Cuando una familia se cuestiona si es necesario hacer una evaluación psicopedagógica a su hijo o hija y acude a nuestra consulta, es fundamental detectar cómo se encuentran y cuál es la motivación que los ha llevado a iniciar este proceso ya que, de ello dependerá en muchas ocasiones la gestión del posible diagnóstico.
Hay progenitores que comienzan por su propia iniciativa ya que observan en su hijo o hija características que les hacen sospechar que puede estar presentando algunas dificultades. Normalmente esto suele ocurrir por la comparación con otros iguales, hermanos/as si hubiera o con ellos/as mismos/as en su infancia y adolescencia. Cuando el adulto, como padre o madre, se ve reflejado en el comportamiento de su hijo o hija puede anticipar negativamente que van a sufrir debido a las dificultades que presenta (tal y como les pasó a ellos/as), normalizar la situación (“yo era igual y no me ha pasado nada”) o actuar desde la prevención facilitando todas las herramientas posibles para que su desarrollo evolutivo sea el más apropiado.
Por otra parte, hay familias que inician tras la derivación del centro escolar o de su pediatra al detectar dificultades en el desarrollo de alguno de los hitos evolutivos esperados para su edad. Cuando esto sucede, los progenitores pueden sentirse confundidos o incluso culpables por no haberse dado cuenta antes. Y, en algunas ocasiones, podemos encontrar que discrepan al considerar que a sus hijos/as no les ocurre nada.
Emociones como el miedo, la frustración, la culpa, la tristeza e incluso el enfado pueden estar presente desde el inicio de una evaluación psicopedagógica hasta que se informa del diagnóstico. Por tanto, es muy importante identificar en qué situación se encuentra cada miembro de la familia para acompañarlos en la identificación y gestión emocional, aspecto que también influye en la asimilación o no del diagnóstico.
¿Es nuestra culpa? ¿Yo soy igual? ¿Va a fracasar en el colegio? ¿Cómo va a ser su vida? ¿Se curará? ¿Y qué va a pesar la familia? Es habitual que, en el momento en el que escuchan cuál es el diagnóstico de su hijo o hija surjan este tipo de preguntas desde el miedo y la confusión. Por lo que queremos facilitar unas pautas concretas que faciliten el inicio de aceptación del diagnóstico:
- Permítete expresar cómo te sientes y pedir ayuda si fuera necesario para gestionar emocionalmente y aceptar el diagnóstico de tu hijo o hija.
- Pregunta al profesional que ha realizado la evaluación y el diagnóstico todas las dudas que te surjan al respecto.
- Selecciona la información que lees en las plataformas digitales, guiándote siempre por la opinión profesional.
- Si tienes el mismo diagnóstico que han hecho a tu hijo/a o al escuchar la información proporcionada por el profesional, te identificas con dicho diagnóstico puedes sentir un torbellino emocional mayor aún. Trata de observar qué te está ocurriendo y comunícalo, aunque compartas características con tu hijo/a la situación es diferente y ya estás actuando para acompañarle de la forma más adecuada en su desarrollo evolutivo.
- Tu hijo o hija sigue siendo el/la mismo/a, no lo/a cambia un diagnóstico. Dicha etiqueta permitirá que entiendas qué le ocurre.
- Identifica cuáles son los puntos fuertes y débiles de tu hijo/a. Cada menor es único por lo que, aunque se englobe dentro de un diagnóstico, algunas de sus necesidades pueden ser diferentes a las de otros iguales con el mismo trastorno.
- Ofrécele las herramientas y estrategias que necesite para obtener un desarrollo adecuado.
- Confía en él o ella, proporciónales oportunidades ajustadas a sus necesidades para fomentar su autonomía y valía personal.
- Comunica al entorno escolar cuál es la situación actual de tu hijo o hija, de esta manera, podrán adaptar la metodología de enseñanza si fuera necesario. Si te da miedo a que lo/a etiqueten o estigmaticen, busca acompañamiento profesional para trasladar la información y realizar las peticiones necesarias.
- Si tiene hermanos/as es importante que conozcan las características del/la menor diagnosticada para que puedan entender cuáles son sus necesidades.
- Si tienes pareja, comparte cómo te afecta esta situación y construye equipo para tomar decisiones en conjunto y acompañar a vuestro hijo/a en la misma dirección.
- Decide qué información quieres facilitar a la familia, siempre pensando en el beneficio del menor afectado.
El diagnóstico de un trastorno psicológico en la infancia, aunque puede generar malestar y dolor en los padres y madres, hace que el pronóstico sea más favorable al poder actuar desde la prevención y realizar una intervención adecuada a sus necesidades, fomentando el bienestar del/a menor. ¡Cuídate y, de esta manera, estarás cuidándolo/a mejor!
El equipo de profesionales de Centro TAP estamos a tu lado para todo lo que necesites. ¡Contacta con nosotras!