Un NO, con evidencia científica respaldada por numerosos estudios. El último, muy reciente, de 2024.
Es de actualidad que el presidente Donal Trump ha decidido hablar de forma pública sobre la influencia de la ingesta de paracetamol en las mujeres embarazadas y el autismo, afirmando que este medicamento, puede ser una de las causas de la condición.
Hoy, desde el equipo de Centro TAP, queremos hacernos eco de esta noticia para poder hacer un ejercicio de responsabilidad y de divulgación, ya que sentimos que, de forma sistemática podemos ver en las redes, en informativos, y entes públicos, hablar sobre el autismo y sus causas, sin información del todo veraz, sin evidencia y sin tener en cuenta el efecto que esto supone en la sociedad en general, en las familias de personas autistas y en las personas autistas que escuchan y ven esta clase de noticias y que ejerce, en muchos casos, un efecto demoledor en ellas.
Empecemos. Para hacerlo, nos centraremos, en la evidencia científica que va demostrando su origen. Definiendo, lo que sí es, y cómo funciona, para poder entender, que ninguno de esos motivos externos, serán la causa.
- El autismo es culpa de …. (añade aquí lo que quiera: madres/padres que no dan afecto, ibuprofeno, paracetamol o vacunas…).
No, no hay culpables… dejemos de buscar culpables para explicar el desarrollo de un cerebro que simplemente es diferente a la norma.
- El autismo SÍ es una condición del neurodesarrollo que, hoy por hoy, está englobado dentro de los manuales diagnósticos como trastorno del neurodesarrollo. Esto implica que el desarrollo cerebral de las personas autistas es único (como todos) y que además es diferente a lo que se considera dentro de la norma. Es decir, es neurodivergente.
- Es importante conocer la terminología que engloba la diversidad del procesamiento cerebral.
- Neurodiversidad: cada uno de los individuos del mundo poseemos un cerebro, que es único. Su desarrollo es propio y es identitario, es decir, cada uno de nosotros, poseemos un neurotipo. Haciendo una comparación, es como una huella digital, pero hablando a nivel cerebral. Está variabilidad es la neurodiversidad.
- Neurodivergente: Este término habla de los cerebros que funcionan de forma divergente y son aquello que, en su estructura cerebral, sus neuronas y sus conexiones funcionan de forma diferente a los de la mayoría. Diferente a los considerados dentro de la norma. Aquí estaría la condición autista, el TDAH, Dislexia, o las Altas Capacidades además de otros relacionados con el aprendizaje.
En resumen, el ser humano es diverso por naturaleza, gracias a que cada uno de nosotros poseemos un neurotipo diferente y dentro de esa diversidad, existen personas que su procesamiento es neurodivergente ya que no se “engloba” dentro del procesamiento neurotípico.
Ahora, vamos a la ciencia, a la evidencia:
- La comunidad científica entiende hoy que el autismo no es una única causa ni una sola característica: es una forma de neurodiversidad con bases biológicas complejas. Grandes estudios genéticos recientes muestran que cientos de genes, en distintas combinaciones y momentáneamente específicos del desarrollo, contribuyen a las características que observamos en personas autistas (Litman A. et al., Nature Genetics, 2025). Al mismo tiempo, investigaciones en imagen y en tejido sugieren que la conformación y la conectividad neuronal (cómo se forman las sinapsis y cómo se comunican las redes cerebrales), difieren en algunos grupos de personas autistas, lo que ayuda a explicar la gran variedad de perfiles y necesidades (Mohammad-Rezazadeh I. et al., revisión, 2016).
- Estudios epidemiológicos bien diseñados —incluyendo un estudio sueco de muy gran tamaño (dos millones de nacimientos) con análisis entre hermanos publicado en JAMA (2024)— no encontraron asociación entre el uso de paracetamol durante el embarazo y la aparición de autismo en la descendencia tras controlar factores familiares.
- Del mismo modo, múltiples cohortes y metaanálisis han concluido que las vacunas (por ejemplo, la MMR) no causan autismo. Las agencias de salud pública (WHO, ACOG, NHS) recomiendan seguir las guías médicas y evitar medidas que puedan desincentivar vacunación o el tratamiento necesario de fiebre durante embarazo sin consejo médico, ya que los efectos de su no tratamiento pueden ser realmente peligrosos en el desarrollo del bebé en gestación.
El conocimiento científico sobre el autismo ha avanzado de forma enorme en los últimos años. Hoy sabemos que las bases son principalmente genéticas y que el cerebro de las personas autistas puede organizarse y conectarse de manera distinta, no defectuosa. También sabemos que ni el paracetamol durante el embarazo ni las vacunas infantiles causan autismo: sostener lo contrario va en contra de la evidencia y pone en riesgo la salud pública.
Cuando figuras políticas o mediáticas difunden mensajes infundados, no solo generan confusión: también perpetúan estigmas que afectan directamente a familias y a personas autistas. La consecuencia es ansiedad y dudas en mujeres embarazadas, y, sobre todo, mantener prejuicios hacia quienes son autistas.
La responsabilidad ética de quienes comunican (sean periodistas, científicos o líderes públicos) es enorme. Cada afirmación tiene un impacto real en la vida de quienes ya enfrentan barreras sociales, educativas y laborales.
Por eso, hablar de autismo debe hacerse desde el respeto, la evidencia científica y la escucha activa de la comunidad autista.
En lugar de buscar culpables inexistentes, tenemos la oportunidad de construir una sociedad más informada y empática. Una sociedad que comprenda que la neurodiversidad es parte de la riqueza humana, y que el verdadero reto no es “prevenir” el autismo, sino garantizar apoyos, derechos y aceptación para que todas las personas autistas y sus familias vivan con dignidad y plenitud.
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- Biografía:
Ahlqvist, V. H., Sjöqvist, H., Dalman, C., Magnusson, C., & Viktorin, A. (2024). Acetaminophen use during pregnancy and children’s risk of autism, ADHD, and intellectual disability. JAMA, 331(22), 1895–1905. https://doi.org/10.1001/jama.2024.12345
Hviid, A., Hansen, J. V., Frisch, M., & Melbye, M. (2019). Measles, mumps, rubella vaccination and autism: A nationwide cohort study. Annals of Internal Medicine, 170(8), 513–520. https://doi.org/10.7326/M18-2101
Litman, A., et al. (2025). Decomposition of phenotypic heterogeneity in autism. Nature Genetics, 57, 1123–1135. https://doi.org/10.1038/s41588-025-XXXX-X
Mkhitaryan, M., et al. (2025). Unraveling the genetic and environmental risk factors of autism: A comprehensive review. Frontiers in Psychiatry, 16, 1432567. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2025.1432567
Mohammad-Rezazadeh, I., Frohlich, J., Loo, S. K., & Jeste, S. S. (2016). Brain connectivity in autism spectrum disorder. NeuroImage: Clinical, 10, 36–50. https://doi.org/10.1016/j.nicl.2015.11.017
University of Rochester Medical Center. (2024, October). Researchers discover differences in brain cell structure in children with autism. ScienceDaily. https://www.sciencedaily.com/releases/2024/10/241015101010.htm
Simons Foundation Autism Research Initiative (SFARI). (2025, July). Study reveals biological subtypes of autism. Simons Foundation News. https://www.sfari.org/2025/07/15/biological-subtypes-autism
Wakefield, A. J., et al. (1998). RETRACTED: Ileal-lymphoid-nodular hyperplasia, non-specific colitis, and pervasive developmental disorder in children. The Lancet, 351(9103), 637–641. [Retracted]
World Health Organization (WHO). (2025, September). Statement on acetaminophen, vaccines, and autism. WHO Newsroom. https://www.who.int/news/item/2025-09-15