Son muchas las personas que sufren si se ven solas en una situación concreta, o incluso por el hecho de anticipar que vayan a estarlo. Existe el miedo a la soledad: a no tener planes este fin de semana, llegar del trabajo y no tener nadie con quien hablar, ir a cenar a ese sitio nuevo sin la compañía de alguien… Este miedo conduce en muchas ocasiones a relaciones dependientes de corte ansioso, donde la persona permanece en el vínculo pese a que el refuerzo sea bajo, solo por el hecho de pensar que no tenerlo y estar en soledad, será peor.
La soledad, entendida de forma objetiva, es una situación en la que uno no está acompañado por otro/s, y, por tanto, no es negativa (de hecho, puede ofrecer muchos beneficios para quien la vive). Pero para quien tiene una connotación negativa, estaríamos hablando no de un estado, sino de un sentimiento que nace ante la percepción de no formar parte.
- El ser humano es un ser social, desde que nacemos necesitamos para nuestra supervivencia pertenecer, ser cuidados y protegidos por aquellos que ya cuentan con recursos, dado que nacemos con muchas carencias que no nos permitirían vivir sin esa ayuda. De entre las especies animales, además, el ser humano es la que más tiempo requiere para adquirir destrezas, competencias y habilidades suficientes para valerse por sí mismo, con lo que la necesidad de pertenecer es mayor.
De manera que, si históricamente la pertenencia ha facilitado la supervivencia y el sostén, tanto a nivel físico como emocional, parece claro que en nuestro “ADN como especie” el pertenecer es algo imprescindible para nuestro adecuado desarrollo. Además, las investigaciones indican que sin lazos afectivos con otros seres humanos, los niveles de estrés incrementan y el sistema inmunológico se puede ver afectado negativamente, por lo que se buscará la pertenencia de manera innata como fórmula de bienestar físico y emocional.
- Existe un sentimiento de soledad ante la pérdida de un ser querido, ante un duelo o una ruptura, donde la persona requerirá de un tiempo para reorganizarse física y emocionalmente. También puede estar presente este sentimiento ante el hecho de no tener pareja, en una sociedad donde a día de hoy se sigue interpretando que estar en pareja es un estado a alcanzar, sinónimo de felicidad y éxito vital. Y existe una soledad social, donde uno se cuestiona si verdaderamente pertenece y significa en el grupo.
Por tanto, podemos hablar también de soledad como ese sentimiento que surge cuando para el individuo existe una distancia significativa entre lo esperado y lo real en los vínculos afectivos, y por tanto, uno interpreta que para otra persona o grupo de personas no es lo suficientemente importante.
- Es lícito que alguien se sienta solo, no debemos invalidar a quien tiene este sentimiento con frases como “qué tontería que te sientas así”, “no tienes motivos para pensar eso”, “pero si tienes mucha gente alrededor”, etc.
Cualquiera podemos sentirnos solos, y no en uno ni en dos, sino en muchos momentos de nuestra vida; la cuestión es, ante este sentimiento, ¿qué podemos hacer? Os ofrecemos una serie de recomendaciones para manejarlo
- Valora quiénes son las personas que conforman tu entorno. Enumerarlas y ser consciente de ello puede ser suficiente para identificar las personas que nos rodean, qué nos ofrecen, qué necesidades cubren, y cuáles no.
- Si consideras que tus necesidades afectivas no están cubiertas, plantéate si algunas de estas personas podrían hacerlo pese a que en la actualidad no lo percibas así.
- Pregúntate si has hecho explícitas tus necesidades (recuerda que no somos adivinos) y en caso de no ser así, elige con quién hacerlo. A veces no pedimos por miedo al rechazo, y aunque no podemos negar que exista cierto temor de llevarse una sorpresa, no necesariamente ha de ser negativa.
- Valora si las expectativas con respecto a los demás están ajustadas, quizás los demás te ofrecen lo que pueden, aunque no se corresponda con lo que te gustaría. Que no te den más, no significa que no formes parte y por tanto, que no seas importante.
- Analiza si compartes valores, intereses e inquietudes con tu entorno actual, y valora la posibilidad de conocer personas con quienes puedas compartir estos aspectos. Quizás estás rodeado de personas, pero te sientes solo/a porque ya no te encuentras en el mismo punto vital… ¡Puedes ampliar tu círculo y paliar este sentimiento de desconexión!
- A veces rehuir del sentimiento de soledad nos hace incomodarnos cada vez más con esto. Es importante que, ante la soledad, como ocurre con cualquier otra emoción, nos expongamos a ella para un buen manejo. Huir de lo que nos pasa incrementa la sensación de malestar y puede llevarnos a anticipar, por lo que se puede desencadenar el miedo a la soledad.
- Interpreta la soledad como una oportunidad para elegir cómo quieres pasar tu tiempo, entretenerte, cuidarte, y, sobre todo, escucharte. Porque a muchas personas les ocurre que con las distracciones sociales no se dejan escuchar lo que pasa en su interior (y la mejor manera de cubrir nuestras necesidades es escucharnos). Además, piensa que escucharse a uno mismo sin el “ruido” exterior, permite también tomar conciencia de ciertas creencias u opiniones, sin mediar la influencia de valoraciones externas.
- Elige periodos de soledad, de manera que en aquellas ocasiones en que se dé una soledad “forzosa” no te encuentres desubicado/a, porque estarías en una situación confortable en la que te has acostumbrado a estar.
Por último, el mayor miedo que podemos tener no es estar solas/os, sino quedarnos anclados a una soledad no deseada, pero párate un momento y piensa, ¿conoces a alguien que, queriendo estar acompañado, se haya quedado solo? Seguro que, si lo desea, (y quizás se enfrenta a ciertos miedos) podrá conectar con personas que le posibiliten pertenecer.
Si consideras que quieres ahondar en este tema y que te acompañemos con claves para su manejo, no dudes en contactar con el equipo de Centro TAP.