Cada vez es más frecuente el que conozcamos a alguien que mantiene una relación a distancia. Una amiga que se ha ido de Erasmus y ha vuelto en una relación (pero sin la pareja), un compañero que se enamora en un viaje de negocios, o una pareja ya establecida que sufre algún contratiempo y una parte se debe mudar. También se vuelve más frecuente el mantener una relación con una persona a la que nunca has visto en persona, sino a la que has conocido por redes sociales.
- ¿A qué se debe esto?
Principalmente, se debe a que las redes sociales cada vez obtienen más uso, están más presentes en nuestra vida, y las personas tenemos la “tonta manía” de usar aquellas herramientas disponibles a nuestro alcance. Antes hablábamos con 20 personas, ahora podemos hacerlo con 200 – esto da más probabilidades de conocer y mantener contacto con personas con las que antes, quizás, no nos lo planteábamos.
También influye la presencia que están teniendo redes sociales específicamente diseñadas para encontrar pareja: Tinder, Grindr, Hinge, Bumble… al final, esto hace que cada vez sea más normal decir en voz alta “la he conocido por internet”. Asumimos menos coste de decirlo, porque cada vez está menos castigado, y por tanto lo visibilizamos más.
Por supuesto, el ritmo de vida que llevamos (derivado del sistema social y económico en el que nos encontramos) nos deja tiempo y/o ganas limitadas para conocer a gente “en persona”, disponiéndonos a buscar otras vías que consideramos llevan menor coste. Al final, es más anónimo, da menos vergüenza, no pasa nada si la lío porque simplemente puedo hacer “ghosting” (dejar de hablar a la persona, bloquearle), y empezar otra vez.
Hay algo muy bonito en las personas, que forma parte de nuestra maturaleza como seres sociales, y es que tendemos a buscar conexión con otras. Nos gusta sentirnos cerca, intimar, vincular. Y eso lo hacemos por todos los medios necesarios, ya sean cartas que cruzan el planeta, un “Alsa por amor”, o por el teléfono. Toda la vida ha habido relaciones a distancia, hay historias preciosas de personas que nunca se conocieron en persona (pero se amaron). Esto no es nada nuevo (por suerte).
- ¿Qué efectos puede tener esto?
Empecemos por el principio: el formato que toma una pareja no tiene por qué afectar a la calidad de esta. Cada pareja es un mundo, y todas tienen sus especificaciones: necesidades, deseos, objetivos, barreras, facilitadores. Hay personas perfectamente capaces de conectar a niveles íntimos con otras a través de internet, que pueden sentirse más cerca de ellas que de sus relaciones presenciales. Al final, de nuevo, la función es mucho más importante que la forma.
“Bueno, pero ¿esto no puede hacer que nuestras relaciones se vuelvan esporádicas, líquidas, insustanciales?” en este momento voy a hacer uso de nuestra palabra favorita: depende. El formato de red social para buscar pareja puede ser el que facilite más estas cosas – escojo por características superficiales a cientos de personas, hablo a decenas, puedo hasta copiar y pegar mensajes, y si una no me contesta no pasa nada, que tengo quince más. El formato no es la causa, pero sí que puede facilitar estas características en base a la persona y el caso en específico.
Al fin y al cabo, gente que no cuida del otro ha habido toda la vida. Si alguien se comporta así por Tinder, también podría hacerlo en otros contextos. El caso es el uso que doy YO de la red social, qué red social es y con quién me encuentro por el camino.
Yéndonos a otras redes sociales (Twitter, Instagram, Tumblr, TikTok), la persona publica contenido que siente que le representa o que quiere que le represente, y asume lo mismo de los demás hasta el mismo punto en que lo hacemos en persona. Puede interactuar con el contenido de cualquiera, mandar mensajes y entablar conversación. En estas circunstancias, tiene sentido que en ocasiones florezcan los sentimientos.
Las relaciones por internet resultan especialmente atractivas para aquellas personas que consideran que no pueden encontrarlas de forma presencial. Por ejemplo, las comunidades online son un entorno protector para la juventud LGTBQ+, en un mundo en el que quizás su propia familia o amigos no les aceptan, y en el que en pueblos pequeños es posible que no haya muchas otras personas con las que relacionarse de forma sexoafectiva.
Al final, internet es una herramienta. Puede usarse para cosas buenas, o para cosas menos buenas. Lo importante es qué queremos hacer con él, con qué nos puede ayudar, y compaginar mi vida presencial con mi vida online (intentando que ninguna tape a la otra).
Es cierto que el pasar tiempo en internet te quita tiempo de pasar tiempo en el mundo presencial, pero quizás hay que preguntarse por qué, en primer lugar, puede ser más atractivo lo online. ¿Me da miedo interactuar con personas? ¿Siento que puedo conectar de forma presencial? ¿Mi entorno es estimulante, seguro, cómodo?
Esperamos que esta lectura te haya resultado de interés. Sin embargo, si tras su lectura, valoras que te gustaría continuar conociendo este aspecto o abordar en mayor profundidad algún aspecto tratado en el post, estaremos encantadas de poder acompañarte.
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