Cuando llega el momento de ser padres y madres, podemos notar una oleada de miedos, veremos a lo largo de este post cómo manejarlos; algunos con respectos a los pequeños (a que les pase algo malo o grave, a la muerte súbita, al atragantamiento, a que tengan un accidente doméstico, a que no aprendan, a que tengan alguna enfermedad, a que presenten dificultades en el aprendizaje que no puedan salvar…) y otros con respecto a nuestro rol (a fracasar, a no estar a la altura, a no saber resolver los problemas que puedan surgir, a no saber protegerle…)
Desde estos miedos, la vivencia de la crianza se ve muy afectada; podemos sentir que ser papás y mamás a la vez que nos hace inmensamente felices, nos provoca un sufrimiento constante ante la posibilidad de que algo vaya mal… Y en un área donde el miedo puede causar estragos importantes es en la autonomía de nuestros hijos/as.
Hace unos años, una madre pedía ayuda en Centro TAP puesto que su bebé que tenía más de un año, tomaba solamente purés en su presencia, no había permitido que su hijo comiera ningún alimento sólido, ni siquiera una galleta y supervisaba la ingesta en todo momento (que esto ocurra no es algo excepcional). Ella era consciente de que su miedo estaba coartando el desarrollo del sentido de autonomía de su hijo, y se sentía culpable puesto que lo que el niño podía hacer en la escuela infantil, ella se veía incapaz de permitir que lo hiciera en casa. En este caso, vemos la funcionalidad de la culpa, que fue más fuerte que la tranquilidad que ella sentía al asegurarse que no podría sufrir un atragantamiento. Por lo que nos pusimos manos a la obra para gestionar su miedo. Y por supuesto ¡lo consiguió!.
Muchos padres se reconocerán en alguna situación en la que el miedo se ha antepuesto a la necesidad de explorar, de descubrir, de experimentar de su hijo/a. No sólo en materia de alimentación; algunos padres y madres reconocen que han permanecido constantemente de la mano de su hijo para evitar que se cayera en lugar de permitirle que se agarrara a lo que fuera encontrando en su camino para dar sus primeros pasos… Otros no permiten bajo ningún concepto que sus bebés exploren objetos que no sean juguetes adecuados a su edad por miedo a que puedan romperlos o hacerse daño con ellos; y también podemos encontrar quienes por miedo a que sus hijos caigan del sofá, constantemente les ayudan a subir y bajar en lugar de enseñarles cómo pueden hacerlo solos.
¿Qué es lo que busca un ser humano desde su nacimiento?
APRENDER A SER MAYOR. Hemos venido a este mundo a conocer, explorar, tocar, entender, examinar… Por lo que nos van a gustar los mandos a distancia, los botones de la lavadora, los frascos del baño, el rollo del papel higiénico… Y sí, subir por donde no conviene, para ver qué hay al otro lado, correr cuando tenemos vía libre, o abrir los botes para saber qué contienen.
Entonces, ¿si un bebé tiene que explorar, le permitimos hacer todo lo que quiera pese a nuestro temor? Hay que diferenciar entre la autonomía y el sentido de autonomía… Erikson decía que entre el año y los tres años los niños y niñas desarrollan el sentido de autonomía, que es la oportunidad, junto a sus padres, de empezar esa búsqueda. La autonomía es lo que se le da al niño/a, la confianza y capacidad para perseguir sus planes y objetivos. La búsqueda de autonomía es un desafío sin duda para los padres, pero el hijo/a no puede crecer sin ella. Apoyar en este sentido de autonomía no es dejar que el bebé haga lo que quiera, ya que necesita al mismo tiempo libertad y una sana dependencia de su cuidador, un equilibrio entre la seguridad que le aporta el adulto, y la oportunidad de poder descubrir sus propias capacidades.
¿Qué ocurre entonces cuando mamás y papás no permiten que sus hijos sean exploradores? (siempre y cuando no implique un peligro real), que coman solos, y por tanto, que les acompañen en todo momento mientras caminan, suben, bajan… o cuando les regañan golpeándoles en la mano para que no toque algo que no debe? Que los niños reciben un castigo por ser esos exploradores que necesitan ser. Evidentemente, existen peligros y debemos proteger a nuestros hijos … no obstante, conviene que nos hagamos algunas preguntas más:
- ¿Sabemos ver cuándo una situación entendida como peligrosa lo es en realidad?
- ¿O tenemos un miedo irracional y excesivo a que algo malo puede pasar y nos sentimos más tranquilos en la medida en que nuestro hijo pertenece en todo momento a nuestro lado y lejos de aquello que imaginamos que podría ser potencialmente dañino?
Dar respuesta a estas preguntas no es fácil, porque como decíamos al principio de este artículo, tener un hijo activa el miedo, nuestro sistema de alerta, como nunca antes se había activado.
Por lo tanto, entendiendo que el miedo puede aparecer desde el nacimiento de nuestro bebé (en algunos momentos agazapado o en otros, dando claras muestras de su existencia), ser padres y madres ha de implicar el ejercicio de reflexionar, y mirar hacia dentro, con el fin de observar si la falta de regulación de nuestros miedos está interfiriendo en el desarrollo evolutivo de nuestros hijos.
Es importante saber que el miedo cumple su función, gracias a que existe la posibilidad de que se active, ponemos a salvo a nuestra cría, por lo que el objetivo no es NO TENERLO, SINO REGULARLO. La manera de manejar el miedo es enfrentarse a él, no tenemos que esperar a no tenerlo (¡ojalá desapareciera de un día para otro!, se podría pensar… Pero el miedo no funciona así…)
Veamos unos tips que serán de ayuda para entender cómo podemos acompañar en la autonomía de nuestro hijos/as al tiempo que podemos ir manejando nuestros miedos:
- Tener autonomía no significa no tener límites claros y seguros, porque los tiene. Por tanto, como padres y madres no podemos permitir que hagan lo que quieran. Ser permisivos no fomenta una autonomía sana, no debemos olvidar que requieren de la seguridad de un adulto que pone esos límites, orienta, supervisa y acompaña. Pero es importante que el acompañamiento de ese adulto no sea desde el miedo, puesto que no va a poder ofrecer seguridad al niño/a
- Autonomía no significa entender que el niño o niña esté preparado para tomar todas las decisiones, hay decisiones que han de ser exclusivamente de los adultos, pero podemos valorar aquellas decisiones que sí pueden tomar nuestros hijos (como tomar de postre yogur o cuajada). Observemos si entre las decisiones que pueden tomar, obviamos alternativas que siendo adecuadas y demandadas por ellos incluso, no les damos a escoger por nuestro propio miedo
- Para desarrollar la sana autonomía de nuestros hijos debemos hacer uso de buenas claves de seguridad y protección infantil en el hogar. En esta edad requieren supervisión, más adelante podrán tener autocontrol (los niños más pequeños carecen aún de control de impulsos), por lo que retirar objetos que puedan dañarles o que sean frágiles es adecuado. En este caso, sí parece que el miedo a un accidente doméstico sea funcional, pero veamos dónde está el límite, no es funcional retirar todos los elementos de un hogar para evitar un daño, valoremos cuáles son los que realmente suponen un peligro
- No debemos castigar como decíamos aquellos actos que tienen que ver con el sano desarrollo de sus capacidades para explorar. El castigo crea culpa y vergüenza, por lo que no contribuye a esta autonomía sana de la que estamos hablando. Mostrar con cariño que no pueden realizar ciertas cosas, conducen a un aprendizaje, no es necesario que seamos punitivos, no aprenderán más ni mejor
- Poner límites no resulta fácil, más aún cuando nuestros exploradores no aceptan fácilmente el NO si este les imposibilita para conocer aquello que les despierta interés… Por lo que en nuestro rol tenemos que tener claro que debemos enseñar sin esperar que entiendan, puesto que aún no están en el momento de su desarrollo en que puedan hacerlo. Podemos tener miedo a que ese momento de comprender el límite no llegue, pero es cuestión de tiempo que ocurra
Por último, si sentimos que nos cuesta, y no estamos siendo capaces de promover la autonomía de nuestros hijos/as de forma segura, es esencial tomar conciencia de esto y pedir ayuda, a profesionales y a personas de confianza de nuestro entorno, para que este camino en la necesaria autonomía de niño/a y la autorregulación emocional del progenitor se pueda llevar a cabo de una manera saludable.
Si quieres conocer más sobre este y otros temas relacionados con la crianza en Centro TAP trabajamos para que las familias adquieran los recursos y herramientas necesarias para construir su autonomía en la crianza y que desarrollen su rol de padre y madre con la tranquilidad de saber que están haciendo lo mejor para sus hijos/as y familia. Búscanos en redes sociales Crianza Activa y entra en nuestro Programa Aprender a Crecer Juntos.