La gestión emocional es el conjunto de procesos psicológicos que nos permiten identificar nuestras emociones y expresarlas de una forma adaptativa y funcional. Para nuestra salud mental y vital, este proceso es algo fundamental ya que permite una mayor estabilidad y estado de satisfacción general.
Sin embargo, este proceso emocional es una de las grandes tareas pendientes que nos encontramos, tanto en la edad adulta como en la niñez. Frecuentemente, observamos dificultades a la hora de identificar y gestionar las propias emociones, dando lugar esto a diversidad de conflictos, tanto personales como interpersonales.
Pero, si la gestión emocional es algo que nos puede aportar tantos beneficios a nivel personal y social, ¿por qué nos cuesta tanto llevarla a cabo?
Durante mucho tiempo, ha sido común ver en la sociedad la idea de que todo lo relacionado con las emociones y su expresión era señal de debilidad. Esta idea puede ser interiorizada desde la infancia e influir a lo largo de la edad adulta considerando la expresión emocional como algo inútil o incluso perjudicial, limitando el desarrollo de habilidades emocionales.
Por ello, para elaborar una adecuada gestión emocional desde la infancia es importante contar con modelos que faciliten su conocimiento y aprendizaje.
Independientemente de que esto ocurra o no, en la edad adulta podemos seguir encontrando dificultades para expresar nuestros sentimientos por diferentes motivos. Algunos de ellos pueden ser:
- Escasa educación emocional. Muy relacionado con lo comentado anteriormente, muchas personas no pueden decir cómo se sienten y qué emociones están presentes en ellos porque lo desconocen, debido a la limitada educación recibida al respecto, existe escasez de habilidades emocionales que les permitan identificar y ponerle nombre a sus sentimientos.
- Presencia de ideas irracionales. En el histórico a nivel social y cultural, en muchas ocasiones, se ha visto asociada la expresión de las emociones con debilidad, fragilidad o falta de autocontrol, estas creencias han podido impedir durante años, el interés en la gestión y expresión emocional por miedo a mostrar una imagen de uno mismo que no se desea.
- Asignar una connotación negativa a las emociones. Igualmente relacionado con la presencia de ideas irracionales, se encuentra la creencia de que existen emociones buenas y emociones malas. Sin embargo, en este punto es relevante destacar que las emociones por sí mismas no son buenas o malas, pueden ser agradables o desagradables de sentir, pero todas tienen una funcionalidad ante la situación vivida. La idea de que algunas de ellas son malas, ha podido dar lugar a que emociones como la tristeza o el enfado intenten ser eliminadas y se evite su expresión para así, impedir mostrarse de una forma que no se quiere al exterior.
- Autoestima baja. Si no se tiene una autoestima sana, en muchas ocasiones, sentiremos que no tenemos derecho a expresar nuestras emociones. Podemos pensar que nada de lo que sentimos es lo suficientemente importante, que no será relevante para otra persona o que, si lo expresamos, otras personas se alejarán de nosotros.
- Falta de comunicación asertiva. Es posible que en diferentes ocasiones que hayamos querido expresar nuestras emociones, no hayamos encontrado las palabras adecuadas o no hemos obtenido la respuesta esperada del otro. Esto ha podido inducir un miedo a la expresión de lo que sentimos y hemos optado por el silencio ante la situación.
- Etapa de estrés. Cuando nos encontramos en un periodo de sobrecarga emocional, nos sentimos más irascibles y esto hace que la gestión emocional sea aún más difícil de llevar a cabo. Ante estas situaciones podemos sentir que las emociones nos desbordan y que no tenemos las habilidades suficientes para gestionarlas.
- Resistencia al cambio. Éste es uno de los motivos que con mayor frecuencia nos podemos encontrar en terapia debido a que las personas pueden tener aprensión a comenzar el trabajo con emociones que pueden resultar incómodas para ellos. En estas ocasiones, podríamos decir que las personas que se niegan a este trabajo personal prefieren “lo malo conocido que lo bueno por conocer”, limitándo la mejoría de la gestión emocional y, por tanto, de su bienestar general.
Son numerosos los motivos que pueden influir en la dificultad de gestionar nuestras emociones, muchos de ellos relacionados con dificultades a nivel personal y, otros muchos, vinculados también con la educación recibida desde nuestra infancia y la sociedad en la que hemos crecido. Reconocer estas dificultades es el primer paso para poder comenzar a trabajar en ellas y, así, conseguir un mayor bienestar emocional y estabilidad general.
Las emociones no se pueden evitar, pero sí que podemos trabajar en su gestión, ésta es la que nos puede influir en un mayor cuidado emocional. Con ello, estaremos protegiendo nuestra salud mental y general, ya que podremos llevar a cabo una vida más equilibrada.
Si sientes que la gestión emocional es una tarea pendiente para ti y te gustaría seguir trabajando hacia una adecuada regulación y expresión emocional, en Centro TAP estaremos encantadas de acompañarte en este maravilloso mundo del conocimiento emocional.