Existen millones de productos, dietas, y métodos para adelgazar. Hay un negocio detrás de la obesidad y también un empeño en conseguir que aquellas personas que se encuentran por encima del peso medio se propongan perderlo.
Culturalmente, en la sociedad en la que vivimos, se asume que “estar delgado/a” es el deseo común y por tanto existe ese acompañamiento a todos los niveles: médico, psicológico, social… para qué así sea.
Pero; ¿qué pasa cuándo precisamente lo que menos me gusta de mi cuerpo es que estoy demasiado delgada/o?
- El hecho de que “estar delgado/a” sea un propósito para muchos y muchas, y que se mire a las personas delgadas con “envidia” hace que sea mucho más difícil para ellos/as el reconocer que puede ser un complejo o una dificultad igual o incluso más problemática que para alguien que tenga sobrepeso.
Existen pocos estudios acerca de porqué hay personas a las que les cuesta ganar peso. Se encuentran por debajo del IMC (índice de masa corporal) seguramente por una cuestión genética. Están en percentil bajo prácticamente desde el nacimiento, y sin necesidad de hacer excesivo ejercicio o ingerir pocas calorías se mantienen en el mismo peso. Es más, muchas de estas personas incluso intentan métodos para engordar con una ingesta hipercalórica o con fármacos, teniendo grandes dificultades para conseguirlo y volviendo al punto de partida al abandonar esos métodos, al igual que ocurre con alguien cuyo propósito es adelgazar.
Estas personas, no solo lidian con su propio complejo y con las dificultades para conseguir el ideal de su cuerpo, si no que no se sienten comprendidas. Suele ser algo que se lleva en secreto puesto que la idea comúnmente compartida es que estar delgado/a es lo deseado. Se suman la incomprensión, el aislamiento, la soledad, el cuestionamiento y un montón de emociones desagradables más, al hecho de no sentirse cómoda/o con el propio cuerpo.
Debemos concienciarnos de la importancia de no prejuzgar y por tanto no señalar aquellos aspectos del físico de otros. Lo que es bueno para mí, no necesariamente lo tiene que ser para los demás. Dicen, que si aquello que le vas a decir a la persona que tienes en frente sobre su apariencia, no lo puede cambiar en el próximo minuto, entonces no lo digas; véase: “qué gordo estás”, “qué delgada te has quedado”, etc. Sin embargo, siguiendo esta norma, sí son válidos “tienes un poco de comida en el labio”, “se te ha quedado una pelusa aquí”, etc.
Detrás de un físico que consideramos delgado, puede haber causas múltiples que lo estén provocando. En el mejor de los casos, serían las causas mencionadas al comienzo de este post; cuestiones genéticas contra las que es complicado luchar. Pero, desgraciadamente puede haber otras, que sean negativas, donde la delgadez o la pérdida de peso estaría indicando que algo no va bien: una enfermedad, algún trastorno ya sea físico o mental, una situación de estrés que este resultando tan grave que lleve a la persona a un gran descenso de peso, una pérdida o daño que hace que se pierda el apetito y un largo etcétera.
En estos casos, hacer un señalamiento sobre el síntoma estaría significando proponer un tema que quizás esa persona no ha elegido sacar o simplemente provocar una situación incómoda.
Ya sea por unas causas o por otras, es importante tener en cuenta que no sabemos las preocupaciones o pensamientos que hay en cada uno y al margen de que la intención sea buena y el objetivo sea lanzar un piropo o elogiar, es preferible ser cautelosos y mantenernos en la premisa del respeto.
“Juzgar a una persona no define quien es ella, define quién eres tú”