Saber cómo gestionar los procesos de duelo en la infancia nos facilitará a los papás y mamás recursos para acompañar en las pérdidas afectivas a nuestros hijos e hijas. Es un contenido necesario para las familias y más actual que nunca, por ello publicaremos 2 partes. Esperamos que disfrutéis de esta primera entrega
Muchos niños y niñas están siendo plenamente conscientes de la crisis de la COVID-19, y en casa pueden preguntar si algún familiar puede fallecer (seguramente se encuentren especialmente asustados por los abuelos y abuelas o algún familiar enfermo si entienden que son población de riesgo). Desgraciadamente, en estos tiempos de pandemia tenemos que lamentar la pérdida de algunos seres queridos, y esto evidentemente nos lleva a tener que comunicar a los más pequeños de la casa el fallecimiento de un familiar o amigo… ¿cómo hacerlo? Y si nos preguntan acerca de la muerte, ¿Cómo podemos responder?
Si pensamos en cómo van a vivir nuestros hijos e hijas la muerte, tenemos que preguntarnos en primer término ¿qué significa la muerte para nosotros? La muerte hace unas décadas no se vivía de la misma manera que hoy en día. Actualmente parece que tratamos de algún manera de bloquear el dolor y el sufrimiento. La esperanza de vida ha aumentado y la muerte ha pasado de ser algo natural y que puede ocurrir, a algo que la gente activamente trata de evitar. Por otra parte, nos podemos encontrar menos expuestos a la visión de la muerte: antes los cuidados del enfermo se hacían en casa, hoy en día en hospitales e instalaciones sanitarias con cuidados paliativos, donde los niños no tienen acceso. El velatorio se realizaba también en los hogares, con la presencia de familiares, amigos y vecinos, hoy velamos en tanatorios donde no suelen acudir los menores o sólo algunos que ya están más cercanos a la adolescencia.
Parece que quizá la dificultad puede tener que ver con que los propios adultos hemos podido perder ese enfoque tranquilo de la muerte que antes se tenía, ¿cómo podremos entonces hablar sin miedo de la pérdida a los más pequeños? Como a muchos padres les resulta muy duro hablar de la muerte, la respuesta que llegan a dar ante la pregunta de si ellos morirán, puede ser responder con una negativa, que ellos no morirán nunca, que estarán siempre ahí.
Generalmente los adultos temen las reacciones de los pequeños, que sientan miedo, o que no sean capaces de entender por qué ocurre. Por supuesto no hay duda de que esta actitud por parte de los adultos tiene que ver con la intención de proteger del dolor a los pequeños, se tiende a pensar que los niños no serán fuertes para recibir esta información, que su inocencia se verá terriblemente afectada por este hecho, y que si se les oculta, les podremos evitar ese sufrimiento. Pero lo que en muchos casos puede ocurrir precisamente por esta actitud evitativa de los cuidadores principales, es que los pequeños lleguen a tener emociones más difíciles de regular como son la incertidumbre, el desasosiego, o en algunos casos, y puede dar lugar a que presenten duelos patológicos por falta de información. Porque hablar sobre ello, si ocurre una pérdida, facilita que los niños puedan integrar lo ocurrido, ya que los hemisferios izquierdo (encargado de lo verbal, la lógica, la información, la comprensión) y el derecho (el relacionado con lo emocional) trabajarán en sintonía.
Además, los niños que crecen sin conocer que en la vida ocurren acontecimientos negativos serán más propensos a frustrarse el día de mañana, y no estarán desarrollando las habilidades necesarias para enfrentarse a acontecimientos difíciles que tendrán lugar en la vida adulta.
Y si con los más pequeños la actitud puede ser de protección tratando de alejarles de ese dolor, con los adolescentes puede ocurrir que los adultos presupongan que esta información sobre la muerte es algo que ya tienen, por lo que tampoco se detienen necesariamente a hablar de ello.
Veamos las características principales del duelo infantil:
- La información que reciben los pequeños está influida por los adultos por lo que si tenemos miedo a la muerte, inevitablemente les trasladaremos esa emoción
- Los niños suelen preservar sus áreas vitales
- La expresión emocional es indispensable en el caso de los pequeños y puede hacerse por vías alternativas (uso de cuentos, videos o películas, marionetas)
- Los niños necesitan comunicar sus dudas e inquietudes a los adultos
- Habitualmente los niños resuelven el duelo de manera más rápida que los adultos
- Mantener las rutinas es esencial y suele ser un factor de protección
- En los niños la pérdida suele traducirse en pérdidas concretas frente a la de los adultos que tiene un significado global, más general y simbólico
- El concepto de la muerte en los niños es limitado y va evolucionando con la edad
- Los apoyos familiares y sociales son imprescindibles para la resolución del duelo
- La experimentación de los sentimientos es fundamental para resolverlo
Entonces, ¿Cómo podemos hacerlo de manera adecuada? Estas serían las claves para acompañar emocionalmente a nuestros hijos e hijas en el proceso de duelo:
- Aceptar la normalidad de la pérdida entendiendo que la muerte es inherente a la vida, de manera que el/la niño/a deberá comprender que la muerte es un acontecimiento natural de la vida, y que todos perdemos a gente que queremos.
- No utilizaremos eufemismos que pueden crear confusión: se hablará de la muerte, no que la persona “se ha ido” o que “está en el cielo” (salvo que sea el cielo religioso, pero no el que está sobre nuestras cabezas). Los adultos deben trasladar (al margen de sus propias creencias sobre la vida después de la muerte) que el fallecido no va a volver, que la muerte es un hecho irreversible. Así los niños no se encontrarán con la sensación de engaño al descubrir cuando crezcan, que aquello que les hicieron creer de que volvería no era verdad.
- Experimentar los sentimientos: de manera que los niños y niñas, al igual que los adultos, puedan expresar el dolor a través del llanto. Así, será importante que facilitemos la expresión emocional, que no aparten o eviten experimentar sus sentimientos y que además podamos hablar sobre ello. Niños y adolescentes detectan en sus padres estados emocionales negativos, a los que no saben dar explicación salvo que los adultos expliquen y expresen el motivo que lo está ocasionando.
- Adaptarse al medio modificado por la ausencia: tenemos que trabajar con el fin de que el menor entienda las consecuencias de la pérdida y que readapte su entorno. Se trata de aprender a vivir en un mundo en el que el fallecido no está.
- Distanciarse de la relación emocional con lo ausente: creando al lado del menor un nuevo mundo de relaciones y significados. Significa recolocar al fallecido en nuestra vida y seguir viviendo.
- Los niños suelen creer que sus seres queridos y aquello que les es cercano y querido nunca dejará de estar a su lado. Suele ocurrir tras una primera muerte conocida por el menor, que se empiece a preguntar si la muerte puede tocarle a cualquiera de nosotros. Ante este tipo de cuestiones, los padres han de responder a sus hijos que sí que morirán, pero que estarán a su lado mucho tiempo. Al mismo tiempo que decimos que no se les debe mentir, las respuestas rotundas del tipo “si” sin más aclaraciones pueden provocar temor, angustia y miedo. Una manera de suavizar la respuesta sería la postergación: ante la pregunta a la madre sobre si ella morirá, puede responderle “claro, como todos, pero eso será dentro de mucho mucho tiempo” o bien “mamá, si papá muere, ¿qué haremos nosotros?”- “Si papá muere, yo te atenderé, te cuidaré, te recogeré en el cole, y te daré todo lo que necesitas…”. Es cierto que utilizar la postergación como clave no es algo que sepamos que va a tardar tiempo en ocurrir, pero lo esperable son muertes no traumáticas, y en este tipo de muertes es las que no centraremos para lograr dar tranquilidad a los niños, y les explicaremos que las traumáticas son las excepcionales, las menos frecuentes.
- Explicarles que el cuerpo deja de funcionar: en los dibujos, muchas veces la muerte aparece reflejada no sólo como algo que puede ocurrir durante un “rato” y que se puede revertir. Es fundamental que los niños entiendan que en la muerte no vemos, no oímos, no crecemos, no hacemos pis… y que tampoco se realizan actividades como ver la televisión o leer. El uso de metáforas para tranquilizar a los niños que tienen que ver con que la persona está en otro sitio ayudándoles o viéndoles puede generar confusión, y en muchos casos, miedo, porque el niño o niña puede tener miedo a la reprimenda, o a decepcionar, o miedo a la oscuridad, a dormir o a estar solos, o a la aparición de fantasmas o espíritus. Lo que les explicaremos a los niños es que los que fallecen no tienen funciones físicas, pero que permanecen vivos en nuestros recuerdos (como en la película “Coco” de Disney)
- Les diremos que hay una causa para la muerte y es física, que esta no se produce por nada, por un pequeño detalle sin importancia, o por su culpa. No morimos porque durmamos (por eso no conviene decir que se quedó dormido y se murió, como si fuera la consecuencia), tampoco fallecemos por el hecho de tener un accidente (puesto que en la mayoría el desenlace no es la muerte) y tampoco morimos por ser muy buenos y que nos quiera llevar Dios a su lado. Explicarles a los niños que alguien murió porque le falló el corazón, los pulmones, o porque el cuerpo dejó de funcionar será una explicación suficiente para que el niño entienda que en la muerte el cuerpo deja de funcionar. Al margen de esta explicación, habrá quien, desde creencias religiosas, querrá hablar a sus hijos desde la idea de la vida eterna como continuación de la vida terrenal, por eso conviene partir de la explicación de la muerte como algo físico para luego pasar a la explicación de una vida diferente desde lo espiritual.
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