MIEDO: se puede definir como la alteración emocional que sufre una persona ante situaciones de peligro, bien sean éstas de reales o imaginarias. Centro TAP

MIEDO, es un sentimiento del que hemos oído hablar y/o hemos podido sentir en los últimos días tras los atentados de Cataluña. Este tipo de acontecimientos nos conectan con un miedo primario, nos sensibilizamos, nos vemos amenazados. El miedo sigue siendo una herramienta que mueve voluntades, tanto cuando el miedo se genera dentro de uno, como cuando otros tratan de inducirlo…
En Centro TAP desde este post queremos aportar claves para gestionar ese miedo que seguro que todos hemos sentido en muchos momentos, o quizás para entender lo que otros sufren. Es comprensible que en estos días tengamos ciertas actitudes de miedo relacionadas con lo ocurrido, y que incluso tratemos de vivir en una normalidad un tanto “anormal”. Esto no es preocupante, somos humanos y este tipo de acontecimientos tienen un fuerte impacto emocional que luego tenderá a regularse en la mayoría de los casos.
El miedo, originariamente, es una emoción adaptativa que existe porque es útil para la supervivencia, nos ayuda a defendernos de los peligros externos, nos ayuda a anticiparnos, a superarnos y a crecer. Ahora bien, cuando el miedo se convierte en una emoción que inunda a la persona, que no responde a un peligro real, que se convierte en irracional y excesiva, tan intensa y duradera que bloquea nuestras capacidades y nuestros objetivos, será necesario aprender a gestionarla.
El miedo puede conllevar graves consecuencias para el ser humano:
- Debilita la autoestima y el concepto de uno mismo
- Condiciona los objetivos de vida y la relación con otras personas (desconfianza)
- Puede generar violencia
- Bloquea la capacidad para progresar como individuos
- Genera indefensión, vergüenza, culpa, tensión, angustia, e incluso timidez
- Dificulta la creatividad
- Afecta a nuestra salud física (a nivel de sistema inmunológico)

Por supuesto que no se puede poner en duda que hay situaciones que golpean, que generan sensación de vulnerabilidad, que nos hacen dudar de nuestras capacidades para hacerlas frente…. Como es el caso de un atentado terrorista, aquí es donde el miedo aparece de manera más impactante, pero este elemento no debe convertirse en el protagonista de la historia, no debería ser él quien nos haga huir, renunciar y nos aleje de nuestros objetivos de vida.
Cómo nos enfrentemos también a estas situaciones dependerá del aprendizaje experiencial del miedo. Ante un acontecimiento terrorista, podemos ver diferencias significativas en cuanto a la recuperación del estrés post-traumático en función de la lectura que la persona hace sobre lo ocurrido. Muchos supervivientes pueden quedarse con la interpretación desde el miedo: en cualquier momento puede pasar algo terrible, no estamos a salvo, el mundo es malo… Otros, pueden verlo como una oportunidad, como volver a nacer y tratar de llevar a cabo ciertas cosas que poco tiempo antes estaban aparcadas por temor o pereza… Existen pensamientos limitantes que contribuyen a que este miedo nos acompañe a lo largo de nuestra vida.
Podemos aprender a gestionar el miedo a través del análisis de nuestro discurso interno, valorar de manera racional qué probabilidad existe de sufrir algo indeseado y/o cuáles serían las consecuencias posibles y “reales”. Qué perdemos y que ganamos si nos enfrentamos a lo temido. Y, sobre todo, decidir qué queremos que nos movilice en la vida.
Estamos seguras que al día siguiente de los atentados, muchas personas que se acercaron a las zonas afectadas tuvieron miedo, como ocurriría en Bruselas, París, Londres o Berlín. Pero decidieron sobreponerse a lo ocurrido y enfrentarse a la situación no dejándose vencer por él. Muchas personas apostaron por superarse a sí mismas, desde la libertad y la unidad, entonando el cántico de “no tenemos miedo”.
A nuestros pacientes les explicamos que el miedo se ve más grande cuanto más te alejas de él. Y en realidad es como el humo, algo que se hace pequeño y mucho más manejable a medida que te acercas a él… que una vez que lo haces frente, te libera.

No hay más fórmula para el miedo que echarlo a la espalda, cada uno con los tiempos que necesite, confiar en uno mismo, confiar en que las cosas realmente malas, esas que cuesta superar, son pocas… pensar que no estás solo, que puede haber personas en quienes apoyarte, como los psicólogos, que te ayuden a enfrentarlo… pensar que a medida que te enfrentes, menos miedo sentirás y tu sensación de eficacia será mayor.
A todos los que de una manera u otra han sido golpeados de cerca por los acontecimientos, estamos con vosotros, unidos, y os animamos a conseguir que este miedo no se apodere de vuestras vidas.