Gardel dice que al “volver” tiene “miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida”. Y es que, para muchas personas LGTBI+ que tuvieron que sexiliarse, el verano no es solo el retorno al pueblo que les vio nacer. Es volver a esas miradas de juicio, escenas de invisibilidad y “noches que pobladas de recuerdos” que nadie quiere revivir.
- El sexilio es el abandono forzoso del lugar de residencia, el pueblo o la ciudad natal a causa del rechazo, la discriminación o la violencia que se sufre por ser una persona LGTBI+. Supone una migración forzada por no poder ser quien se es en el lugar que le vio nacer.
Y aunque muchas ficciones nos hayan hecho romantizar el “empezar de cero”, lo cierto es que el proceso de duelo migratorio forzoso genera culpa, dolor y un sentimiento de desarraigo difícil de transitar.
Pero el impacto del sexilio no termina cuando el destino se acaba convirtiendo en hogar. La herida se reabre cada vez que hay que volver a casa, por ejemplo cuando llega el verano.
¿Qué supone a nivel psicológico para una persona LGTBI+ volver al lugar del que tuvo que marcharse?
- Volver al “armario”, aunque sea por supervivencia o para evitar conflictos, puede generar una sensación de “pasos atrás” en el recorrido vital, de empoderamiento y de visibilidad que se ha hecho.
- La disonancia que se genera entre “quien soy en la ciudad” y “quien debo ser en el pueblo” puede hacer aflorar sentimientos de culpa y dolor.
- Regresar a menudo implica volver a activar radares de alerta que parecían apagados. En plenas vacaciones, medir gestos, estar hipervigilante, cuidar cómo y qué se dice, consume energía y asocia un paisaje que debería ser de calma a una vuelta al estrés.
¿Podemos hacer algo para que el verano sea más azul?
- Validar el dolor que genera el sexilio y entender que el malestar es una respuesta lógica ante la vuelta a un entorno que fue hostil.
- Ayudar a transitar el duelo migratorio.
- Proporcionar herramientas para gestionar los momentos de regreso.
- Aprender a poner límites con el entorno y elegir las batallas por las que merece la pena luchar en vacaciones y aquellas que, asertivamente, no debemos priorizar a nuestra paz mental.
- Manejar la distancia física y emocional con el entorno.
- Reconciliarnos con nuestra historia de vida y nuestras raíces.
Sanar las heridas migratorias y de rechazo es posible, pero no tienes por qué hacerlo en soledad. Desde Centro TAP podemos ayudarte a transitar el duelo del sexilio y a reconciliarte con el lugar que te vio crecer. Si lo necesitas, contacta con nosotras.