Sin ninguna duda, los patrones relacionales a los que estábamos acostumbrados han cambiado. Ahora el «telecariño» se ha convertido en una realidad cotidiana, sentir con extrañeza el no poder acercarse a menos de dos metros de distancia de los demás, conocidos o desconocidos, el tener dificultades para reconocer a quien tenemos en frente porque lleva mascarilla, o el estar con alguien a quien en otro momento saludaríamos con un beso o un abrazo y no poder hacerlo, es una excepcionalidad de los tiempos actuales como consecuencia de la crisis del COVID 19.
¡Pero las relaciones por internet u online no son tan excepcionales! Son muchas las personas que inician y mantienen una relación a través de este medio, tanto a nivel de pareja como de amistad; la diferencia fundamental es que cuando ambas partes lo acuerdan y deciden tienen la posibilidad de verse frente a frente y tocarse. Así que, la pregunta que podemos hacernos es: si no es tan extraño relacionarse a través de internet, ¿qué hace diferente e incómoda esta situación actual? Pues la respuesta es la obligatoriedad de tener que relacionarnos mediante esta vía exclusivamente.
Son muchas las familias que echan de menos poder abrazar a sus seres queridos, bebés que nacen sin que la familia extensa pueda tocarles, niños que han tenido que pasar de estar a diario con sus abuelos a no poderlos tener cerca desde hace semanas, o ver a sus profes por videollamada, no poder estar con los amigos en los sitios donde nos juntábamos para disfrutar de tiempo de ocio, parejas que sienten frustración y tristeza por no poder estar juntos, tener contacto de piel… Especial mención merecen aquí también las personas que viven solas y teletrabajan o están en un ERTE a quienes bajar a la compra les supone un momento especial de la semana, así como los enfermos que desde el hospital pueden ver a sus familias diciéndoles lo mucho que les quieren y cuánto les echan de menos a través de un teléfono o una Tablet que un sanitario les pone a su servicio para que sea una ventana a su entorno… Ellos hacen un especial esfuerzo por regularse y manejar la soledad.
Sin duda estamos poniendo en valor lo que significan los besos y los abrazos cuando el “telecariño” no es la alternativa que se escoge, sino en muchos casos la única alternativa para tener contacto afectivo.
Al margen de estas pérdidas emocionales que sentimos en mayor o menor medida, o el malestar que puede suponer el no encontrar en esta vía online las mismas sensaciones positivas que pueden sentirse al estar en contacto presencial, se añade lo que estamos viendo desde hace unos días en los medios de comunicación: cuando podamos salir del confinamiento, tendremos que mantener la distancia social. Según apuntan las autoridades, no podremos salir de casa y fundirnos en abrazos y besos, sino que previsiblemente la vuelta a la normalidad se hará de manera paulatina y controlada, puesto que sigue existiendo el riesgo al contagio.
No podemos tampoco obviar que para ciertas personas, las recomendaciones actuales de prevención o seguridad ante el contacto físico dejarán huella, y por tanto, pueden tener recelo a la hora de mantener contacto físico. Son las secuelas emocionales de una situación que para muchos está siendo difícil de afrontar desde la calma y la confianza ante el contacto con otros. Así que a la hora de salir del confinamiento, las emociones serán muy variadas…. del querer y no poder para todos a, en según qué casos, querer y poder de forma limitada, y quienes se encuentren en situación personal de no querer.
Evidentemente no podremos cambiar estas situaciones de distancia, no están bajo nuestro control, y la seguridad, la prevención y mantener las recomendaciones es lo primero; pero lo que sí podemos hacer es evaluar “las gafas” con las que miramos esta crisis que nos ha cambiado la forma de entender el contacto físico con los demás… nuestra forma de analizarlo, ¿es la más funcional? ¿puedo valorar qué me suma y no tanto lo que nos ha restado? Veamos cómo:
- Pensemos queaunque sigamos prefiriendo el contacto directo, son muchas las personas que han aprendido a relacionarse a través de este “telecariño”, esto facilitará que una vez que podamos vernos, las interacciones no estén restringidas a juntarnos presencialmente, enviarnos whatsapp, o a hablar por teléfono, sino que podamos mantener estos otros medios que pueden complementar las modalidades de contacto que antes teníamos
- Cambiemos el término: Como me dijo hace unos días unamigo y psicólogo, hablemos de distancia física, no social, porque no se vive de la misma manera poner el foco en la distancia social entre personas (que puede llevar a percibirla como soledad, algo difícil de asumir como seres sociales que somos) que entender que la distancia es sólo física, pero no lo es afectiva
- Estasituación es transitoria, volveremos a la normalidad, y sin duda, el valor que le demos a los primeros besos y abrazos con quienes no hemos podido tenerlos serán momentos únicos en la vida (ojalá tardemos en perder la sensación de ojos de principiante ante algo a lo que estamos tan acostumbrados como son las muestras de afecto)
Por último, es importante que no nos veamos en la obligación de volver a la normalidad en cuanto tengamos la opción de hacerlo, cada persona tiene sus tiempos, algunos necesitarán vencer miedos derivados como decíamos de la huella emocional que puede dejar una situación tan excepcional como ésta. Así que lo importante no es el cuándo lo hagamos, sino que nos demos el permiso de hacerlo cuando nos sintamos preparados.
Desde Centro TAP os animamos a disfrutar mucho de esos primeros besos y abrazos cuando podamos tenerlos, pero a que disfrutéis aquí y ahora de todas esas miradas, sonrisas y palabras que llegan cuando más lo necesitamos a través de los dispositivos, que hoy más que nunca, nos acercan a las personas