Los accidentes de tráfico son uno de los eventos traumáticos más frecuentes a día de hoy. La DGT en los últimos datos mostró unos datos que reflejan la relevancia que sigue teniendo en nuestra sociedad. En 2019 hubo 141.113 personas víctimas de tráfico, de las cuales 1.755 fueron fallecidos, 8.613 heridos hospitalizados y 130.745 heridos sin hospitalización. Es decir, la mayoría han sido heridos de una aparente poca gravedad. Sin embargo, además de las secuelas físicas que puede traer un accidente, también se pueden desarrollar heridas a nivel emocional. En general las víctimas suelen ser hombres y los accidentes suelen darse principalmente en vías urbanas. En cuanto a los rangos de edad con mayor numero de víctimas, encontramos que se dan principalmente entre los 25 y 29 y entre los 40 y 44 años. Los fallecimientos debidos al accidente suelen darse en primer lugar entre los 70 y 74 años y en segundo, entre los 45 y 49. Es importante que, en el concepto de víctimas, tengamos en cuenta que el número se amplía cuando consideramos a los familiares de fallecidos y heridos de gravedad. Con lo que la repercusión de esta situación es mucho mayor.
Un accidente de tráfico no deja de ser un evento traumático, lo que quiere decir que la persona ve amenazada su integridad física y/o la de otra persona; pudiendo provocar muchas repercusiones psicológicas en la vida de las personas.
En un primer momento, se pueden presentar como reacciones agudas de estrés y en otros casos reacciones de bloqueo emocional. Estas reacciones se deben a que nuestra mente y cuerpo están intentando gestionar una situación extraordinaria y en ocasiones muy dramática. Ambas reacciones son absolutamente normales ante una situación que no lo es.
A medio plazo, es lógico experimentar otra serie de síntomas que se centran en:
• Activación excesiva, irritabilidad, problemas para dormir
• Reexperimentación, memoria fragmentada, pesadillas
• Evitar lugares, personas, sentir, pensar
• Continúas preguntas sobre lo ocurrido
• Profunda tristeza y sufrimiento
• Desconfianza en los demás
• Aislamiento, silencio, no querer contar, soledad
• Culpa de hacer o de no hacer
Como decimos estas reacciones son habituales y normales en un primer momento, ya que es nuestro organismo está intentando adaptarse a lo ocurrido. En muchos casos, estos irán remitiendo en la medida que vayamos recuperando y reestableciendo nuestra vida. Sin embargo, si esta sintomatología se mantiene en el tiempo o vemos que no somos capaces de gestionar nuestro día a día, es importante que busquemos ayuda profesional.
- Los afectados sufren una crisis personal caracterizada por un proceso trauma y/o duelo. Por un lado, se experimenta una amenaza (trauma) y se produce una o varias perdidas (duelo). En ocasiones cuando estos dos tipos de reacciones interactúan, pueden ser más difíciles de gestionar porque se potencian, se agravan e interfieren entre sí.
Desde el punto de vista psicológico estos son algunos de los aspectos más relevantes en el proceso de recuperación:
· Abordar sintomatología postraumática y de duelo
· Identificación emociones y activación en el cuerpo (especialmente la tristeza, la ira, frustración, culpa y la sensación de justicia)
· Tratar de identificar aquellos pensamientos y creencias acerca del mundo, otros y uno mismo que están interfiriendo en la adaptación a la nueva situación
· Fomentar el locus de control interno. Centrarnos en aquellas decisiones y situaciones que dependen de nosotros mismos y que nos aporten mayor seguridad. Permitir el malestar, entendiéndolo, dándole su espacio y gestionándolo versus evitación o minimización de lo ocurrido
· En muchas ocasiones será necesario abordar la gestión del dolor crónico en lesiones a medio y largo plazo
· La importancia del apoyo y conciencia social.
Para poder curar la herida emocional que puede haber causado el accidente, será necesario abordarla con ayuda profesional, te proporcionará herramientas y recursos de afrontamiento con una formulación facilitadora y eficaz. Es importante por tanto, poder estar asesorados desde un enfoque multidisciplinar (social, jurídico, médico y psicológico) para reestablecer el bienestar perdido tras el accidente. Desde Centro TAP, podemos ayudarte a gestionar las heridas emocionales habilitando una mejor hoja de ruta hacia la mejora y el proceso de recuperación.