La manipulación forma parte del registro de facultades propias del ser humano. No obstante, por las particularidades que tienen las relaciones de pareja frente a otro tipo de vínculos, la manipulación se emplea especialmente en éste área de la vida.
- La manipulación se define como la capacidad para influir intencionadamente en la conducta (pensamientos, deseos, emociones, acciones, etc.) de otra persona con el propósito de satisfacer objetivos personales. Todas las personas manipulan y son manipuladas. Así ocurre, por ejemplo, cuando alguien esconde sus defectos y acentúa sus mejores atributos con el fin de conquistar a otro o, cuando un anuncio busca emocionar a su audiencia para tratar de vender mejor un producto. La manipulación forma parte de la naturaleza humana y es utilizada prácticamente por todos y en cualquier tipo de interacción social (laboral, familiar, amistosa, etc.). No obstante, existe un tipo de vínculo cuyas particularidades hacen que la manipulación se utilice con mayor frecuencia: la pareja.
- En las relaciones de pareja se forman vínculos más profundos y, por lo general, menos flexibles que en relaciones sin compromiso. Parte de esta inflexibilidad puede explicarse por el hecho de que cuando las parejas construyen la expectativa de un futuro juntos, los riesgos son mayores que en una relación más ocasional. Para muchas personas el compromiso implica confiar la felicidad propia a la otra persona y, como consecuencia, los miembros de las parejas incorporan reglas estricticas en su relación para proporcionar garantías contra posibles decepciones y traiciones. Éste es uno de los factores de vulnerabilidad para que la manipulación aparezca y se mantenga.
- Además, nuestra sociedad occidental se cimenta sobre el constructo social del amor romántico que asume cosas como “quien bien te quiere te hará llorar” o “en pareja hay que ceder y no mirar por una/o misma/o”, lo que favorece una actitud laxa ante comportamientos de manipulación por parte de la pareja.
¿Es aceptable la manipulación?
- Que la pareja modere su tono de voz para no entrar en una discusión puede considerarse una estrategia de manipulación aceptable. Sin embargo, que una persona haga creer a su pareja que sus familiares y amistades no le convienen con el fin de mantenerla aislada de cualquier cosa que no sea la relación es, por sus devastadoras consecuencias, inaceptable.
- La manipulación se organiza en torno a un amplio espectro de estrategias que se disponen desde el convencimiento o la persuasión hasta la amenaza y la coacción. La clave no está tanto en la búsqueda de la influencia en el otro, sino en las técnicas empleadas para ello y en las consecuencias que de éstas se derivan.
Prevenir la manipulación
- Evitar o prevenir la manipulación presenta un problema que no se encuentra en otras situaciones y que tiene que ver con la propia naturaleza de la manipulación. Someterse a las consecuencias de comportamientos de riesgo bajo el conocimiento de que lo que se está haciendo conlleva un riesgo permite elegir hacerlo (es sujeto activo). Por ejemplo, cuando se hace una campaña con el fin de concienciar a las personas de que fumar incrementa las probabilidades de desarrollar un cáncer, aquél que decide fumar sabe que está fumando y asumiendo un riesgo. Sin embargo, cuando se trata de prevenir la manipulación, el problema radica en que uno no es consciente de estar siendo manipulado y por tanto no puede elegir no ser manipulado (es sujeto pasivo).
Frente a esta problemática la clave principal para tratar de prevenir la manipulación consiste en aprender a identificarla y, por tanto, es necesario ser conocedor de los mecanismos que se emplean para ello.
A continuación, se presentan tres de las técnicas de manipulación más frecuentes y graves que se utilizan en relaciones de pareja:
- AISLAMIENTO Y DESAPEGO DE LA VIDA PREVIA. El manipulador induce al manipulado a la idea de que la vida que llevaba antes de la relación no era buena (ej. “nunca nadie antes, ni tus padres, te han querido tanto como yo”, “elegiste mal tus estudios” …) y que gracias a él/ella se ha dado cuenta. El manipulador se posiciona como “salvador” y persona más importante de la vida del que es manipulado.
- LUZ DE GAS. El manipulador niega la realidad o falsea la información en favor de sus intereses, induciendo al manipulado a un estado de duda permanente y atribuyéndole la causa de los problemas con afirmaciones del tipo “estás loco/a”, “¿cómo puedes haberte inventado eso?”, “te lo estás imaginando, está todo en tu cabeza”.
- CHANTAJE EMOCIONAL. El manipulador premia o sanciona las actitudes del miembro manipulado a su conveniencia. Induce miedo o culpa ante aquellos comportamientos que se desvíen de sus objetivos (Ej. “salir con tus amigos y dejarme solo/a en casa es demostrarme que en el fondo no te importo nada”) y estimula con afecto o no generando un conflicto aquellos comportamientos que sí están orientados a sus intereses.
El uso repetitivo de estas técnicas de manipulación lleva lenta y paulatinamente a la fabricación de un estado mental de dependencia en el que el manipulado cree que está con quien desea, cree que es el causante de los problemas en la relación y cree necesitar a su pareja para estar bien y ser feliz.
Otras claves importantes
- Uno de los principales recursos para prevenir la manipulación tiene que ver con la evolución de la percepción de lo ocurrido a través del tiempo. Cuando en pareja se negocia, se comunican asertivamente las necesidades o puntos de vista y se llega a algún acuerdo, es habitual que las personas entiendan por qué han decidido lo que han decidido y estén convencidas de su posición en el corto, medio y largo plazo. Sin embargo, cuando una decisión es fruto de la manipulación, es mucho más probable que en el medio y largo plazo no se esté tan de acuerdo (incluso aunque se funcione de forma coherente con lo decidido).
- Otra clave que puede ayudar a detectar la manipulación tiene que ver con cómo le explicaríamos a otra persona por qué hemos decidido lo que hemos decidido. Si la manera de argumentar nuestra toma de decisiones es “lo hago para que mi pareja no se enfade”, “siento que se lo debo”, “con todo lo que hace por mí, yo también tengo que sacrificarme” o “pobre, es que me he sentido fatal”, quizá merezca la pena valorar si está habiendo dinámicas manipuladoras.
- En ocasiones, podemos caer en la trampa de invalidar nuestras propias emociones y considerar que nuestra percepción es errónea. Este proceso llevado al extremo es el resultado de lo que anteriormente se recogía como “luz de gas”. Es importantísimo aprender a dar validez a nuestras emociones y percepciones y en caso de duda, cotejarlas con alguna persona fuera del vínculo de la pareja para tener una referencia “libre de manipulación”.
Si sientes que necesitas ayuda para gestionar tu relación de pareja o no volver a repetir relaciones con esta base, el equipo de especialistas de Centro TAP, estaremos encantadas de acompañarte.
-
Contenido realizado por las profesionales: Diana Lozano López y Laura Coronel Hernández

Diana Lozano López
Sexóloga y Psicóloga Sanitaria

Laura Coronel Hernández
Psicóloga Gral. Sanitaria