La tecnología y redes sociales han supuesto un avance y una evolución en la sociedad, y esto no se pone en duda, pero se ha de destacar otro tipo de implicaciones que el uso de las mismas y sus aplicaciones a la vida cotidiana puede generar, y en este caso en la psicología. Y es verdad que cada vez se hace notable que la población accede a contenidos de psicología clínica con un movimiento de dedo o como antiguamente se decía más, con un simple clic.
- Y esto, por un lado, es favorable ya que los conocimientos se han vuelto más accesibles para toda la población, es decir, las personas con menores recursos pueden acceder a conocimientos que en un tiempo estaban reservados a personas que estudiaban un grado, que podían permitirse estudiar en la universidad o acudir a cursos formativos. No obstante destacar que aún queda mucho camino por recorrer en tal aspecto, ya que existen diversas barreras que hacen que el uso de las nuevas tecnologías sea también discriminativo del poder adquisitivo (disponibilidad para acceder a un teléfono, Tablet y ordenador, tarifas de datos, etc.), de la disponibilidad del tiempo dedicado al ocio, los conocimientos adquiridos sobre las Tics o por ejemplo de la discriminación por edad.
Si bien es cierto, tenemos más acceso a conocimientos, libros de autoayuda, reels o historias de profesionales de la psicología (y otros tantos que realizan labores de terapia sin estar debidamente acreditados). Se incrementa el conocimiento sobre aspectos de la conducta humana, potenciando mayor concienciación y apertura al reconocimiento de la importancia de la salud mental, tanto en la población infantojuvenil como en adultos, mayores, embarazo, etc.
- No obstante, cabe destacar que estamos en la era de la información rápida, noticias falsas y muchas veces la sobreinformación sobre la conducta humana sin un conocimiento previo no conlleva consecuencias positivas, es más puede asemejarse más a la desinformación. Ello no supone que se descarte todos estos instrumentos de conocimiento, más bien, que ampliemos nuestra mirada crítica y reflexionemos sobre la industria de la psicología popular, en la que muchas veces se muestra un conocimiento contrario a lo que la evidencia científica refiere.
Cabe recordar que tanto los juicios, como el análisis de la conducta humana no están exentos de contener sesgos cognitivos, por lo que cada persona que está añadiendo un contenido, por muy profesional que pueda ser e intentar mantenerse objetivo, sea cual fuere ya está sesgando la información. Además de tener en cuenta que existen otras influencias o intereses que influyen como el político-social y el económico.
No son pocas las ocasiones en las que se obtiene tanta información por redes sociales que en determinados momentos se acaba fomentando comportamientos de hipervigilancia, rumia, etc. Por no hablar de cuantas personas explicitan contenidos con información generalista que acaba concluyendo “verdades” sobre el diagnóstico de nuestros problemas/ dificultades, concretando diversas o únicas hipótesis de origen de nuestros problemas, bastante difíciles de poner a prueba en un proceso terapéutico. Se enfatiza el término “verdades” porque muchas veces no se verbaliza que dichas hipótesis tienen un carácter probabilístico, por ello, se pondrán a prueba y se evaluará su aproximación a las mismas en el mismo proceso terapéutico.
Diversas consecuencias de estos fenómenos se hacen notables en consulta.
Como decía Kelly (teórico de la personalidad) en 1955, “todas las personas somos psicólogos de salón”, es decir, intentamos conocer por qué hacen lo que hacen las personas de nuestro entorno, pero lo hacemos desde el conocimiento al que podemos acceder (por supuesto no es completo) y no en pocas ocasiones no disponemos de herramientas para evaluar la veracidad de algunas de las afirmaciones. Sumando a ello, encontramos la influencia que tiene diversas explicaciones generalistas del comportamiento generalista con el uso de etiquetas diagnósticas para diversos casos o conceptos muy abstractos, en las que estos constructos se vuelven causa de los comportamientos.
- Por un lado, esto fomenta que las personas realicen un autodiagnóstico de sus problemas, generalmente aludiendo a variables disposicionales individuales o ambientales de su contexto más próximo, como es el familiar, obviando otros contextos como puede ser el cultural, por lo tanto, el análisis queda pobre, perdiendo variables significativas en el proceso de evaluación. Además, muchos podemos identificar algunos síntomas, que de manera aislada o puntual tenemos pero que no podrían enmarcarse dentro de un síndrome, necesario para poder establecer un diagnóstico.
- Por otro lado, se genera cierta sensación de querer avanzar rápido en el proceso terapéutico al saber su “diagnóstico”, pudiendo poner en riesgo la práctica clínica por la aplicación generalizada de tratamientos estandarizados para “problemas tipo” que no tengan en cuenta las diversas historias de aprendizaje de cada consultante.
Pongamos esto en un ejemplo: Algunas personas atribuyen todas las dificultades y problemas que presentan en la actualidad al tipo de apego que se generó con sus cuidadores en la infancia, explicitando sus hipótesis como verdades y utilizando mantras durante las sesiones como “es mi apego inseguro, es por mi apego desorganizado que en determinadas ocasiones me atraen personas -tóxicas-”, este fenómeno no está apartado de la actual influencia de publicación de contenidos tanto en redes sociales como en libros basados en la teoría del apego, y si señorxs, la psicología y su práctica también se relaciona con el ambiente, siendo por ello susceptible de incentivar ciertas modas en el sector. Y ahora hagámonos preguntas con respecto a lo que significa llegar a ciertas “conclusiones”:
¿por qué todas las explicaciones del por qué y el para qué del comportamiento están basadas en el tipo de apego que se generó con tu cuidador en tu infancia?
¿para qué te sirve confirmar tu tipo de apego según tu primera infancia y quedarte trabajando en ello enfocado en el pasado cuando en tu día a día esos comportamientos no son los mismos, el ambiente no es similar y la funcionalidad de tus conductas puede ser diferente?
O ¿Por qué vemos un vídeo sobre el horóscopo, el significado de nuestro nombre o acudimos al vidente, guía espiritual, gurú? ¿qué función cumple utilizar el horóscopo, eneagrama para definir su personalidad actual y explicar y/o predecir el comportamiento?
En diversas ocasiones nuestra conducta puede estar motivada por el deseo rápido de saber o descubrir nuestras dudas, solucionar nuestros problemas y calmar nuestro malestar. En otras ocasiones, cuando se hace referencia a nuestro futuro, es probable que vivenciemos cierta sensación de incertidumbre, lo cual estas explicaciones pueden aportarnos “cierta anticipación” y aumente nuestra sensación de control sobre el suceso.
Evolutivamente la conducta de evitación o alejamiento de estímulos que producen malestar es adaptativa, y a corto plazo puede aliviar ese malestar, lo cual no es contrario a que sea disfuncional, ya que influye en el mantenimiento de nuestras dificultades y generae consecuencias a largo plazo peores aún. Esto puede causar cierto rechazo o dificultad a la hora de entender las explicaciones, ya que contradice el sentido común que se promueve en la industria de la psicología popular nuestras inducciones informales, es decir, las suposiciones que hacemos sobre la conducta humana basadas en nuestras intuiciones, y como bien decía Voltaire en 1764 “el sentido común no es tan común” y más en psicología.
Muchas veces encontramos predisposiciones a nivel de personalidad o factores aprendidos y mantenidos por la interacción de la persona con su ambiente como pueden ser: una baja tolerancia a la incertidumbre acompañada de una alta necesidad de control y de rigidezcierre cognitivao, creencias irracionales perfeccionistas, creencias distorsionadas o de ilusión de control y pensamientos mágicos entre estos que explican mejor la falta de adaptación de la persona, o no el tipo de apego que tuvo con sus cuidadores principales.
¿Por qué esa persona “da en el clavo” sobre cómo somos o nos comportamos? ¿es magia, energía o poderes que tiene para acertar en nuestro pasado, presente y futuro? ¿Has vivenciado que una persona que no conoces de nada ha descrito tu personalidad y te parecía que te conocía de toda la vida?
Por suerte esa persona no tiene poderes o energías especiales, lo que es que cuente con un gran bagaje de las conductas de persuasión y sobre necesidades básicas de las personas. Además, como muchas pseudociencias o parapsicología puede estar beneficiándose del efecto Forer o falacia de validación personal (y otros tantos sesgos cognitivos.)
Todas las personas somos vulnerables a este efecto, sobre todo cuando percibimos y aceptamos como válida una afirmación vaga, generalista y ambigua sobre nosotros y nuestro comportamiento (pasado, presente y futuro), la cual no llega a una conclusión específica, pudiendo ser igualmente válida para cualquier otra persona con quien comportamos cultura.
Es más probable que nos dejemos influir por este efecto cuando el contenido es importante para nosotros, cuando la fuente que lo explique sea una figura de autoridad o que nosotros le atribuyamos a esa persona un estatus o autoridad (ya que simplemente por ese hecho le damos mayor validez y más fácil es su aceptación) y, por último, como anteriormente se ha comentado, que el contenido sea ambiguo, es decir, que remarque tanto rasgos positivos como negativos.
¿Qué podemos hacer?
- Informarnos si es una fuente fiable de la cual estamos recibiendo el conocimiento. Esto no exime que, aunque sea una institución pública dedicada a la formación, no se realicen formaciones o intervenciones desde enfoques o técnicas que no estén basadas en la Práctica Basada en la Evidencia.
- Saber qué profesionales están hablando o escribiendo los libros, además de conocer y/o intentar comprender el modelo desde el que ellos trabajan y comenzar a comprenderlo.
Todo ello, en el caso que expongan el modelo desde el que parten, ya que existen una multitud de libros que están escritos por personas dedicadas a actividades externas a la salud tanto individual como comunitaria, que cuentan “su método infalible para…” basados en teorías anticuadas, inventadas o pseudocientíficas.
- Cultivar y mantener una actitud crítica ante tal bombardeo de información en redes o a través de libros. Reflexionar sobre nuestro comportamiento de consumo de contenidos y la función que cumple para nosotros.
- Dudar y mantener una actitud crítica ante contenidos amplios y generalistas porque cuanta más amplitud más probabilidades de identificarnos y encontrar ejemplos en nuestro día a día encontraremos.
- Dudar sobre los diagnósticos rápidos, el uso de etiquetas absolutistas y el autodiagnóstico. Las etiquetas diagnósticas son resúmenes generalistas del repertorio de conductas, no tienen mayor poder explicativo. Los términos en salud mental referidos a la conducta, son un continuo, no hay blanco o negro, se basan en la conducta, por lo tanto, es lógico que podamos identificarlos en nuestros día a día o historia de vida, lo cual no quiere decir que si tengo x síntoma + x síntoma = tengo un trastorno llamado “X”.
- Resistir las ganas de avanzar rápido, querer tips desde la primera sesión de terapia, esperar resultados rápidos casi mágicos sin realizar adecuadamente la fase de evaluación del problema y, sobre todo, dudar de aquellos procesos en los que sí que te brindan estas soluciones rápidas/mágicas.
- En lo referente a terapia, invitamos a tomar un papel activo, preguntar, interesarse por conocer cómo es el proceso terapéutico, el modelo desde el trabaja la persona. Por eso, desde Centro TAP ofrecemos la primera sesión gratuita para tratar todo ello y que puedas tener la oportunidad de experimentar y verbalizar si el proceso puede encajar contigo.
El equipo de profesionales de Centro TAP podrá acompañarte en todo aquello que necesites. Contacta con nosotras para resolver cualquier duda que puedas tener al respecto.