Muchas personas se sorprenden al darse cuenta de que, a pesar de haber tenido relaciones diferentes a lo largo de su vida (ya sean relaciones familiares, de pareja o amistad), algunas experiencias parecen repetirse. Quizá vuelven a sentirse poco valoradas, terminan asumiendo siempre el mismo papel o se encuentran una y otra vez en vínculos donde les cuesta expresar sus necesidades.
Ante estas situaciones, es normal preguntarse: ¿por qué sigo encontrándome con relaciones parecidas? ¿Por qué, aunque cambien las personas, algunas dinámicas parecen mantenerse?
Lejos de ser casualidad, la forma en la que nos relacionamos suele estar influida por experiencias previas, aprendizajes tempranos y creencias que hemos ido construyendo sobre nosotros mismos y sobre los demás.
¿Qué son los patrones relacionales?
Los patrones relacionales son formas habituales de pensar, sentir y actuar dentro de nuestros vínculos. Se desarrollan a lo largo de nuestra historia vital y tienden a reproducirse en diferentes contextos y relaciones.
Cuando hablamos de repetir patrones, no nos referimos necesariamente a elegir siempre el mismo tipo de pareja o amistad. En muchas ocasiones, lo que se repite son determinadas dinámicas relacionales. Por ejemplo: sentir la necesidad de agradar constantemente, asumir una responsabilidad excesiva por el bienestar del otro, evitar el conflicto o experimentar miedo al abandono.
Aunque estos patrones pueden generar malestar, suelen mantenerse porque en algún momento tuvieron una función adaptativa. Es decir, nos sirvieron para algo.
¿Por qué tendemos a repetirlos?
Lo familiar nos resulta predecible.
Muchas veces tendemos a acercarnos a aquello que nos resulta familiar. Las dinámicas relacionales que hemos vivido durante la infancia y adolescencia contribuyen a construir nuestras experiencias de cómo funcionan los vínculos. Aunque algunas de estas experiencias hayan sido dolorosas, pueden resultar conocidas y, por tanto, más predecibles.
Esto no significa que elijamos conscientemente las relaciones que nos hagan sufrir, sino que tendemos a movernos en escenarios emocionales que reconocemos. Lo desconocido es más incierto, lo que hace que algunas personas permanezcan en relaciones poco saludables porque les resultan familiares.
Los aprendizajes tempranos influyen en nuestra forma de vincularnos.
Las primeras relaciones que establecemos con nuestras figuras de referencia desempeñan un papel fundamental. A través de ellas aprendemos cómo se expresan las emociones, cómo se gestionan los conflictos, qué ocurre cuando necesitamos ayuda o qué debemos hacer para sentir queridos y aceptados. Estos aprendizajes pueden influir posteriormente en la manera en que interpretamos las relaciones y el papel que adoptamos dentro de ellas.
Las creencias que construimos sobre nosotros mismos.
Las experiencias que vivimos no solo influyen en cómo vemos a los demás, sino también en cómo nos percibimos a nosotros mismos. A lo largo de la vida podemos desarrollar creencias profundas acerca de nuestra valía, nuestras necesidades o nuestro lugar dentro de los vínculos. Podemos llegar a interiorizar mensajes como “no soy suficiente”, “si expreso lo que necesito molestaré” o “para que me quieran debo esforzarme más que el resto”. Estas creencias suelen actuar como filtros a través de los cuales interpretamos lo que ocurre en nuestras relaciones, favoreciendo así que se mantengan ciertas dinámicas en el tiempo.
Algunas señales de que podrías estar repitiendo un patrón relacional:
- Sentir emociones similares en distintas relaciones
- Encontrarse repetidamente en situaciones que generan el mismo malestar
- Asumir siempre roles parecidos dentro de los vínculos
- Tener dificultades recurrentes para expresar necesidades o estableces límites
- Sentir que algunas experiencias se repiten, aunque las personas implicadas sean diferentes
¿Es posible cambiar estos patrones?
El primer paso para generar un cambio debe ser tomar conciencia de estas dinámicas y comprender qué función han cumplido a lo largo de nuestra historia.
A partir de ahí, es posible revisar las creencias que las sostienen, conectar con las propias necesidades y desarrollar formas de relación más flexibles y adaptativas.
En Centro TAP acompañamos a personas que desean comprender mejor sus relaciones y trabajar aquellos patrones que generan malestar. Si sientes que algunas dinámicas en tus relaciones se repiten y te gustaría comprenderlas mejor, podemos ayudarte.