En su investigación Watzek, J (2019) descubre que los primates a los que se les enseña a realizar una determinada conducta, adquieren mucho más rápidamente otra nueva conducta (atajo) que es más eficaz, frente a los humanos que se muestran mucho más resistentes a seguir resolviendo la situación con su primera conducta adquirida. Así, los humanos se muestran menos flexibles en aplicar la conducta atajo que es más eficiente. Este peculiar modo de responder tiene que ver con la rigidez mental.
Las reglas de nuestro comportamiento nos resultan muy útiles cuando tratamos con nuestros problemas cotidianos, sin embargo, tener una “fe ciega” y absoluta en estas reglas de actuación, puede volvernos incompetentes ante los problemas y estancarnos en una situación de malestar constante. Si ante un problema has invertido mucho esfuerzo y tiempo para abordarlo de una manera que crees que es “la adecuada” – así lo crees tú y también puede ser que otros-, pero una y otra vez terminas con la misma frustración y malestar, podrías estar ante los efectos de tu rigidez mental. Cambiar de idea y de modo de actuar puede generar miedo e inseguridad, puede vivirse como una renuncia a seguir siendo uno mismo, pero muchas veces el cambio es necesario y adaptativo.
Características de las personas con rigidez mental
Cómo detectamos en nosotros o en las personas que nos importan esta falta de flexibilidad, las características a destacar en estas personas son:
- Las nuevas circunstancias o cambios, aunque sean pequeños, pueden no tolerarse o llevarse con mucho malestar.
- Escépticos a contemplar otros modos de ver y entender una circunstancia de la que ya tienen una valoración propia.
- Pueden negarse a simplemente “probar” otros modos de actuar distintos, que no estén bajo su paradigma personal, lo que les dificulta mucho el cuestionamiento.
- La incertidumbre, no saber qué puede pasar, les genera mucho malestar.
- Son personas bastante estancadas en las situaciones del pasado, sin capacidad para posicionarse en el presente de un modo cómodo y resolutivo.
- No ven lo focalizados que están en su punto de vista, seguidores de sus propias reglas fijas y sus intereses.
- Al ser confrontados en su rigidez, suelen sentirse incomprendidos o pueden no entender qué se les esta reprobando. Muchas veces terminan bastante aislados, no logran una calidad en sus relaciones personales porque es fácil que entren en conflictos constantes.
Cómo mejorar la Flexibilidad Mental
La flexibilidad mental nos facilita el ser más creativo frente a los problemas, más ajustados a los cambios, y en definitiva mejora nuestra resiliencia y confianza en uno mismo. A continuación, te proponemos algunas estrategias que pueden ayudarte:
- Un punto de partida importante es tomarse este reto de cambio con humor y haciendo que resulte divertido. El humor es signo de flexibilidad, cuando somos capaces de bromear con algo nuestro, quiere decir que ya podemos valorarlo desde otro prisma.
Un vídeo para sonreír: https://www.youtube.com/watch?v=Kq65aAYCHOw&t=13s
- Aprende a debatirte. Los buenos debates que puedes encontrar por internet pueden ser un punto de partida, busca los que tengan puntos de vista claramente contrarios y con personas con capacidad de argumentar, cuanto más se grite menos te interesa. Tu sistema de creencias es importante pero más todavía saber cuestionarlo, valorarlo…hazte preguntas constantes de por qué crees lo que crees, y si hay otro modo de verlo.
- Aprende a identificar los desencadenantes de tu rigidez. Por ejemplo, ¿necesitas que algo se haga de un modo determinado para no hacerlo con mal estar?… Todos en algún momento somos rígidos, solo hay que tener algo de paciencia y practicar mucho otras perspectivas de un mismo hecho.
- Ante los problemas en los que te sientas atascado, construye tu propia “rueda de posibles soluciones”, dibújala, escríbela y te ayudará a analizar alternativas. Busca personas que te puedan dar con su flexibilidad otro modelo a tener en cuenta.
- La ansiedad es compañera de nuestra rigidez, aprende a reconocerla y trata de abordarla. Incorpora estrategias para regular esa ansiedad, como por ejemplo la relajación, aprende alguna técnica que a ti te sea cómoda y útil (Ej. relajación muscular progresiva Jacobson).
- Ejercita la flexibilidad y sírvete de tus costumbres cotidianas, simplemente cámbialas por otras diferentes. Prueba alimento nuevos y raros, si sueles desayunar tostadas, prueba un día con fruta, cambia el momento del día en el que haces deporte, duerme en el otro lado de la cama. No son cosas importantes, pero son tan rutinarias que nos resulta algo incómodo hacerlas de un modo diferente, es suficiente. ¡Practica!
- Aprende algo totalmente novedoso para ti. Aprender un arte marcial, alguna actividad artística diferente como dibujar kanjis, bailar claqué, aprender a escribir relatos, hacer cócteles para sorprender a tus amigos en la próxima cena…cuanto más imaginativo seas en esto mejor.
- Conoce a personas nuevas, viaja. Viajar siempre nos da muchas más perspectivas de las cosas, pero si además interaccionas con lugareños mejor, habla de sus costumbres, de su filosofía de vida, de cómo ven nuestro país…aprende alguna de las actividades que antes te planteaste allí donde vayas. O simplemente proponte encontrar un rincón desconocido de tu ciudad, explora un barrio que te quede lejano, y acércate a la gente, anímate hasta con aquellas personas que pienses que no tienes nada en común, y te puedes sorprender.
Todas estas estrategias te ayudan a ser más flexible simplemente con tu día a día, cuantas más experiencias acumules y más veces desafíes tu pensamiento, mayor adaptabilidad irás adquiriendo. Estas acciones ayudan a construir y fortalecer las vías neuronales en el cerebro, y cuando éstas son fuertes, menos probable es quedarse atascado.
Referencias:
Watzek, J., Pope, S.M. & Brosnan, S.F. Capuchin and rhesus monkeys but not humans show cognitive flexibility in an optional-switch task. Sci Rep 9, 13195 (2019). https://www.nature.com/articles/s41598-019-49658-0