Emigrar es el proceso por el cual la persona deja o abandona su lugar de origen o de residencia habitual con el ánimo de establecerse en un nuevo territorio. La tercera acepción que ofrece la Real Academia Española sobre este proceso implica la búsqueda de mejores condiciones de vida al cambiar de territorio. A la hora de entender los efectos psicológicos que implican los procesos migratorios, es importante tener en cuenta este último aspecto.
A lo largo de los siglos, la emigración ha sido un fenómeno presente en todos los pueblos y sociedades y gracias a ella, la humanidad ha avanzado explorando y descubriendo nuevos territorios, culturas y modos de vida. En el momento de crisis económica actual, la emigración se ha convertido en una solución casi obligada para miles de personas que han cambiado de ciudad, país o continente con el fin de encontrar una mejora en sus condiciones de vida. Este proceso implica una serie de cambios personales, sociales, idiomáticos y culturales que conllevan, en la mayoría de los casos, un proceso de adaptación más o menos complicado en función de las condiciones en las que cada persona emigra. Se trata de una decisión muy importante en la vida de una persona ya que en todos los casos supone el abandono del lugar en el que la persona ha crecido, se ha desarrollado y en el que ha aprendido el sistema de valores, creencias y costumbres y que configuran su identidad como persona y como miembro de una sociedad. Por eso, la adaptación al nuevo destino implica una ruptura con todo lo anterior que provoca, en todos los casos, un proceso de estrés que se añade al de duelo por todo lo que la persona ha dejado atrás.
Cuando las condiciones en las que se encuentra el emigrante no son las adecuadas y la persona no logra encontrar los recursos personales y psicológicos con los que adaptarse a su nuevo lugar de residencia, el cuadro de estrés crónico que se desarrolla ha recibido, por parte de la literatura científica, el nombre de “Síndrome de Ulises”. Éste consiste en el estrés generado por los siguientes factores: la separación forzada de los seres queridos que supone una ruptura del instinto del apego, el sentimiento de desesperanza por el fracaso del proyecto migratorio y la ausencia de oportunidades, la lucha por la supervivencia (dónde alimentarse, dónde encontrar un techo para dormir), y en cuarto lugar el miedo, el terror que viven en los viajes migratorios (pateras, ir escondidos en camiones…), las amenazas de las mafias o de la detención y expulsión, la indefensión por carecer de los mismos derechos, etc.
Desde el punto de vista terapéutico, resulta fundamental proporcionar apoyo psicológico tanto en el momento de la llegada como en los meses siguientes a las personas inmigrantes con el fin de atenuar el estrés generado por los cambios a los que ha de enfrentarse la persona, así como de dotarle de las estrategias y los recursos personales con los que afrontar las posibles dificultades que puedan surgirle a lo largo del proceso de adaptación al nuevo destino.
Si este es tu caso o el de alguna persona conocida, no dudes en contactar con nosotros, desde Centro TAP !podemos ayudarte!
Ana Pérez Miguel