Una de las cuestiones sobre las que más estamos reflexionando las psicólogas y psicólogos en estos tiempos de cuarentena es en cómo hay procesos que ante la imposibilidad de salir a la calle o mantener un día a día “como el de antes” están cambiando; lo vemos en muchas áreas, y también en la sexualidad.
Hace unos días, la administración irlandesa recomendó a la población la masturbación y el sexting como fórmulas eróticas no transmisoras del COVID-19 y desde entonces, día sí y día también se habla de este tema.
Una de las cuestiones que han animado a elaborar este artículo tiene que ver con la clara polarización de las publicaciones al respecto. Por un lado hay publicaciones que lo ensalzan como la única vía de mantener viva la llama de la pasión en parejas no convivientes, frente a otras líneas editoriales que lo demonizan y lo asocian a todo tipo de peligros.
Entonces ¿qué opinar al respecto? Vamos a tratar de daros algunas claves:
El sexting es una forma de expresar nuestra sexualidad que consiste en la producción e intercambio de fotografías o vídeos de contenido erótico con el objetivo de sugerir, provocar o excitar a los/las participantes, ya sean emisores/as o receptoras/es en el intercambio. Algo que en sí mismo no es ni bueno ni malo.
Sin embargo, la situación de confinamiento parece que está favoreciendo un incremento de esta práctica en personas que antes no la habrían realizado, población para las que tenemos algunos consejos.
Primero de todo: ¿cuál es tu motivación?
Si te apetece, crees que puede ser divertido o excitante, tienes ganas de mostrarte ante una determinada persona de una manera erótica, maravilloso. Pero si tienes miedo a que esa persona se olvide de ti, crea que no te importa (no caigamos en la trampa de pesar que hacer sexting es una demostración de amor) o vaya a cansarse de esperarte, quizá replantearte el hacer sexting, tenga sentido.
La clave está en tomar una decisión informada basada en el propio deseo y las propias necesidades sin dejarse presionar o influir por otras personas.
Segundo: ¿conozco los riesgos?
Sabemos que lamentablemente el sexting en algunas ocasiones puede ser compartido a terceras personas y ser fuente de agresiones online como pueden ser insultos, humillaciones, extorsión, e incluso porno por venganza. Lo básico en todo el proceso es el consentimiento de ambas partes y el respeto por la privacidad de quien se muestra en las fotos o vídeos.
La persona que manda este tipo de contenidos debe estar seguro/a de que es algo pactado, con consentimiento explícito y que el receptor o receptora lo quiere y espera. Así como la persona que las recibe debe asegurarse de respetar la intimidad y privacidad de la otra persona no compartiendo en ningún caso esas imágenes y borrándolas si el/la emisor/a así se lo solicita.
Para aquellas personas que decidan que les apetece practicar sexting, seguir algunas recomendaciones puede ser de utilidad:
- Valorar la confianza que merece el receptor de los contenidos eróticos es clave, al igual que explicitar que ese contenido es de uso exclusivo para él o ella.
- No mostrar la cara, la voz u otros aspectos físicos identificables.
- Tener en cuenta aspectos técnicos como si utilizamos alguna app específica, el malware de los teléfonos, los metadatos de las fotos o vídeos que facilitan la geolocalización, si se mandan a través de Wi-Fi, el canal que elegimos y su nivel de encriptado…
- Estar especialmente atentos/as cuando mandamos alguna producción para no enviarla por error a destinatarios/as no deseados.
- Si nos envían contenido que no ha generado la persona, detener nosotras/os la cadena para no contribuir a hacer un mal uso. Algo que además, la empecemos nosotros/as o no, es un delito.
Sabemos que el confinamiento puede ser utilizado como una oportunidad para explorar otras vías eróticas al tener las habituales imposibilitadas; no es necesario paralizar la sexualidad en estos días ya que puede haber multitud de maneras de disfrutar y hacer crecer nuestra sexualidad.
Por lo tanto, la pauta que os proponemos es que con el foco puesto en nuestros deseos y con el objetivo de disfrutar, toméis las decisiones que os parezcan mejores. Y que en lo relativo al sexting, no lo criminalicemos, pero en el caso de querer probarlo (o seguir practicándolo), lo hagamos “con cabeza” ¡no nos olvidemos que la clave de toda práctica erótica es disfrutar antes, durante y después!