A nivel cerebral, el uso prolongado de las pantallas produce cambios que aumentan las ganas de seguir usándolas. Esto es así porque cuando estamos aburridos, tristes, preocupados o con ansiedad y recurrimos a una pantalla, esta consigue dos efectos claros; por un lado, un efecto de relajación y tranquilidad, y, por otro lado, un efecto de entretenimiento y distracción instantáneos.
Es decir, cuando usamos las pantallas se produce un pico de dopamina, un neurotransmisor encargado de producir placer y que tiene un papel fundamental en las adicciones.
Al interrumpir el uso de las pantallas, la dopamina disminuye poco a poco, lo que hará que esta sensación de placer disminuya también, y queramos buscar de nuevo lo que nos ha hecho sentir bien, en este caso las pantallas.
Las consecuencias derivadas del uso constante de pantallas son múltiples, algunas de las que más suelen preocupar a los padres son:
- Problemas de atención: esta constante y cambiante estimulación puede derivar en dificultades en los menores para mantener la atención en tareas más largas o repetitivas, lo que podría generar problemas académicos por una dificultad para mantener la atención fija en una tarea mucho tiempo.
Asimismo, los constantes picos de dopamina en el cerebro podrían provocar que el entorno fuera de las pantallas resulte poco estimulante para niños y adolescentes, puesto que carece de la intensa sobreestimulación visual y auditiva a la que están habituados, favoreciendo el aburrimiento y la falta de atención.
- Problemas emocionales: otro problema que surge de este uso excesivo de las pantallas es que los menores no aprenden formas adaptativas de gestionar la ansiedad, la tristeza, el aburrimiento… Por el contrario, recurren a las pantallas para lidiar con ellas, buscando esa momentánea sensación de tranquilidad, pero que a medio y largo plazo produce el efecto contrario: frustración, irritabilidad y dificultad para gestionar sus emociones, haciendo que a menudo se sientan superados y desbordados por las situaciones cotidianas del día a día.
- Baja tolerancia a la frustración: en lo que respecta a la baja tolerancia a la frustración, problema que preocupa a muchos padres por las explosiones de ira que ésta puede producir, también se ve afectada por las pantallas. Debido al uso de pantallas los menores obtienen recompensas muy rápidas y casi sin esfuerzo, desbloqueando la pantalla, abriendo la aplicación y deslizando obtienen una dosis de dopamina que les hace sentir bien. Esto hace que puedan adoptar una postura pasiva, sin embargo, en la realidad las recompensas no suelen llegar tan fácil, pudiendo incluso no llegar, lo que produce frustración en los menores y posibles problemas de conducta o emocionales derivados de esta frustración. Además, es importante para su desarrollo que entiendan la necesidad de esforzarse y ser constante para tener objetivos y metas a largo plazo.
¿Cómo saber si está habiendo un uso excesivo?
Una duda muy usual de padres de adolescentes y niños es si su hijo está teniendo un uso excesivo de las pantallas, y cómo gestionarlo. Para detectar dicho uso excesivo tendremos que estar atentos a las horas que pasan con los dispositivos, a un aumento de la irritabilidad o el enfado si tratamos de limitar el uso de las pantallas, o a falta de horas de sueño, lo que puede llevar a problemas escolares o cansancio de día. Asimismo, también hay que prestar atención al número de actividades que hacen durante el día, es decir, si han disminuido la variedad de actividades que les gusta hacer, sustituyéndolo por estar con las pantallas.
Explicado esto, puede parecer que internet o las pantallas son algo negativo y perjudicial para la salud de los menores, y esto no es necesariamente así. El uso de internet facilita la socialización, la búsqueda de información relacionada con sus intereses, el aumento de la sensación de responsabilidad, y la seguridad por parte de los padres de poder localizar al menor…. Pero, para que el uso sea algo beneficioso es necesario hacerlo de forma controlada. Para ello, os dejamos algunas pautas que pueden ser útiles en el día a día:
- Poner normas para todos, debemos ser el ejemplo de cómo queremos que los adolescentes y niños sean, por lo que debe haber unas normas sobre el uso de móviles en casa que sean para todos. Por ejemplo, no móviles ni tele mientras comemos, si estamos manteniendo una conversación no miramos las notificaciones ni contestamos mensajes…
- Tener un horario claro de uso de pantallas, acordando normas y límites respecto al uso de éstas, evitando así discusiones y negociaciones en el día a día que pueden ser desgastantes. Además, es importante priorizar las tareas indispensables del día a día, como realizar los deberes o estudiar.
- Poner consecuencias claras y dialogadas con anterioridad si las normas respecto al uso de las pantallas no se cumplen, por ejemplo, si no ha hecho los deberes por la tarde por estar con el móvil, en vez de ver la serie antes de cenar tendrá que hacer los deberes.
- Restringir el uso de las pantallas por la noche, adecuándonos a la edad del menor y favoreciendo el sueño de éste.
- Hacer uso del Control parental del que disponen las aplicaciones, explicando al menor la necesidad de saber a qué dedican su tiempo en internet, dados los peligros que pueden darse. Esto debe ir cambiando con la edad y dándole más libertades al menor según va creciendo.
- Interesarnos por sus gustos, por lo que hacen con las pantallas, que les gusta ver, que suelen hacer, para fomentar el vínculo y la confianza en nosotros si tienen algún problema.
- Introducir las pantallas progresivamente, evitando una exposición prolongada y aumentando el tiempo que el menor puede pasar con las pantallas según va aumentado la edad de éste.
- Promover actividades sin pantallas, por ejemplo, juegos de mesa en familia, ratos al aire libre, cocinar algo juntos, tiempo de lectura…
- No tener miedo a que los niños se aburran, aunque puede ser muy agotador como padres lidiar con un niño que se aburre, el aburrimiento permite que los niños desarrollen su área más creativa. Asimismo, les permite aprender a tolerar la frustración, ser más resolutivos, acostumbrarse a la realidad de los estímulos menos constantes e intensos y descubrir nuevas actividades y temas que les interesan.
- Educar en gestión emocional y tolerancia a la frustración, para evitar que los menores recurran exclusivamente a las pantallas para regularse.
Esperamos que estas claves puedan serviros de gran ayuda. Si tenéis dudas o queréis acompañamiento en la etapa infantil y adolescente contacta con nosotras. Nuestro equipo os acompañara de la mejor forma posible.