“Pero mira qué gorda estás”, “eres un saco de huesos”, “por qué pones morritos, te crees que eres guapa?”, “tus palabras insultan a la inteligencia”, “no tienes ni idea, no sé cómo puedes decir semejante tontería…”, “para decir esa chorrada, cállate!”
- Estos y un sinfín de ejemplos más, son los comentarios que inundan las redes sociales… A veces puede parecer un campo de batalla, sembrado de enfrentamientos de unos con otros, personas que juzgan a otras en base a lo que ven o leen: una ínfima parte de lo que la persona muestra sobre sí mismo/a a través de una foto, un video o un comentario en su perfil social y que para algunos es suficiente para llegar a juicios mayores. En definitiva, suficiente para llegar a conclusiones desde un entorno descontextualizado.
Y estos actos en los que algunos critican vorazmente a otros son una muestra clara de su rabia, frustración, rencor, odio y resentimiento. Podemos definir el resentimiento como el sentimiento persistente de disgusto o enfado hacia alguien por considerarlo causante de cierta ofensa o daño sufridos y que se manifiesta en palabras o actos hostiles. Es decir, “como me siento ofendido, ofendo”.
Y así nace el término “hater” para referirse precisamente a aquellas personas que mediante comentarios y comportamientos negativos y críticos buscan abatir y causar malestar (o sufrimiento) a otra persona.
Porque para algunos, utilizando un ejemplo cualquiera, si dices que “el norte es lo mejor” y el hater es del sur, responde desde la premisa de “me siento atacado y ataco”. ¿Qué palabras serían entonces las que necesitarían leer aquellos que comentando ofenden, para no sentirse atacados y contratacar? Es algo sobre lo que deberíamos reflexionar, la facilidad con la que muchos se sienten ofendidos y ofenden en un contraataque sin piedad (y sin motivos ni razones que lo justifiquen, porque, ¿acaso en algún momento, aunque conocieras a esa persona, se justificaría una ofensa así?)
No estamos en contra del uso de las redes, ni mucho menos, entendemos los puntos favorables que ofrecen, pero creemos que ha de hacerse sin duda un uso responsable y respetuoso de ellas, que no sirvan para que algunos viertan sus emociones desagradables ya que, claramente, la fórmula para canalizarlas no es esta.
Entonces ¿no podemos dar una opinión? Porque podemos pensar que quien escribe o muestra algunos aspectos de su vida se expone a recibir tanto elogios como críticas… Evidentemente el canal de comunicación está abierto, pero tiene que existir un código de respeto, donde ofender no es una opción. Y es que esconderse detrás del anonimato que ofrecen las pantallas y un nombre o pseudónimo para escupir palabras ofensivas, y entrar en polémicas sobre lo que está bien o lo que está mal no es adecuado, ni ético, ni moral. Por lo que puede ser legítimo opinar en un foro abierto, pero el cómo es fundamental.
Veamos claves para un manejo adecuado de la comunicación en redes sociales (y no caer en la expresión descontrolada del resentimiento):
- Preguntarnos el “para qué” del comentario que queremos hacer, entendiendo -insistimos- que molestar, increpar u ofender no puede ser el motivo
- Pensar si lo que estoy sintiendo como una ofensa personal, realmente lo es, o estoy personalizando ese comentario de otro usuario en mi
- Analizar mi nivel de tolerancia a que otras personas piensen, sientan o hagan cosas diferentes a como lo hago yo. La diversidad, la tolerancia y el respeto mutuo son fundamentales en cualquier sociedad
- Vigilar las dicotomías: posicionarse en el punto de “estás conmigo o estás contra mi” es una fórmula completamente insana de autoafirmarse. Darse valor porque otros opinen como yo, y castigar a quienes no lo hagan, denota una baja autoestima
- Valorar si el resentimiento suele producirse según un patrón recurrente y qué puede existir debajo de esa rabia (¿puede ser que me compare con otras personas y necesite invalidarlas?, ¿es fruto de un sentimiento de injusticia?)
- Identificar qué emociones estoy sintiendo, y sobre todo, de dónde vienen. ¿He tenido un mal día y me encuentro cansado/a, irritable, susceptibles o triste?, ¿me siento solo/a?, ¿me siento incomprendido?. La manera de autorregularse no es “vomitar” ese malestar contra otra persona, que además, por qué negarlo, me puede llegar a generar un problema mayor
- Revisar los valores: entender que ofender a otros de esta manera nos va a definir ya que esos comportamientos ofensivos además son observables por otros ¿quiero ser visto así?, ¿se corresponden estas actitudes con mis valores, con mi identidad, con quién soy y quiero ser?
Esperamos que estas claves os sean de ayuda, y si sufrís los ataques de los haters, tened que cuenta que son SUS opiniones, no son verdades o realidades; y por supuesto, es preferible no entrar al debate, porque las respuestas que les demos, pueden alimentar una dinámica que nace ya siendo tóxica.