Los bebés se comunican, y lo hacen a través del llanto, es su comunicación con el mundo que les rodea, mundo que les provoca grandes desafíos de adaptación, hasta el momento de su nacimiento no debían reclamar nada y de repente su supervivencia depende de su llanto y de su captación de la atención del adulto que les cuida; gracias a este llanto por tanto, son atendidos, cuidados, mimados y protegidos.
Los padres y madres nos tenemos que enfrentarnos al jeroglífico inicial que supone discriminar las necesidades del bebé a través de su llanto: hambre, fatiga, desahogo, enfermedad, frío/calor, incomodidad por humedad del pañal, necesidad de atención, exceso de estímulos, sueño…. son inicialmente demasiados factores los que hacen que nuestro bebé llore y esto es en ocasiones muy desconcertante para nosotros. Por eso nuestro post no va dirigido a discriminar el llanto según intensidad, aparición y/o prolongación, sino que está encaminado a desarrollar claves para gestionar la aparición del llanto del bebé, sea del tipo que sea, para poder tener así la sensación como cuidadores de seguridad, estabilidad y gestión, sin que nos lleguemos a desbordarnos con nuestro bebé.
A partir de la semana 6-8, los papás y las mamás comenzamos a familiarizarnos con la tipología del llanto con mayor facilidad, adquiriendo un conocimiento para discriminarlo con gran acierto. En estos dos primeros meses el conocimiento que adquirimos de nuestro bebé es creciente y por supuesto muy gratificante porque adquirimos mayor sensación de seguridad y de estabilidad en el desarrollo de nuestro rol. Podemos comenzar a realizar “lectura de sus necesidades” de manera más acertada, así que distinguir el tipo de llanto se hace casi de manera natural. Además en este periodo hemos conseguido serenamos en nuestro rol, con la propia unidad familiar y con nuestras parejas, todas las partes nos empezamos a acompasar. Ganamos también mayor ajuste en el plano del descanso y del sueño, puesto que el bebé comienza su regulación en los ciclos de sueño y lactancia.
Es importante entender que este periodo de mayor sosiego llegará con la maduración de nuestro bebé y con nuestra propia maduración de rol. Por tanto para poder acompañar a nuestro bebé en esta maduración, necesitamos claves de gestión. Atender de manera adaptativa y serena el llanto (la comunicación con la que cuenta el bebé), será crucial para la buena sincronía mamá-bebé/papá-bebé.
Cómo gestionar el llanto:
- Atender rápidamente: el llanto nos indica una necesidad, así que sea cual sea (la descubriremos) debemos mostrarnos disponibles para nuestros hijos e hijas. El bebé siente amenazado su bienestar y de ahí su reclamo de atención y seguridad, somos nosotros quienes debemos ofrecerles de nuevo ese equilibrio perdido. Es importante no atender desde el alarmismo y la angustia, serenarles pasa por serenarnos nosotros. Si la situación de llanto “nos supera” y tenemos oportunidad de compartir el espacio de la crianza con otra/s personas, es importante reconocer la situación de malestar en la que estamos y pedir ayuda.
- Cogerles en brazos: los bebés se sienten seguros en nuestros brazos, nos huelen, escuchan nuestro latido de corazón, nuestra respiración acompasada, saben que están en un espacio de protección. Tenemos miedo a que “se acostumbren” a los brazos y muchas veces forzamos situaciones que eran fácilmente solucionables con un mimo. Cogerles no es cargar con ellos todo el tiempo, es calmarles para que puedan descansar, dormir, observar, etc. desde la serenidad de saberse atendido.
- Discriminar sus necesidades y satisfacerlas: ante el desconocimiento únicamente nos queda probar, así que una buena clave será atender al llanto y satisfacer así la necesidad o necesidades básicas de nuestro bebé. Sabemos que el hambre, sueño, la incomodidad y la fatiga son los factores que precipitan el llanto en el bebé, id comprobando en orden que ha alterado su equilibrio hasta dar con aquello que le ha alterado.
- Si el llanto persiste: es el momento de consultar con vuestro profesional médico de referencia (pediatría o enfermería), debemos discriminar enfermedad y posible dolor del bebé. Sin alertarnos pero con responsabilidad, si el llanto es persistente y/o agudo vamos a ponernos en manos de los facultativos. Es extraño que el llanto sea el único síntoma de enfermedad, así que podemos observar su apetito, fiebre, enrojecimientos, hernias, etc.
- Métodos que facilitan la calma: la succión es un tranquilizar natural para el bebé, así que quizá la utilización del chupete o del dedo pueda ser un gran aliado. El movimiento tranquiliza a nuestros bebés, teniendo este conocimiento será una buena opción pasear (carro, portabebés, coche, etc.) y mecerles. La música y los sonidos rítmicos son otros de nuestros recursos para utilizar en momentos de tensión y de llanto descontrolado.
Como vemos los padres tenemos más recursos de los que inicialmente pensamos, únicamente debemos utilizarlos, desde el Programa Aprender a Crecer Juntos os animamos a que los probéis, seréis testigos directos del bienestar que proporcionáis a vuestros bebés, generando así un vínculo afectivo que favorecerá el desarrollo de un apego seguro en ellos.