¿Qué perfección es ésta que complace y no subyuga, que admira y no arrastra?
José Ortega y Gasset
Hace unos días, os planteábamos un desafío interesante: empezar a hacer las cosas desde el criterio del “término medio”.
La curiosidad nos lleva a preguntaros: ¿qué ha pasado? ¿Os ha resultado difícil? ¿Satisfactorio? ¿Imposible? ¿Aburrido? ¿Ha ocurrido algo extraordinario? Por el contrario, ¿no habéis tenido mucho éxito? La respuesta a lo mejor no es única, y os ha pasado un “poco de todo” lo anterior, lo cual nos alegra, ¡y os felicitamos por ello! Experimentar emociones y sensaciones distintas a las vividas desde el perfeccionismo, supone un gran paso hacia la mejora de esta tendencia.
En esta segunda parte, queremos no solo identificar y valorar las consecuencias positivas que resultan de gestionar la tendencia perfeccionista, sino daros las claves de gestión de la misma.
- Gestión del miedo. El miedo se esconde detrás del perfeccionismo, ya que es el ingrediente que lo alimenta. Atrapa a las personas en la búsqueda sin sentido de ese estado perfecto. Después de todo, el perfeccionismo protege del riesgo de afrontar la crítica, el fracaso o la desaprobación. Por tanto, la confrontación con el miedo será una de las estrategias de gestión.
- Motivación para mantener el perfeccionismo. ¿Merece la pena orientarse hacia el estado de perfección? Otra clave que nos puede ayudar a reflexionar sobre los costes y beneficios al adoptar dicha tendencia es realizar una lista de ventajas y desventajas que supone el comportamiento perfeccionista y, a través de ella, valorar las consecuencias de las mismas.
- Ajuste de expectativas. Las expectativas que tienen las personas perfeccionistas suelen ser muy elevadas. Plantearse objetivos y metas cortas, alcanzables y realistas no sólo puede facilitar el logro de las mismas, sino que facilitará la tolerancia a la frustración que conlleva en caso de no alcanzarlas.
- Orientación en el proceso, no en el resultado. A partir de ese ajuste de expectativas, orientarse en el proceso de ejecución será el siguiente paso para regular el nivel de exigencia que subyace en la tendencia perfeccionista. Esto es concentrarse más en los procesos que en los resultados. Educarse en el esfuerzo, la constancia, la resistencia a las dificultades y el logro de metas y objetivos, sin duda, son elementos enriquecedores en la formación de la identidad de una persona. Hacerlo desde una perspectiva perfeccionista conlleva la insatisfacción personal de no lograrlo, porque el resultado no es el esperado, no es perfecto. La persona puede alcanzar un mayor rendimiento personal, puesto que tendrá la sensación de mayor control en el proceso y satisfacción personal. Y rendir implica identificar aquellos recursos, tanto internos como externos, que facilitan el afrontamiento de dicho proceso. Es ahí donde desarrollamos la sensación de autoeficacia personal.
El secreto de la felicidad es proponerse objetivos modestos para cumplirlos
- Reevaluación del diálogo interno. Identificar y reevaluar la forma en la que se percibe el mundo, a los demás y a sí mismo/a, ayudará a detectar esos patrones de pensamiento perfeccionistas. Cuestionarse y debatir de forma interna esa forma de contarse la vida tan rígida y tan tensa, contribuirá a detectar los pensamientos negativos que se activan. De esta forma, se desarrollará un diálogo interno mucho más flexible.
- Aceptación de los límites. Asumir la responsabilidad de la vida estableciendo límites para las actividades, ayudará a cambiar la perspectiva perfeccionista de manera que pueda concentrarse en el flujo de la vida y disfrutarla. Alterar las pautas en varias actividades, permitirá ver cómo responde la actuación en niveles elevados, medios y bajos. Después, observar cuánto se ha disfrutado de la actividad y qué resultado se ha obtenido.
- Cometer errores. Los fracasos pueden ocurrir y ocurren en la vida y ninguno de nosotros/as es totalmente inmune a ello. Un ser humano que no puede equivocarse es un ser humano que no desea correr riesgos y ha abandonado su capacidad de desarrollo. Por tanto, hay que aprender a cometer errores.
No abandones tu capacidad de equivocarte porque entonces perderás tu habilidad de avanzar
- Desahogo personal. La persona perfeccionista sufre. Permitirse contarlo, en lugar de ocultarlo, puede ayudar a mejorar. Defender el derecho a cometer errores, paradójicamente, le convertirá en un ser humano mejor.
Si fueras perfecto/a, no habría nada que aprender, ninguna forma de mejorar, y en la vida no existirían desafíos ni la satisfacción que se obtiene al lograr algo que requiere esfuerzo. La elección es clara: puedes tratar de ser perfecto/a y terminar sintiéndote desgraciado/a, o tratar de ser humano e imperfecto/a y sentirte valorado/a. ¿Cuál eliges?

