El suicidio es el mayor reto en salud que tenemos como sociedad de bienestar, veamos posibles claves para paliar este sufrimiento y sus cifras actuales
El objetivo en el Plan de Acción de Salud Mental de 2013-2020 es reducir un 10% de los índices de suicidio, sin duda tenemos todo un reto por delante. Como sociedad tenemos la responsabilidad de cuidar de todos y cada uno de los nuestros, España se enfrenta a unas cifras de suicidio muy preocupantes, podríamos pensar que la pandemia ha sido un acelerante de esta tipología de muertes, pero lo cierto es que en los últimos 10 años las cifras son verdaderamente alarmantes. No debemos tener una mirada reduccionista asociada únicamente a la crisis sanitaria sufrida por la COVID-19, nuestra salud mental como sociedad esta resentida.
Reflexionemos con datos que nos permita entender bien el impacto de la conducta suicida:
- Visibilizar estas muertes socialmente “no aceptadas” nos es duro, pero debemos desde la mayor de las responsabilidades poder hacerlas reales. Existen y por tanto no podemos seguir eludiendo una problemática de tanta gravedad e impacto social.
- Instituciones, profesionales de la salud, familiares…a todos y cada uno de los implicados emocional o profesionalmente en estas pérdidas nos cuesta abordarlas, porque emociones como el pudor, la vergüenza, el dolor, la culpa, la tristeza, la rabia, la frustración, el enfado… nos asaltan y se instalan cuando el suicidio forma parte de nuestra realidad.
- Estigma, tabú, creencias erróneas y silencio, son una realidad asociada al suicidio a pesar de las cifras de muerte por esta causa, más de 800.000 personas se suicidan cada año, lo que representa una muerte cada 40 segundos. Es la segunda causa de muerte en el grupo de edad de entre los 15 y los 29 años, según datos recogidos en la Organización Mundial de la Salud (OMS).
- En España, es la segunda causa de muerte no natural, junto con las enfermedades cardiovasculares, respiratorias y el cáncer. Los últimos datos disponibles muestran que un total de 268 adolescentes y jóvenes (203 hombres y 65 mujeres) entre 15 y 29 años se ha suicidado (Instituto Nacional de Estadística-I.N.E., 2018).
- Afortunadamente somos conocedores de los factores de riesgo asociados a la conducta suicida: antecedentes familiares y personales, factores sociodemográficos, la presencia de enfermedad mental (54,3% trastorno afectivo; 37,1 trastorno depresivo; 14,3% trastorno bipolar y el 17,1% trastorno del espectro psicótico), factores de vulnerabilidad asociados a los recursos de psicológicos (resiliencia, reprocesamiento de trauma, estabilidad emocional, resolución de problemas…), consumo de sustancias.
- Puesto que sabemos que las conductas suicidas están sujetas a unos factores de riesgo, podemos intervenir y prevenir a partir de estrategias que incluyan tanto políticas de detección precoz como tratamientos eficaces de las personas con mayor riesgo de conductas suicidas, además de acompañar a los familiares en sus necesidades.
- Los profesionales de la salud mental, en atención primaria y en todos aquellos entornos de detección (centros escolares, entornos laborales…) debemos aprender a escuchar las situaciones que nos expresan las personas con ideación suicida y valorar así el grado de riesgo, debemos mostrar apoyo y preocupación, no debemos minimizar la vivencia que nos están trasladando las personas que están atravesando por ésta situación de tanta alteración. Debemos prestar especial atención a las actitudes pesimistas, de introversión, baja autoestima, alta impulsividad, afecto depresivo y la inclinación que presentan al abuso de sustancias para tapar el dolor actual, ya que todas ellas son propias de pacientes con posibles ideas suicidas.
Después de los puntos abordados, sin duda todos somos conocedores la complejidad para aborda esta problemática ya que los factores implicados son múltiples, pero desde Centro TAP queremos formar parte activa para generar mayor conocimiento y no estar en la parte del silencio instaurado históricamente. Es el momento de trabajar en la mayor clarificación, puesto que esta tipología de muerte es tabú hoy en día existen muchos mitos asociados a la misma; conceptos erróneos muy comunes asociados al suicidio, si queremos trabajar desde la prevención (nuestro objetivo) será parte fundamental poder conocer estos mitos.
El desconocimiento de familiares y profesionales impide acompañar de la mejor de las formas a las personas que sufren, sufrimiento que les lleva a una toma de decisión final, la muerte. Educarnos como sociedad será una de las claves para mejorar las cifras.
Mitos más comunes asociados al suicidio:
- Las personas que hablan sobre el suicidio solo buscan atención
Mito: las personas que relatan y describen su intención de suicidio lo hacen solo para llamar la atención y por tanto no lo harán, así que no les tomaremos en serio
Realidad: es fundamental que las personas que verbalizan este nivel de malestar se sientan escuchadas y atendidas emocionalmente. Siempre debemos tomarnos en serio un contenido como este, precisamente su expresión les impida hacerlo. Nos están pidiendo ayuda, les asusta la muerte y no tienen un deseo de hacerlo, puede que su sentimiento de soledad, de abatimiento, frustración….les lleve aquí
- El suicidio es una elección personal y meditada
Mito: el suicidio es una elección personal y por tanto no tenemos que intervenir, las personas son dueñas de sus decisiones y están decidiendo morir.
Realidad: sabemos que las personas que piensan en la muerte, buscan aliviar dolor, no quieren morir, quieren dejar de sufrir
- El riesgo de suicidio termina cuando las personas suicidas se sienten mejor
Mito: el riesgo de suicidio se acaba cuando mejora el estado de ánimo de una persona en crisis
Realidad: las personas con comportamientos y tendencias suicidas se pueden llegar a sentir más estables porque han decidido morir, y de esta manera pueden llegar a sentir una sensación de alivio porque saben que el dolor pronto desaparecerá, debemos medir el riesgo inicial y el actual, a pesar de la calma aparente
- El suicidio está asociado a un tipo de población
Mito: únicamente las personas con problemas de salud mental diagnosticado deciden morir a través del suicidio
Realidad: la realidad es más compleja hemos visto lo multifactorialidad del fenómeno. No todas las personas que viven con problemas de salud mental son suicidas, y no todas las personas que mueren por suicidio tienen problemas de salud mental
- La hospitalización involuntaria es la vía que más reduce el riesgo de suicidio
Mito: la hospitalización aún siendo involuntaria reducirá el riesgo de suicidio notablemente, es la vía más rápida
Realidad: las personas que son obligadas a ser hospitalizadas tienen más probabilidades de intentar suicidarse después del alta, un estudio publicado por Jordan y McNiel, 2019, sugiere que la práctica común de la hospitalización forzada por problemas de salud mental podría hacer más daño del esperado, las personas que se sintieron obligadas a la hospitalización contra su voluntad tenían más probabilidades de intentar suicidarse tras ser dadas de alta del hospital
- Hablar sobre el suicidio puede animar a las personas a acabar con sus vidas
Mito: explicitar la ideación sobre el suicidio puede animar a las personas a terminar con sus vidas, se “copia” el comportamiento, es mejor no hablar de ello
Realidad: hablar y preguntar a las personas por cómo se sienten, y cómo han pensado aliviar su malestar no le lleva a conductas suicidas, al revés dejaran de sentirse extrañas si en alguna ocasión lo han pensado, si han fantaseado con aliviar su malestar de esta manera, normalizar que pensar en ello puede ser aliviante y que cuando otras personas lo han ejecutado es porque no tenían los recursos adecuados es fundamental para evitarlo
- Frente al suicidio no se puede hacer nada, no podemos prevenir
Mito: no tenemos recursos para gestionar la decisión de morir, no se puede prevenir porque es impredecible
Realidad: el suicidio por supuesto que se puede prevenir, necesitamos planes de acción que trabajen desde la prevención, necesitamos a profesionales formados en la materia, servicios específicos, planes informativos, sensibilización ante la situación de malestar que presentan los afectados….se puede hacer mucho!!
- La medicación es el mejor tratamiento para el suicidio
Mito: la medicación es el mejor tratamiento para el suicidio, reduce la ideación, las autolesiones y la conducta suicida
Realidad: la farmacología no puede ser la única vía de tratamiento, los medicamentos, como los antidepresivos, no reducen las tendencias suicidas. El esfuerzo debe centrarse en implementar estrategias preventivas eficaces para mejorar los factores de protección