Si pensamos en lo que significa esta palabra, todos la asociamos especialmente a los niños y las niñas. En la mayoría de los casos lo asociamos a momentos en los que no pueden conseguir algo, ¿verdad?
Con este post, queremos reflexionar contigo sobre aquellos motivos que han producido esa explosión y cómo podemos acompañarla sin morir en el intento.
- En primer lugar queremos comenzar con una pequeña pero contundente reflexión: si cambiamos nuestras palabras mentales y orales, podemos cambiar realidades…
Si hablamos de rabietas, lo asociamos comúnmente a capricho, a querer hacer lo que ellos y ellas quieran, a salirse con la suya. Estamos atribuyendo una etiqueta a los menores y en nosotros mismos que no nos ayuda a mirar y comprender qué ocurre o el por qué y como consecuencia nuestros recursos para poder acompañarles disminuyen. Con nuestro lenguaje, trasladamos la responsabilidad al menor. Y, ¿Esto es realmente así, es él el responsable de lo que le está ocurriendo? pero ¿si cambiamos nuestro lenguaje y hablamos de explosiones emocionales, puede cambiar nuestro concepto?
¿Y si hablamos de expresión emocional?, sin duda nos ayudaría a comprender y a ver a los menores sin la inmediatez y las prisas adultas, sin el adultocentrismo que pretende que suceda todo ahora y cuánto antes, desde esta mirada ponemos el foco en el respeto al menor y su derecho a expresar lo que necesita/quiere/desea.
Realmente ante esta situación de estrés que experimentamos como padres y madres, ¿nos estamos poniendo en el lugar de nuestro hijo/a? ¿Estamos teniendo en cuenta la información que le hemos dado? ¿les hemos tenido en cuenta a la hora de tomar la decisión (si es posible) o de informarle con tiempo para que pueda anticipar lo que va a suceder? ¿hemos hecho que esa información sea accesible a su momento madurativo?
Si reflexionamos sobre estos aspectos podremos pensar en los diferentes motivos que pueden llevar a nuestro hijo/a a ese momento:
- Quizá no entienda aquello que le estamos pidiendo. La clave será ajustar nuestra petición a su momento madurativo.
- Puede que la tarea, actividad o petición, le cause frustración por no poder hacerlo como ellos/as quieren o piensan que esperamos que lo hagan.
- A lo mejor, quiere decirnos algo y no es capaz de hacerlo por su madurez en el lenguaje o no es capaz de expresarlo.
- No comparte la norma, el límite y le gustaría hacer lo que él/ella quiere.
Pensemos en aspectos que pueden ayudarnos a gestionar estos momentos y poder así, acompañar a nuestro hijo/a en sus expresiones emocionales:
- Respetar a nuestros hijos/as, no es permisividad. El respeto no implica no tener normas y no poner límites. No debemos decir a todo que sí.
- Los límites son necesarios. Tú, como adulto, como madre, como padre, como equipo a cargo de tu familia, decides los motivos por los que se ponen esos límites. Tan solo debes tener algo presente:
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- Ellos/as, también tiene derecho a saber los motivos de esos límites y tienen derecho a participar en las decisiones sobre las normas en casa (siempre ajustado a su edad y desarrollo evolutivo).
- Debemos conocer y ellos/as también, la diferencia entre un límite y una norma.
- La norma es negociable, puede cambiar, ser más flexible a veces, se puede negociar y por supuesto debe ponerse en familia, consensuadas.
- Haciéndolas accesibles a todas las edades para su comprensión y su ejecución, adaptadas a su edad y proceso madurativo. (Con imágenes, lenguaje claro…)
- Los límites, son consensuados por los responsables de los menores (padres, madres, tutores legales), deben ser informados de manera acorde a las edades y momentos madurativos de los menores, pero no son negociables, ni flexibles en la mayoría de los casos ya que sus motivos suelen estar asociados a la integridad física de los adultos o los menores, a peligros, a cuidados totalmente necesarios…
- Los noes a nuestros hijos/as, tienen respuesta, expresiones emocionales e incluso explosiones en ocasiones y es normal. Nos indica que nuestro hijo o hija tiene su propio criterio, quiere tomar sus propias decisiones, muestra su desacuerdo, aunque no lo haga de la forma que deseamos como adultos, pero al mismo tiempo es lo que deseamos que hagan de adultos, ¿verdad?
Cuando estas expresiones se producen, lo primero que debemos hacer es conectar con nuestro hijo/hija. ¿Cómo?:
- Pensar en nuestro hijo lo primero. No dejarnos llevar por donde estamos, con quién estamos, quién nos puede ver o cómo nos pueden juzgar. Lo importante somos nosotros/as
- Regulando nuestra propia expresión verbal y no verbal para poder acompañar.
- Acompañar poniéndonos a su altura. ¿Por qué? Para ofrecernos como igual a él o ella, para no marcar la diferencia en lo físico, con nuestra posición. Para poder ofrecer contención si es necesario. Porque si nos ofrecemos, lo hacemos para ayudarle a regular sus emociones, porque nos necesita con nuestra regulación emocional adulta.
- No entrar en “sermones” con ellos en este momento. La prioridad es la regulación, después recordaremos el límite, cuando este tranquila/o, o ayudaremos ante una frustración, petición, etc.
- Conectar, tampoco es ceder. Si hay un límite, este debe ser firme y no ceder antes estas expresiones emocionales.
- Las normas y límites deben estar adaptados a su nivel madurativo, haciéndolas accesibles para su comprensión y usando para ello imágenes, lenguaje claro etc.
- La única necesidad de la infancia es el juego. ¿Y si cambiamos las tareas diarias en juegos con los adultos o con sus iguales, hermanos, para poder hacerlas?
Si sientes que ésta es la manera y que es posible producir el cambio, desde Centro TAP y nuestro “Programa Aprender a Crecer Juntos”, estaremos encantados de iniciar esta nueva etapa juntos y acompañaros en este proceso de cambio.
Estamos preparadas y formadas para trabajar en equipo con vosotros/as. Si quieres más información puedes disponer de ella en nuestra web y en el correo info@centrotap.es