Son muchas las personas que hoy en día (y con el encarecimiento actual de la gasolina, la electricidad, los productos de primera necesidad, más si cabe…) se preguntan cómo van a llegar a final de mes, si podrán estar unos días de vacaciones este verano, si podrán pagar la reparación del coche, o si por fin podrán ahorrar… Muchos jóvenes incluso no pueden acceder a la ansiada independencia porque el coste de la vida y sus salarios no están equilibrados.
- Si nos preguntamos si esta situación de presión o carencia económica afecta a la salud mental de los individuos la respuesta es rotunda: provoca lo que se conoce como ESTRÉS FINANCIERO. Dificultades para conciliar o mantener el sueño, sudoración, taquicardias, sensación a ahogo, presión en el pecho, problemas digestivos, tensión muscular o sensación de agotamiento son algunos de los síntomas con los que la persona convive.
- Y si nos preguntamos cómo se vería afectada emocionalmente una persona en esta situación, podemos hablar de desmotivación, bajos niveles de concentración, sensación de angustia, apatía, desánimo, o rumiación constante, que pueden manifestarse en su área laboral y en su faceta personal. Si nos centramos en el ámbito profesional, esto puede derivar en absentismo laboral e incluso bajas médicas. Entender esto es importante ya que no siempre el estrés financiero se debe a una inadecuada gestión económica del trabajador, sino que en algunos casos puede deberse a que los salarios pueden ser bajos (con costes de la vida demasiado elevados, especialmente en algunas ciudades) incluso en casos de personal altamente cualificado.
Además no sólo es una situación que afecta a los jóvenes (aunque sin duda son una parte de la población altamente afectada por esta situación), sino que en algunos casos nos encontramos con familias en esta situación crítica porque uno o varios de sus miembros se encuentran en situación de desempleo, algunas personas que ayudan económicamente a otros miembros de la familia, o quienes se encuentran “ahogados” por hipotecas o préstamos.
En cualquiera de estos casos lo que observamos es que esta afectación a nivel emocional de enorme preocupación, tristeza o desánimo puede influir incluso en la autoestima.
Si queremos tener una salud mental en buenas condiciones, es importante prever qué gastos podemos hacer frente, de manera que podamos tener unas condiciones vitales que nos satisfagan sin tener que “sufrir” porque tengamos dificultades para hacer frente a esos gastos. Aquí os dejamos unos tips para lograrlo:
- Es fundamental en primer lugar que la persona identifique que se encuentra en una situación de estrés financiero. Después, que valore la situación y cuál es el motivo de su estrés financiero (si es por bajo nivel de ingresos, por exceso de gastos, por estar haciendo frente a gastos inesperados, por estar soportando el peso económico de otra persona, etc.). En tercer lugar, sería necesario analizar los recursos con los que cuenta el individuo y cuál es el nivel de costes. Y por último, identificar los gastos prescindibles y los que no, para a partir de analizar los posibles ajustes que conduzcan a un mayor equilibrio y bienestar económico y emocional.
- Es fácil ilusionarse adquiriendo ciertos productos como ropa, tecnología, un coche, una vivienda o unas vacaciones… pero no podemos obviar que tenerlos quizás supondría prescindir de ciertas actividades que realiza el individuo en su día a día y sin las cuales, podría ver mermada su calidad de vida. Tomar conciencia de esto, y ajustar expectativas y presupuesto será mejor que tener que lidiar después con una situación de estrés financiero que conlleve problemas no solo emocionales, sino laborales, familiares o de pareja.
- Estaremos de acuerdo en afirmar que podemos encontrarnos con algunos momentos en los que pueden sobrevenir gastos extraordinarios, como las navidades o las vacaciones de verano. Contar con un presupuesto extra pero ajustado será necesario para planificar qué podemos hacer y qué no, y que no nos suponga tener que prescindir en meses posteriores de lo necesario para un adecuado disfrute y tranquilidad del día a día.
- Tratar de ahorrar todos los meses algo de dinero para poder hacer frente a gastos extraordinarios, como los que acabamos de mencionar o los que pueden aparecer de manera inesperada, será un “colchón” que sin duda nos dará una mayor sensación de tranquilidad y control.
- Si la persona detecta que incurre en gastos innecesarios, es interesante tratar de analizar qué función cumplen en su vida, ya que en muchos casos lo que ocurre es que buscamos en ello una satisfacción a corto plazo o estamos cubriendo carencias emocionales, que podríamos tratar de alcanzar por vías funcionales.
- En algunas ocasiones quien sufre de estrés financiero, por vergüenza o por no preocupar, no comunica su situación al entorno, de manera que tenemos que añadirle al malestar antes descrito que el individuo sufre por no estar siendo sincero o por no poderse desahogar hablando de la situación en la que se encuentra. De manera que debemos valorar que ocultar el problema añade más estrés y culpa.
En conclusión, podemos decir que además de estos aspectos que hemos hablado, será imprescindible ajustar nuestro nivel de vida a nuestros ingresos y no al revés, puesto que con gran facilidad querer estar en ese sueño de vida deseada se convertirá en una pesadilla.