¿Cuándo hablamos de adicción al sexo?
Habitualmente, la adicción al sexo se ha relacionado con prácticas fuera de lo común o con una frecuencia mucho mayor a la media. Entonces, la primera respuesta que viene a la mente es compararlo con la “normalidad”. Estimar cual es la frecuencia normal o cuáles son las prácticas que son más comunes y así determinar si existe o no una problemática.
- Lo cierto es que no se relacionaría con ninguno de estos dos aspectos. La adicción al sexo, como las demás adicciones conductuales (a las compras, al juego, a las pantallas…) vienen determinadas por la dependencia que muestre la persona, por su capacidad de controlar su comportamiento y elegir cuándo llevar a cabo las prácticas sexuales y cuándo no.
- No nos fijamos en cuántas veces o en qué se hace, si no en para qué lo está haciendo la persona, que función está teniendo.
- Estas conductas suelen ser la forma que tiene la persona de evadirse de las emociones desagradables, como la tristeza, la soledad o el estrés. Aunque a corto plazo esta estrategia pueda funcionar, dichas emociones perduran y se suman al malestar provocado por la propia adicción.
Las características que suelen darse son:
- La persona piensa constantemente en llevar a cabo la conducta (consumir pornografía, practicar cibersexo…).
- Gastar gran cantidad de tiempo y/o dinero en la conducta adictiva.
- Al gastar tanto tiempo en estas prácticas, es común dejar de lado la vida social, la familia, los estudios y el trabajo.
- Sentir culpa o vergüenza y tratar de esconderlo al entorno.
- Sentir que no se tiene la capacidad de elegir no hacerlo, aun experimentando emociones desagradables como culpa y vergüenza.
- En caso de dejar de realizar la conducta o postponerla, sentir un gran malestar (síndrome de abstinencia). Al llevar a cabo la conducta, ese malestar y nerviosismo disminuyen, pero en su lugar aparece la vergüenza, la tristeza, el arrepentimiento y la culpa.
Pero ¿por qué no determinarlo por la frecuencia?
Entre otras razones, para utilizar la frecuencia como método de medición implicaría determinar cuál es la frecuencia normal o cual es la frecuencia esperada para una persona promedio. Esto, hace que nos comparemos unos con otros, cuando la situación de cada individuo es diferente y muy variable (afectará la situación sentimental, la edad, la paternidad, la situación emocional, etc).
- Además, cabe considerar el efecto que tiene la sociedad en cuanto a lo que se denomina “normal” y fuera de lo “normal”.
- En el pasado, el sexo era un tema tabú, con roles muy marcados que han perdurado mucho tiempo: el hombre con un gran deseo sexual y la mujer con muy bajo deseo.
- Pese a que esta idea era antes muy común, en la actualidad existe una concepción completamente opuesta y no por ello mejor. Ahora se espera, sobre todo en las mujeres, la hipersexualización.
- Vivimos en una sociedad en la que se fomenta la idea de una mujer con un alto deseo constante, lo cual la convertiría en una mujer “liberada”. Pero esto en muchas ocasiones hace que esta sienta una gran presión por encajar en este rol y forzarse a cumplir con lo esperado. Es por eso por lo que lo considerado “normal” en el pasado no coincidiría con la “normalidad” actual, siendo una forma de medida muy variable y subjetiva.
Esperamos que esta lectura te haya resultado de interés. Sin embargo, si tras su lectura, valoras que te gustaría continuar conociendo este aspecto o abordar en mayor profundidad algún aspecto tratado en el post, estaremos encantadas de poder acompañarte para que conectes con tu sexualidad desde el placer y el bienestar. Contacta con nosotras y te acompañaremos en todo aquello que necesites.