los mecanismos necesarios de abordaje y prevención y se puedan observar las relaciones que se establecen en contextos más susceptibles como en los tiempos de recreo.
El abordaje de la situación en el entorno familiar no suele resultar fácil. Muchas veces, si preguntamos directamente a nuestro hijo o hija, puede que no nos cuente todo lo que está sucediendo, quizá por miedo, otras por vergüenza, o por incomodidad, incluso puede que se invente parte de la situación o la adorne. Algunas técnicas de role playing o el juego con muñecos o marionetas pueden ayudarnos a reconstruir las situaciones que vive el niño en la escuela. Siempre a través del juego podemos recoger más información que si directamente le pedimos que nos cuente que ha pasado.
Sea como fuere, se esté produciendo una situación de acoso o no, es importante que abordemos con nuestros hijos algunos conceptos que servirán como herramienta de prevención;
- Trabajar el concepto de amistad. Ya que muchas veces malinterpretan lo que son compañeros de clase y amigos. Aquí es importante que les demos claves para identificar como diferenciar a un amigo de un compañero.
- Fomentar clima de diálogo en casa, no juzgar y criticar aquello que nos cuenten, practicar la escucha activa.
- Establecer límites desde el cariño, pero mostrándose firme con las consecuencias, que han de ser siempre ajustadas. Los límites nos ayudan a crecer y a encontrar modelos de conducta adecuados.
- En la medida de lo posible las normas han de ser consensuadas y ajustadas a su nivel madurativo, el objetivo es que entienda las normas como parte de una adecuada convivencia, no que las cumpla por obediencia o complacencia.
- Dedicar tiempo todos los días a saber cómo está y contar qué tal ha ido él día. Es importante aquí que los padres también les contemos qué tal estamos y como ha sido nuestra jornada.
- Fomentar la responsabilidad y autonomía, que vayan adquiriendo responsabilidades en función de su nivel madurativo.
- Enseñarles un modelo de comunicación no violento o asertivo. Para ello recuerda que los padres somos modelo queramos o no. Aprender a expresarse y a decir lo que sentimos de manera adecuada generará en nosotros el sentimiento de seguridad que trasladaremos a nuestras relaciones sociales.