“NO POR MUCHO MADRUGAR, AMANECE MÁS TEMPRANO”
Vivimos en un mundo que va a toda máquina, a toda prisa, un mundo donde la vida parece una carrera de velocidad, dónde a golpe de “clic” tenemos toda la información en la palma de nuestra mano y como consecuencia estamos perdiendo la capacidad de saber esperar.
La paciencia es un estado mental que nos permite esperar a que las cosas sucedan cuando corresponde, sin prisas. No significa postergar o evitar una situación que no nos agrada, sino más bien aceptar que las cosas necesitan su tiempo. Cualquier adulto sabe que por mucho que intentemos abrir una crisálida, la oruga necesita tiempo para realizar su metamorfosis. Pero cuando se trata de nuestro día a día, no somos conscientes de hasta que punto estamos enfocados en la consecución de resultados inmediatos.
Cuando queremos algo, lo queremos rápido y sin esperas, solemos tener prisa por todo y nos impacientamos con facilidad cuando algo se hace esperar y es que siempre estamos enfocados en lo que viene después sin ser plenamente conscientes de lo que está ocurriendo en este preciso momento.
- La impaciencia, nos genera sensaciones asociadas a la ansiedad, la frustración, la ira, …. Por lo que nuestra vivencia de la situación será percibida como desagradable.
Aprender a ser paciente, nos puede ayudar a gestionar mejor las emociones agradables y desagradables, además de afrontar la vida con mayor tranquilidad y confianza. La paciencia es una cualidad que puede entrenarse y que tiene efectos muy beneficiosos en la persona.
¿Cómo afecta nuestro estilo de vida a los más pequeños?
En general la infancia es un periodo del desarrollo en el que la impaciencia es la norma. Sin embargo, las exigencias de la sociedad y el estilo de vida acelerado, está haciendo que se acentúe. Y hoy podemos ver cómo cada día llegan a consulta niños que son incapaces de tolerar el malestar o la frustración y como consecuencia a ese sufrimiento, desarrollan conductas desadaptativas y disruptivas que resultan dañinas tanto para ellos mismos como para su entorno.
- Está comprobado que los niños que son capaces de ser reflexivos en lugar de impulsivos, tienen mayores probabilidades de éxito en la edad adulta.
Por lo tanto, ofrecerles las herramientas necesarias para que aprendan a esperar y desarrollar la paciencia puede ser un factor de protección importante para su desarrollo como adultos.
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a desarrollar la paciencia?
- En primer lugar, como siempre decimos, los padres somos modelo. En lugar de ir rápido, o con prisas, quizá la fórmula sea organizarnos mejor. Transmite un modelo de serenidad, utilizando recursos para gestionar mejor la ansiedad y el estrés.
- Enséñales a medir bien su tiempo y a organizarse mejor. Ajustar expectativas en cuanto al número de tareas que podemos realizar en un determinado momento puede ser una buena herramienta.
- Aprender a esperar, el turno de palabra, a poner el postre después de la comida, etc… son pequeños gestos que pueden ayudarnos a entrenar esta cualidad.
- Cumplir lo prometido, si hemos acordado realizar una actividad o hemos dicho que se podrá comer el dulce después de comer, es importante que así se cumpla. Porque verá que la espera ha tenido una recompensa.
- Practicar juegos que fomenten la paciencia y la espera. El escondite inglés, juegos de construcciones, etc.
- Ayúdale a tomar consciencia de los procesos en la naturaleza, esperar a que los gusanos de seda salgan de las crisálidas, cuidar plantas y ver como florecen…
- Practica la meditación, está comprobado que es una técnica muy efectiva para ayudarnos a desarrollar aptitudes como la paciencia, la aceptación, etc.