Educar no es dar carrera para vivir, sino templar el alma para las dificultades de la vida.
Pitágoras.
Se acaba el verano y con él el tiempo de descanso y de ocio. Volvemos a la rutina y a la tan odiada por unos y deseada por otros, “vuelta al cole”.
Llega el momento de volver a la rutina de levantarse temprano, de los deberes, de las extraescolares, etc. (Todo junto acaba agotándonos antes de empezar.)
No existe una receta mágica y está claro que todo cambio supone un periodo de adaptación, por lo que nuestro objetivo debe ser ponérnoslo fácil y sobretodo comprendernos y permitirnos ese tiempo necesario de adaptación a los nuevos hábitos. Además como padres debemos ofrecerles a nuestros hijos ese espacio y ese tiempo prudencial. De cara a que su adaptación sea lo más agradable posible y afronte las tareas escolares con motivación y de forma positiva.
Para llevar a cabo todo este proceso, es muy efectivo que conectemos con nuestras emociones y que seamos conscientes de cómo nos sentimos en cada momento, a los niños les ayuda mucho de cara a regular sus conductas. Es lo que se conoce como Inteligencia Emocional. Actualmente, existen multitud de programas sobre regulación emocional, incluso en algunos Centros educativos se está implementando dentro de los proyectos curriculares de centro como asignatura. Ya que se han llevado a cabo numerosas experiencias que han confirmado la importancia de aprender a conocer y regular nuestras emociones como “herramientas para la vida”.
En el caso de las tareas escolares, nuestra labor como padres es muy parecida a la que realiza un entrenador, es decir de acompañamiento en el proceso de manera paciente desde el cariño y la comprensión. La figura del “entrenador”, en este caso será facilitadora del espacio de estudio, y de todos los recursos que necesite para llevar a cabo sus tareas. Siempre haciendo que el protagonista sea el niño, haciéndole partícipe y responsable del proceso. Es decir, debemos enseñarle que el responsable de sus tareas es él mismo y que nosotros estamos ahí para apoyarle pero nunca para realizarlas por él. Tampoco debemos transmitir la idea de que estamos porque no le vemos capaces de hacerlo.
Una práctica que puede ayudarnos es planificar un horario de estudio, siempre teniendo en cuenta las necesidades individuales y que en función de la edad del niño, serán necesarios periodos de descanso entre las sesiones estudio. Por otro lado no olvidemos que jugar y hacer deporte son fundamentales para su desarrollo. Una vez hecha la planificación queda lo más importante….¡cumplirlo! Aunque al principio puede costar un poco adaptarse al horario, poco a poco veréis como se adquieren rutinas y en poco tiempo estaremos siguiendo nuestro plan de estudio sin esfuerzo y con muy buenos resultados.
Es importante acompañar a nuestros hijos para que sean capaces de saber cuáles son sus motivaciones y sus metas de cara a la finalización del curso. Cuando hablamos de metas u objetivos, seamos conscientes de que deben ser metas alcanzables y no objetivos utópicos. Y de que para conseguir una meta a largo plazo, por ejemplo de aquí a final de curso, debemos plantearnos cuál es el camino que necesitamos seguir para llegar a ese fin. (Imaginemos que queremos subir desde la planta 0 a la planta 1 de un edificio y hay una escalera, para llegar a la planta 1 debemos subir uno a uno los peldaños hasta llegar a nuestro objetivo.) En cualquier caso, cualquier clase de apoyo al estudio debe ir acompañada de un entrenamiento en técnicas y hábitos de estudio, ya que es la base para “aprender a aprender”.
Por otro lado, empezar el cole y las rutinas u obligaciones no quiere decir que se haya terminado el tiempo de juego. Quiere decir que tendremos que adaptarnos a los nuevos horarios y planificarnos de manera que podamos conseguir nuestros objetivos anuales sin agobios y sin dejar de hacer lo que nos gusta.
De hecho, como todos sabemos, es a través del juego desde donde se activan circuitos neuronales que nos ayudan y nos preparan para prender mejor y de forma relajada.