Seguro que alguna vez has escuchado comentarios del tipo “disimula que viene el niño”, o, por tu cabeza, han pasado pensamientos como “mis hijos no pueden verme llorar”, “¿cómo hago para que no lo noten?”
Los niños están atentos a todo lo que sucede a su alrededor y son grandes observadores, por tanto, se dan cuenta de lo que ocurre. No saben el qué, pero son conscientes de que algo pasa.
- La familia es la cuna donde se inicia el proceso de desarrollo. Es el primer espacio donde se establecen los cimientos para un crecimiento cognitivo y socioemocional sano. No existe un modelo de perfección que podamos “copiar” para siempre hacer lo correcto, pues tampoco existe una familia, un hijo ni una persona igual a otra.
- Los padres cumplen una función de espejo, donde los niños se ven reflejados, y es desde ahí, desde la imagen que le devuelven, desde donde aprenden a identificar sus emociones, a regularse, a comunicarse y desde donde adquieren pautas de comportamiento.
Por ello, como padres, es necesario plantearse cuál es la manera en la que quiero educar a mis hijos, pero, además, es importante también, mirarse a uno mismo para comprobar si se está siendo coherente con ese criterio y estamos siendo el modelo que queremos ser.
- Si le pides a tus hijos que te cuenten lo que han hecho hoy en el cole, cuéntales tú que tal te ha ido el día en el trabajo.
- Si quieres favorecer el desarrollo de la creatividad, bríndales un espacio donde poder hacerlo sin estar más preocupados de que manche o rompa algo que de disfrutar con él.
- Si te parece importante que desarrollen buenas habilidades de comunicación, muéstrate disponible a escucharlos.
- Si quieres educarle en la expresión y regulación emocional, comparte cómo te sientes y ayuda a tus hijos a ponerle nombre a las sensaciones que están experimentando, a que se sientan libres a expresarlas, frente al no llores o no hay que enfadarse y fomenta su gestión de manera adecuada.
Establecer una pauta de crianza basada en el acompañamiento, acogiendo emocionalmente a nuestros hijos y enfocada hacia sus necesidades, fomentará ese desarrollo evolutivo saludable que estamos buscando.
- Hay que perder el miedo a que nos vean llorar o se den cuenta de que estamos tristes, porque en vez de trasmitirles que es natural sentir emociones y expresarlas, les estamos enseñando que lo correcto es ocultarlas y disimular.
- Lo mismo ocurre si nos equivocamos, tenemos dudas sobre cómo sería adecuado actuar, o directamente, fallamos. Pedir perdón, reconocer ese error e intentar poner solución, si es que es posible, también forma parte del abanico de herramientas que podemos enseñarles, porque, no lo olvidemos, equivocarnos también forma parte de la vida.
- Compartiendo con ellos, les brindamos la oportunidad de enriquecer su mundo emocional y desarrollamos la famosa inteligencia emocional. Por supuesto, esto no significa que contemos con detalle todo lo que nos ocurre, siempre hay que adaptar la información a lo que pueden entender y manejar en función de su edad.
Si queremos construir una relación de confianza, respeto y amor incondicional con nuestros hijos, debemos empezar por mostrarnos disponibles para ello, comunicando y expresando nuestros propios sentimientos y vivencias, para acompañarlos en las suyas propias, convirtiéndonos en una figura segura en la que se puedan apoyar cuando lo necesitan, pero también andar solos cuando se sientan capaces.
Recuerda pararte y tomar conciencia, de si estás siendo ese modelo que quieres ser. No siempre tenemos las repuestas pero no estás solo lector o lectora el equipo de Centro TAP podrá acompañarte en todo aquello que necesites, estamos a tu lado!