La situación actual de crisis sanitaria, esta trayendo consigo efectos a diferentes niveles (social, familiar, económico, sanitario….). Estamos viendo efectos en la vida concreta e individual de las personas, los cuales varían en función de los factores de protección que ponemos en marcha y los factores de vulnerabilidad que somos capaces de manejar cada uno de nosotros en las situaciones de mayor angustia y malestar.
Sin embargo, esta crisis esta teniendo muchos efectos también a nivel colectivo. Esta siendo necesaria una pauta general y coordinada de toda la sociedad para poder combatir el virus, a pesar de este empuje necesario de todos estamos pudiendo ver cómo el peso de las particularidades de cada territorio hacen que las medidas vayan siendo más ajustadas a los mismos, haciendo que tengamos diferencias entre zonas.
Además ya contamos con medidas prácticas como los horarios o condiciones en las que podemos salir, estamos viendo cómo también se están dando respuestas comunitarias ante este fenómeno de coordinación entre edades y actividades. Algunas de ellas de índole solidario como los aplausos de las 20h, iniciativas de ayuda vecinales para las personas más vulnerables, etc. Todas estas acciones refuerzan y fortalecen el tejido social, a pesar que las personas que ayudan también esta en situación de riesgo.
Son muchos los fenómenos psicológicos que podemos sufrir cuando a nivel colectivo vivimos una situación de este nivel de alarma y peligro para la salud, se pueden poner en marcha (aunque afortunadamente de forma menos numerosa) comportamientos basados en el miedo, que terminarán discriminando a determinados colectivos, esto sin duda puede llegar en ocasiones a desarrollar conductas discriminatorias.
Al inicio de la propagación del virus, ante los rumores y la falta de información se empezaron a crear estereotipos sobre las personas sospechosas de portar el COVID-19, este fue el caso de la situación por la que tuvo que pasar la población asiática. Después, supimos por las noticias que se empezó a discriminar a las personas que independientemente de su nacionalidad, habían sufrido la enfermedad y terminada la fase de cuarentena, se temía el contagio por el propio miedo a enfermar, a pesar que no contábamos con evidencias de que esto pudiera suceder. Las últimas noticias, parecen señalar al colectivo sanitario como el último centro de la diana de estas conductas discriminatorias basadas en el miedo. Además en este caso, además de gestionar este tipo de reacciones adversas ante su presencia se le suma la importante carga de estrés que están sufriendo por su labor en la pandemia, lo que convierte a esta colectivo en personas con mayor vulnerabilidad de sufrir impacto psicológico tras la finalización de esta crisis.
Muchas de estas personas, han manifestado haberse sentido excluidas y poco entendidas por el resto. El estigma social asociado a la enfermedad, no es algo nuevo, los enfermos de VIH en los años 80 y 90 ya lo sufrieron. Sin embargo la magnitud de la pandemia y la circunstancia de confinamiento pueden llegar a agravar su efecto.
Las consecuencias para las personas que sufren discriminación pueden ser importantes, ya que están sufriendo un elevado nivel de estrés por la enfermedad (ya sea por haberla sufrido o por trabajar contra la misma en condiciones muy duras) y se le añade una victimización secundaria por una parte de la sociedad que les intenta apartar de su dinámica natural y libertad. La sensación de desamparo, injusticia, rabia y tristeza pueden ser muy elevadas para todos aquellos que se sientan juzgados y excluidos. Afortunadamente ante este tipo de noticias, existe también la reacción contraria basada en el apoyo a estas personas por la gran mayoría de la sociedad, lo que permite paliar el efecto negativo del mismo.
Como ya venimos diciendo en anteriores entradas del blog, ante una situación inesperada y percibida como peligrosa una de las reacciones más habituales es el miedo. Cuando experimentamos esta emoción, intenta alejarnos o ayudarnos a enfrentarnos al peligro que nos acecha.
Sin embargo, como otra de las características de esta situación es la sensación de incertidumbre, y en muchas ocasiones la información no ha sido clara ni estable, las personas buscan aquella información o razonamiento que cumpla esa función de protección. Cuando esta norma se basa en opiniones sustentadas por el miedo y no busca una fundamentación objetiva y realista, podemos llevar a cabo conductas en muchas ocasiones absurdas o peligrosas. Un papel muy importante en todo esto, ha venido de la mano de la gran cantidad de bulos y opiniones no fundamentadas a través de las redes sociales.
¿Qué podemos hacer para frenar el estigma?
- La información fiable y la gestión del miedo son fundamentales
Es posible reducir el desarrollo de estas conductas si:
- Buscas información fiable de fuentes reconocidas
- Escuchas y ofreces tu ayuda a personas que se puedan sentir discriminadas o vulnerables en tu entorno
- Gestionas el miedo:
- Identifica su activación en tu cuerpo y practica alguna técnica que te ayude a relajarte (respiración, yoga…)
- Detecta los pensamientos y trata de cuestionarlos para ver si son realistas, útiles y si hay otro modo de interpretar lo que estas pensando
- Encuentra y valora tus recursos y fortalezas
- Busca apoyos en tu entorno
Como decíamos, esta situación esta afectando negativamente a nivel individual y colectivo, pero el ser humano ya ha demostrado que es capaz de sobreponerse a las dificultades. Por eso, es importante que en el camino no nos descuidemos como personas y ni como sociedad, ya que tarde o temprano todo esto pasará y entre todos debemos sentirnos más fortalecidos al final de este camino.
Si al leer este post te has sentido identificado porque de alguna forma te has sentido discriminado en esta pandemia, sería interesante que valorases recibir la ayuda profesional ajustada a tus necesidades. Desde el Centro TAP te ofrecemos una ayuda personalizada con un equipo multidisciplinar y altamente cualificado