La educación obligatoria en España va desde primero de Educación Primaria hasta 4º ESO. Entre los 6 y los 16 años, los niños pasan por diferentes etapas educativas en las que no sólo aprenden los contenidos de las distintas materias, sino que, además, deben adquirir las habilidades y destrezas que les ayudarán a alcanzar estos conocimientos.
Factores como la constancia, el trabajo diario en casa, la adecuada planificación o las buenas técnicas de estudio, son esenciales para alcanzar resultados satisfactorios y para establecer unos buenos hábitos de trabajo de cara a cursar Bachillerato o estudios superiores.
Una consulta habitual por parte de las familias es cómo pueden acompañar a sus hijos en su estudio diario en casa, sin llegar a protegerles en exceso o a restarles autonomía. Por ello, es importante conocer algunas herramientas psicopedagógicas básicas que ayuden a padres y educadores a acompañar adecuadamente a los menores en el desarrollo de sus competencias de aprendizaje.
- Establecer horarios fijos de trabajo durante las tardes y los fines de semana.
Los niños y adolescentes necesitan rutinas para poder autorregularse y predecir el mundo.
Por ello, es importante que entiendan desde pequeños que los tiempos dedicados al estudio en casa forman parte de su día a día, y que lo perciban como algo natural y necesario para ellos. Es importante ajustar el tiempo dedicado al trabajo en casa según la etapa escolar en la que se encuentre el menor. Mientras que, en los primeros cursos de primaria, los tiempos serán reducidos, poco a poco y según avancen los cursos, los menores deberán ampliar sus horarios de trabajo para adaptarse a las exigencias académicas de manera progresiva. De esta forma, será mucho más sencillo que los niños y adolescentes alcancen una adecuada motivación y predisposición al estudio.
- Incorporar la memorización y el estudio en el trabajo diario.
Una de las dificultades con la que nos encontramos los adultos es hacer entender a los menores que sus tiempos de trabajo en casa no sólo deben estar dedicados a los deberes, sino también al estudio y memorización de los contenidos impartidos diariamente en clase. Desde casa debemos acompañarles para que entiendan esta necesidad y ayudarles a incorporar el estudio en sus tareas diarias de manera gradual. Además, los niños y adolescentes (sobre todo los que cursan educación secundaria) deben comprender que la memorización y aprendizaje de contenidos no comienza cuando conocen la fecha del examen, sino que deben empezar a prepararlos antes, según los profesores vayan impartiendo sus materias.
- Supervisar la eficacia del estudio y la adecuada distribución de tiempos de trabajo.
Una vez que los menores hayan incorporado el estudio en casa en sus rutinas diarias, es importante que, como adultos, nos aseguremos de que este trabajo se está realizando adecuadamente. A pesar de que los niños tengan buena voluntad y predisposición al estudio, muchas veces pueden no saber cómo llevarlo a cabo de forma eficaz o cómo distribuir los tiempos entre las diferentes asignaturas. Desde casa debemos acompañarlos en la supervisión de sus tareas, comprobando que están aprovechando el tiempo y que su estudio es eficaz y productivo.
- Pactar un listado de compromisos (checklist) con el menor.
Una herramienta muy útil para ayudar a niños, padres y profesores es la realización de checklist de tareas y responsabilidades. Consiste en un listado de acuerdos que debe pactarse con el menor, en el que éste se compromete a realizar una serie de tareas diarias que le ayudarán en la planificación y ejecución de su estudio. Revisar la agenda diariamente, preparar la mochila por la noche, cumplir con los horarios establecidos o saberse el temario, son algunos ejemplos de estos compromisos. De esta forma, el niño tendrá claro cuáles son sus responsabilidades y los adultos podremos hacer una supervisión eficaz y objetiva del cumplimiento de las mismas.
- Promover reuniones periódicas con el centro escolar.
Para poder realizar un acompañamiento integral a los niños y adolescentes en sus responsabilidades escolares, es esencial la adecuada coordinación entre padres y centro educativo. De esta forma, los profesores y orientadores podrán comunicar a los padres los aspectos específicos en los que pueden apoyarles desde casa, y estos últimos podrán ayudar a los docentes a conocer mejor a sus hijos y cómo estos se comportan fuera del entorno escolar. Los niños y adolescentes deben percibir coherencia y apoyo mutuo entre ambas instituciones (familia y escuela) para poder desarrollar una adecuada gestión emocional y de sus competencias académicas.
- Ser coherentes en la aplicación de consecuencias y en la gestión de recompensas.
La motivación extrínseca es la que se obtiene a través de recompensas externas, como el dinero o los premios. En cambio, la motivación intrínseca parte del propio individuo y de sus necesidades, es decir, el sujeto lleva a cabo las conductas porque son estimulantes en sí mismas o porque son importantes para su realización personal. Al relacionar esto con las motivación y predisposición al estudio por parte de los niños y adolescentes, nos damos cuenta de que, en muchas ocasiones, los menores se sienten más estimulados por reforzadores externos (videoconsola, tiempo de ocio, paga semanal, tiempo con pantallas…) que por su propia necesidad de aprender o de cumplir con sus obligaciones. El tipo de motivación de un niño hacia el estudio depende de muchos factores, como su propio carácter o el nivel madurativo en el que se encuentre, por lo que no debe preocuparnos que un niño en edad escolar esté más estimulado por las recompensas externas que por el estudio en sí mismo. Desde el ámbito familiar y escolar debemos asegurarnos de que estos reforzadores externos se están aplicando de manera coherente y de que son congruentes con el esfuerzo y el trabajo previo del niño. Un ejemplo aplicado al día a día de las familias podría ser que el menor pudiera disponer de tiempo de juego después de que alguno de sus progenitores haya supervisado que ha cumplido con su plan de trabajo diario de manera eficaz.
En conclusión, el papel de los adultos es esencial para que los menores desarrollen las competencias, habilidades y destrezas necesarias para superar adecuadamente las diferentes etapas escolares siendo autónomos y conscientes de sus propias responsabilidades.
Desde casa, es fundamental establecer rutinas de estudio supervisadas que sean constantes y mantenidas en el tiempo para que los niños desarrollen unos buenos hábitos de aprendizaje que les permitan ser autónomos y eficaces en su estudio. La adecuada coordinación entre familia y profesorado juega un papel fundamental para que los niños y adolescentes perciban coherencia en su entorno y en las normas establecidas por el mundo adulto. Desde los diferentes contextos del menor debemos buscar esta congruencia también en las consecuencias y reforzadores que apliquemos a sus conductas, tanto en el ámbito educativo como en todas las áreas que tengan que ver con su educación.
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