“Definir el aburrimiento es tarea difícil, en parte, porque no sabemos por qué la gente lo experimenta” Lench
¿Cuántas veces habremos oído la idea de “matar el aburrimiento”? ¿Tan malo es, que consideramos la posibilidad de acabar con él de una manera tan drástica?…. Pequeños y mayores en ocasiones conviven mal con la idea de aburrirse… (todavía recuerdo la respuesta de mi madre cuando le mostraba mi aburrimiento: “¡pues cómprate un mono!”). Quizás estamos equivocados cuando tratamos de huir de él, buscando cómo invertir nuestro tiempo en actividades que mantengan nuestra mente ocupada…. Y es que aburrirse, ¿para qué sirve? ¡Veámoslo!
Primero tenemos que distinguir un aburrimiento circunstancial, de uno existencial… Si estamos ante un estado continuo de aburrimiento, será el momento de preguntarnos qué está fallando, qué aspecto o aspectos de nuestra vida no nos hacen sentir bien, y una vez que los descubramos, podremos plantearnos estrategias para resolverlos… En cambio, el aburrimiento circunstancial es algo pasajero o momentáneo, aquello que nos ocurre probablemente cuando tenemos tiempo libre y ninguna actividad que nos divierta o nos entretenga en ese preciso momento. Por tanto, como con muchas otras emociones, es importante que la persona se pare a escucharla, ¡quizás tenga algo importante que decirnos! Por lo que matarla rápidamente para no sentir esta emoción podría estar significando un grave error, porque matando el aburrimiento, matamos la información acerca de nosotros mismos.
Es curioso que el aburrimiento abarque tanto tiempo en la vida de una persona (pese a que sorprendentemente haya personas que aseguran que NUNCA SE ABURREN…) y que a su vez no haya sido prácticamente objeto de investigación. Pero si ahondamos en este sentido, y nos fijamos en el perfil de personas que se aburren, podría entenderse que son “sosas”. Sin embargo, también suele encontrarse el aburrimiento en personas impulsivas o inquietas que buscan constantemente estímulos y experiencias nuevas (de «sosos» no tienen nada…). Para éstos la vida no es la montaña rusa que querrían tener, más bien es un escenario crónicamente poco estimulante, por lo que la consecuencia será para estos individuos un aburrimiento intermitente y casi constante.
El acto de aburrirse aparece retratado a través de la historia de la humanidad, en textos antiguos ya aparecía, aunque muchas veces con nombres como hastío, o tedio. Los filósofos encontraban en el aburrimiento el momento ideal para pensar, para poder poner en marcha habilidades como la creatividad, un momento para generar ideas, para escuchar nuestros pensamientos… porque el aburrimiento puede ser una fuente de ideas y de inspiración.
La clave está en la medida, porque como en otros aspectos de la vida, en el término medio está la virtud. Un exceso de actividad que no nos dé la oportunidad de que haga aparición el aburrimiento puede ocasionar estrés, mientras que un exceso de hastío puede convertirse en depresión. Las investigaciones indican que el exceso de aburrimiento es un estado mental perturbador y peligroso que afecta a la salud e incluso puede reducir la expectativa de vida en años. Pero por otro lado, como decíamos, sin aburrimiento no podríamos alcanzar momentos creativos…
Podríamos pensar que el hecho de que vivamos en una sociedad que tiene una oferta enorme de entretenimiento implica que cuando nos paremos y no tengamos un plan de acción posterior, produzca hastío. No obstante, estudios antropológicos realizados en sociedades distintas a la occidental, por ejemplo los realizados con tribus australianas, demuestran que ellos, lejos del escenario en el que nosotros vivimos, tampoco escapan del aburrimiento. La diferencia entre ellos y nosotros es que aquellos tienen mucha vida social, raramente están solos, por lo que se aburren en grupo.
El foco debemos ponerlo por tanto en cómo entendemos y gestionamos el aburrimiento, y estos son los errores más frecuentes:
- Recurrir a combatir el aburrimiento con comportamientos autodestructivos: drogas, alcohol, juego, ingestas de alimentos compulsivas….
- Esperar que nuestra sociedad tecnológica reavive constantemente nuestra curiosidad de maneras cada vez más fáciles y más rápidas, y muchas con comportamientos pasivos o exclusivamente receptivos por nuestra parte
- No preguntarse qué está ocasionando el aburrimiento
- Confundir no hacer nada (algo que puede ser enormemente placentero) con aburrirse
Pese a que las investigaciones demuestran que aquellas personas que sienten que tienen un propósito y un significado más grandes en su vida tienden a aburrirse menos, posiblemente no podamos escapar de los efluvios del tedio. Por tanto, queremos lanzaros una nueva visión del aburrimiento que nos ayude a escucharlo y aceptarlo:
- Evita que caigamos siempre en lo mismo
- Nos impulsa a la curiosidad, a buscar nuevas metas, retos, ideas…
- Incrementa la motivación
- Fomenta la creatividad, que la mente deambule propicia la imaginación
- Conectar con uno mismo, la oportunidad de conocerte mejor
- Planificarse
- Reflexionar, ver las cosas más claras, e incluso la posibilidad de encaminar nuestras acciones
- Aburrirse es tener tiempo libre, implica despejarse
- Si el aburrimiento produce bostezos, se oxigena el cerebro
Os invitamos por tanto a reconciliaros con el aburrimiento, asumirlo y dejar de temerlo, ¡y aprovechar cuando llegue para sacarle partido, porque los aburrimientos ocasionales son positivos!
