Rara vez nos encontramos inmersos en el presente que estamos viviendo. Por el contrario, afrontamos nuestro día a día desde el “piloto automático”. Esto es, tendemos a vivir nuestro presente sin prestarle atención, ocupando nuestra mente con otras cuestiones y preocupaciones.
Como consecuencia, nuestra capacidad de disfrute se ve alterada, pues no somos capaces de experimentar el aquí y ahora. Por ejemplo, nos pasamos el año deseando escapar de nuestra rutina para irnos de vacaciones a la playa, y cuando estamos allí, en lugar de disfrutarlo plenamente, estamos pensando en qué vamos a preparar para comer, o en el tiempo que nos queda para volver a la oficina.
Esta conexión del “piloto automático” es especialmente frecuente en las actividades que hacemos de manera habitual: las asumimos como normales y damos por supuesto que estarán y que serán igual que siempre, por lo que les restamos atención, importancia y valor.
¿Qué es diferente ahora?
Durante los últimos meses nuestra normalidad ha cambiado: lo que asumíamos como normal, ha dejado de serlo. Así, hemos anhelado muchos momentos que antes ni siquiera nos parábamos a disfrutar, y hemos conectado con el verdadero valor que tienen para nosotros.
Progresivamente, vamos retomando nuestra normalidad y volvemos a experimentar vivencias a las que hemos tenido que renunciar durante el confinamiento. Por ello, nos encontramos en un momento decisivo, en el que podemos aprovechar para generar un cambio significativo en nuestra vida: continuar valorando los momentos que tanto hemos echado en falta durante los últimos meses (como poder estar con nuestros seres queridos, tomar algo con los amigos, ir a la naturaleza, disfrutar de nuestra libertad, bañarnos en el mar, etc.), en lugar de volver a “normalizarlos” restándoles atención e importancia.
Una herramienta que puede sernos de gran utilidad en este cambio es la mente de principiante.
¿Qué es la mente de principiante?
Es un concepto fundamental del mindfulness, que consiste en vivir las experiencias como si fuera la primera vez que las presenciamos, lo que facilita que nos asombremos y sorprendamos de ellas y que, al fin al cabo, podamos disfrutarlas y valorarlas.
La mente de principiante es el polo opuesto al piloto automático, pues nos permite sumergirnos en la experiencia, abriéndonos a las sensaciones novedosas que puedan aparecer. Consiste en dejar de movernos por lo que “ya sabemos” de ese momento y abrirnos a experimentarlo y observarlo, desde la curiosidad, entendiéndolo como único e irrepetible.
Se trata de una habilidad de presencia que los niños tienen innata, y que vamos perdiendo a lo largo de los años, por falta de entrenamiento.
Un claro ejemplo se da en el visionado de una película. Cuando ya hemos visto una película, para los adultos ésta tiende a perder interés, debido a que ya sabemos lo que va a ocurrir. Nos centramos en el desenlace, y no tanto en la trama. Sin embargo, un niño es capaz de verla diez veces seguidas (o más), y sigue asombrándose, pues está abierto a observar nuevos detalles en la trama, experimentando por tanto sensaciones diferentes.
¿Cómo cultivar la mente de principiante?
Lógicamente, es difícil mantener esta actitud de manera continua, pero podemos buscar momentos concretos para practicarla. Para ello, estas claves te serán útiles
- Valora el momento presente. En ocasiones, caemos en la trampa de pensar que el hecho de que algo siempre haya estado ahí, implica que lo seguirá estando en el futuro. Pero esto no es así, y estos últimos meses nos lo han demostrado. Trata de conectar con el valor de que ahora mismo este momento esté ocurriendo, sin asumir que en el futuro lo estará.
- Recuerda de vez en cuando la vivencia del confinamiento, y piensa en lo que en ese momento anhelabas. Te ayudará a reconectar con tus verdaderos valores y necesidades.
- No des por supuesto. El dar por hecho que un momento o experiencia es “como siempre” hace que activemos el “piloto automático” y nos perdamos los matices, los detalles, que diferencian ese momento de otros similares. No hay dos experiencias iguales. Por muchas puestas de sol que hayamos presenciado a lo largo de nuestra vida, la de hoy es única e irrepetible: la ubicación del sol, el lugar desde donde la observas, los matices de colores, la temperatura, las emociones y sensaciones que te despierta, etc.Este mismo momento jamás volverá a repetirse.
- Conecta con tus sentidos, pues son el mejor ancla que nos une al presente. Estamos poco acostumbrados a prestarles atención, por lo que es recomendable encontrar momentos para hacerlo: ¿qué sientes o percibes en este momento? ¿qué ves, qué hueles, qué oyes? ¿qué sensaciones tienes y dónde las percibes? ¿qué temperatura hace?
- Cultiva tu curiosidad, activando tu mente “investigadora”, y dejándote sorprender por la experiencia presente, como si fuera la primera vez que la vives.
Especialmente ahora, que somos conscientes de que el futuro que tenemos por delante es incierto, cobra especial relevancia el disfrutar del momento presente, pues es la única certeza que tenemos.
Asimismo, nos encontramos en un momento realmente bueno para volver a vivir en nuestro aquí y ahora, aprovechando que hemos “des-normalizado” muchos de nuestros hábitos para volver a experimentarlos como si fuera la primera vez que lo hacemos.