Imagina que un día te despiertas con una única condición: no puedes contar nada, absolutamente nada, sobre tu vida. Parece sencillo, ¿verdad? Puedes limitarte a hablar del tiempo, de quién ganó el partido ayer o de lo que has cocinado hoy para comer.
Pero la conversación del lunes en la oficina gira en torno al fin de semana pasado, y tú no puedes contar con quién lo has pasado. Tu compañero relata con pelos y señales la ruta de senderismo que hizo con su mujer el domingo. Podrías contarle que tu pareja y tú soléis hacer rutas todos los meses, pero te limitas a sonreír y asentir.
Al volver a casa, te cruzas con la vecina, a quien le encoges los hombros cuando, al darse cuenta de que llevas un anillo nuevo, exclama que no sabía que te habías casado. Eso te recuerda que, al llegar a casa, tendrás que ver qué haces con los papeles de inscripción a la guardería, en los que todavía no se contempla a tu modelo de familia.
Para colmo, el día acaba con un conflicto de pareja, pero no puedes levantar el teléfono para desahogarte con nadie sobre lo difícil que es la crianza primeriza.
El resumen de este día horrible tiene un nombre en psicología: estrés de las minorías.
Las personas que pertenecen al colectivo LGTBI+ viven bajo el estrés crónico de enfrentarse a un mundo que aún no es completamente respetuoso con la diversidad.
Estar constantemente alerta, hipervigilante y pendiente de si el resto sabe quién eres o cómo es tu familia, por miedo a que eso se traduzca en prejuicios o discriminación, es tremendamente agotador. Además, tiene un coste cognitivo y emocional muy alto: el resultado es menor energía para dedicar al trabajo, al ocio, a los seres queridos o, simplemente, a disfrutar de la vida.
Poder ser en libertad, algo que parece tan sencillo, es lo que nos permite transitar la vida con paz mental y salud emocional.
¿Qué hacemos en terapia si el entorno pesa y aparecen emociones como el malestar o la culpa?
- Validar la identidad de cada persona y respetar su derecho a ser.
- Entender que la raíz del malestar no está en la persona, sino en la LGTBIfobia social.
- Desmantelar la LGTBIfobia interiorizada que el contexto hostil haya podido generar y sanar el trauma de minorías.
- Abrazar la visibilidad, siempre desde la asertividad, la voluntad y el propio ritmo.
- Crear redes comunitarias que permitan el apoyo entre iguales, la identificación de referentes y el intercambio de vivencias.
El Orgullo no es solo una celebración o una reivindicación: es una expresión de salud mental a gran escala.
La visibilidad colectiva impacta directamente en la dignidad y la autoestima de quien observa. Confronta ese sentimiento de soledad que suele aparecer en muchas personas LGTBI+ y evidencia la pertenencia a un grupo legítimo y seguro.
Además, genera una sensación de control y de esperanza, frente a la indefensión aprendida, funcionando como un potente amortiguador emocional.
El Orgullo es una herramienta de salud mental que no solo se practica el 28 de junio, sino cada día de visibilidad de nuestras vidas.
Mientras construimos un mundo que sea igualitario y respetuoso con la diversidad, desde Centro TAP podemos ayudarte a transitar la visibilidad y a gestionar los contextos hostiles que, por desgracia, aún existen hoy en día. Si lo necesitas, contacta con nosotras.