Vivimos en la era de la introspección, de la inteligencia emocional, de los posts sobre límites, traumas y necesidades. Del “escucha lo que sientes”, del “todo está en tu mente” y del “todo el mundo debería ir a terapia”.
Y no es que esto sea necesariamente algo negativo, estar en este punto implica haber recorrido un largo camino que partía de que lo que ocurría dentro de cada uno se ignoraba, se reprimía o se patologizaba. Pero como en casi todo en la vida, es fácil pasarse al otro extremo y que lo necesario empiece a volverse excesivo. Y si esto ocurre, lo que se supone que se construyó para ayudarnos, puede empezar a limitarnos.
Hemos elevado la introspección y el autoconocimiento al rango de virtud indiscutible. Se nos repite una y otra vez que si estás trabajando en ti mismo vas por buen camino y que si estás actuando conforme a lo que necesitas que sientes, entonces es lo que tenías que hacer.
Poco a poco, mirar hacia dentro ha dejado de ser una habilidad útil para acercarnos a la vida que queremos, para convertirse en un fin en sí mismo que siempre es necesario.
Pero si en algo se puede usar el “siempre” en psicología es para afirmar que siempre hay matices, y la introspección y el autoconocimiento no son una excepción.
- La investigación ha demostrado que altos niveles de autoconciencia se asocian con mayores niveles de ansiedad y una autoestima más baja, algo que resulta sorprendente, ya que es lo opuesto a lo que se esperaría o se querría conseguir. Sin embargo, no es tan extraño cuando el autoconocimiento se empieza a utilizar de forma indiscriminada y se convierte en una estrategia para evitar la incomodidad de vivir, de fallar, de relacionarnos sin tener todas las respuestas y, sobre todo, de aceptar que no tenemos tanto control como creemos sobre lo que ocurre.
El autoconocimiento puede funcionar como una trampa que nos hace creer que, si entendemos todo lo que pasa por nuestra mente y la de los demás, entonces tendremos control sobre lo que nos sucede. Y esto no es cierto.
- Entender puede ayudar a actuar en la dirección que queremos, pero sin acción, sin ensayo y error y sin la propia experiencia, de poco sirve entender. Podemos entender todos nuestros patrones de apego y seguir sin saber cómo estar en una relación y podemos identificar nuestros miedos, pero seguir sin atrevernos a dar el salto. Tratar de entender todo lo que pasa por nuestra mente y por la del resto es agotador y puede llegar a bloquearnos (la conocida parálisis por análisis) y a dejarnos sin demasiadas energías para lo realmente importante: vivir.
Por otro lado, mirar tanto hacia dentro también puede suponer el riesgo de quedarnos encerrados ahí. Es en este punto donde el trabajo emocional y el autoconocimiento puede convertirse en un ejercicio individualista, descontextualizado y hasta narcisista (la etiqueta más temida).
- A día de hoy, resulta complicado -incluso criticado- cuestionar una decisión o un argumento que ha sido construido desde el mantra “tengo/tienes que respetar mis límites”. Existe una regla bastante generalizada que sostiene que cualquier elección fundamentada en la defensa de necesidades personales identificadas está justificada y no debe ser cuestionada. Y esto realmente no tiene por qué ser así, actuar en cuanto a tus necesidades a corto plazo puede alejarte de aquello que tú mismo prefieres a largo plazo.
- Esta regla nos resulta cómoda primero porque nos evita la incertidumbre que implica pensar con matices y considerar el contexto en cada situación y segundo porque justifica la evitación del esfuerzo y la incomodidad que supone hacer algo que, a priori, no es lo que más nos apetece. Sin embargo, aplicarla con rigidez también puede llevar a sentir malestar si no se actúa en cuanto a ella. Por ejemplo, en la pareja se puede sentir culpa por estar anteponiendo las necesidades del otro a las nuestras en un momento o periodo determinado, cuando es algo completamente normal.
Por todo ello, la introspección excesiva puede ser tan perjudicial para la salud mental como ignorar o invalidar nuestros pensamientos y emociones, pero con el agravante de que hoy en día está muy reforzada y mantenida por la sociedad.
Las terapias psicológicas deben tener cuidado de no formar parte de ese funcionamiento. El conocido principio de “conocerse a uno mismo” consiste, precisamente, en ayudar a identificar estas reglas rígidas y comprender la función que la introspección (o cualquier otro comportamiento) cumple para cada persona, en lugar de ofrecer recetas y pautas indiscriminadas de regulación emocional.
La salud mental no es solo saber lo que siento, sino también atreverme a actuar aunque no tenga todo claro. No se trata de dejar de mirar hacia dentro, sino de saber cuándo hacerlo y cuándo es mejor salir. Y si no lo sabes, tampoco pasa nada.
En Centro TAP te acompañamos a encontrar el equilibrio. Si lo necesitas, puedes contactar con nuestro equipo y empezar a cuidarte hoy.