“Cuanto más sabes quién eres, y lo que quieres, menos afectan las cosas”
(Lost in Translation)
“Los ojos de los demás son nuestras cárceles, sus pensamientos nuestras jaulas “
(V. Woolf)
“Si alguien me desaprueba, algo malo hay en mí”. “Es terrible no gustar a todo el mundo”, son frases lapidarias que suponen un alto sufrimiento a nivel emocional en las personas que las verbalizan.
La necesidad de aprobación, la intolerancia al rechazo, constituyen una de las dificultades que las personas traen como motivo de consulta. Ante tal sufrimiento, es frecuente lanzar mensajes del tipo “Que no te preocupe lo que los demás piensen de ti”, “Pasa de lo que diga la gente”. Con la mejor de las intenciones, que no es más que brindarle a la persona la opción de aliviar su malestar, sin embargo, estos mensajes no siempre resultan ser el remedio indicado para hacerlo. A veces, lo incrementa, o simplemente, no calan en la persona. ¿Por qué? Porque a los seres humanos, como seres sociales que somos, en cierto sentido sí nos preocupa la opinión de los demás. Y esto no ha de ser negativo, siempre que se sepa manejar de forma equilibrada y ajustada el efecto que las opiniones de los demás tengan sobre decisiones personales u opciones de vida.
La validación externa contribuye a la creación de nuestra identidad, cultiva parte de la autoestima. El error es darle mayor importancia a esta fuente de evaluación, que a la propia. En estos casos, la validación externa representa la verdadera aprobación de ti mismo/a como persona. La necesidad de aprobación es la vulnerabilidad extrema de tener en cuenta la opinión de los demás. Las personas que la tienen suelen ser hombres y mujeres con una historia de vida caracterizada por una educación exigente, cuyas figuras de referencia han dado importancia a los resultados, y no a las oportunidades para poder equivocarse, pensar de forma diferente o tomar decisiones libres de juicios de valor. Como adultos, es importante destacar la responsabilidad de razonar sobre el tema, con serenidad y tiempo y, así, dar los pasos para superar esta tendencia. Lograr un balance adecuado entre el criterio propio y el externo, no solo consigue asentar la seguridad personal, sino que también facilita el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.
En Centro TAP, nos encontramos con pacientes con altos niveles de inseguridad ante la toma de decisiones, muchas veces influenciado por esta necesidad de no decepcionar, no equivocarse o gustar a todos/as. A continuación, os proponemos una serie de claves de gestión, que pueden ayudarte a manejar esta necesidad de aprobación:
- Tomar distancia de la opinión de los demás, con el consiguiente ajuste de expectativas en relación a sus juicios. La desaprobación refleja a menudo las creencias irracionales de los demás, o sus propias dificultades de gestión emocional. Verlo de esta forma, te ayudará a procesarlo de una manera más adaptativa.
- Validar las críticas útiles y constructivas: significará poder disponer de la oportunidad de aprender de los errores cometidos, con el objetivo de mejorar.
- Aprender a tolerar la crítica y saber encajarla. No caigas en el desánimo ante ellas.
- La desaprobación no dura siempre. Los conflictos forman parte de la vida, al igual que la diferencia de criterio con personas cercanas. Mostrar estas diferencias, estos desacuerdos, no significa que la relación con esa persona acabe. El malestar que esto provoca, también pasará.
- Confía en tu criterio personal. Sólo tus planteamientos, tu forma de pensar, influirán en tus decisiones. Date la oportunidad de vivir sin miedo, de vivir tu historia.
- Si te equivocas, a pesar de lo que te hayan aconsejado, no significa ser un perdedor/a. Cuídate de las posibles etiquetas negativas que pueden surgir si el resultado no es el esperado. Tú eres valioso/a por ser tú, no por la desaprobación por conductas específicas.
- Si eres la persona que desaprueba, valida tus sentimientos. Toma distancia de la decisión del otro/a, deja que se equivoque. Y si lo hace, recíbelo con amor incondicional. Habrás enseñado a ser flexible, permisivo y que tenga la oportunidad de aprender.
“No tengo la responsabilidad de ser como los demás esperan que sea. Es su error, no mi defecto”. (R.P.Feynman)