¿Qué ocurre en la adolescencia para que padres e hijos dejen de entenderse?
Sencillamente hablan otro idioma
- Cuando comentamos los cambios que se dan en la adolescencia, podemos observar como no sólo ocurren a nivel hormonal y fisiológico, que es la parte visible, sino también ocurren cambios muy importantes a nivel cerebral que se traducen en cambios cognitivos y psicológicos. Cambia la química del cerebro y vemos como el aumento en la liberación de dopamina, provoca atracción por las experiencias emocionantes y novedosas.
- Además, la parte de nuestro cerebro que se encarga de la toma de decisiones, regulación emocional, el control cognitivo, etc, no está preparada ni madura para ejecutar todas sus funciones de manera eficiente, durante esta etapa madurativa y de crecimiento (la adolescencia).
Por lo tanto, padres e hijos están viviendo la misma realidad, pero percibida por dos cerebros completamente diferentes.
- Por un lado, ser padre implica adoptar un rol que se va construyendo progresivamente y de forma paralela al crecimiento y desarrollo evolutivo de los hijos. Esta transición requiere un periodo de asimilación y adaptación. Como todo proceso, este cambio no está exento de la aparición de inconvenientes como dificultades en la comunicación, ausencia de empatía, etc, que sin duda entorpecen una buena relación entre padres e hijos.
- Por el lado de los adolescentes, la diferencia de edad no sólo marca un hecho madurativo con respecto al desarrollo de la personalidad, también hemos de tener en cuenta que la diferencia generacional, implica cambios a nivel social, evolutivo, madurativo, etc. El adolescente necesita explorar el mundo y además tiene la dopamina que necesita para hacerlo, a veces sin valorar los riesgos que eso supone, ya que su cerebro está “en construcción”…
Pero entonces, ¿es posible razonar con un adolescente?
- Sí es posible poder razonar con ellos, encontrando espacios y momentos adecuados para poder establecer un diálogo seguro y beneficioso.
- Ante todo, debe existir un deseo, una predisposición positiva a querer establecer una relación sana y segura, y no una necesidad de control extremo y estricto que desencadene conflictos interpersonales con los hijos. Los padres pueden, en primer lugar, empatizar con ellos: ponerse en sus zapatos, mentalizarse sobre cómo son, qué pueden sentir, qué creen que les podría pasar a ellos en su situación y clarificar qué esperan de ellos, facilitará una apertura en la vía de comunicación entre las dos partes.
- Es necesario recalcar aquí que para que se establezca una relación positiva en la familia, es necesario establecer y elaborar un criterio siempre coherente con los valores del sistema familiar.
- Aunque en algunos momentos nuestro hijo adolescente pueda parecer un desconocido o no reconozcamos al niño que hemos educado y lo veamos como un hervidero de emociones, la forma en la que nos acerquemos a ellos debe ser la misma que utilizamos cuando nos acercamos a una persona que queremos, porque eso es en realidad. Respetando sus espacios, no siendo invasivos, aunque sintamos la necesidad de controlar…
Los adolescentes no siempre disponen de un repertorio de recursos de gestión adecuados, y llevan a cabo comportamientos que se desvían de lo adaptativo. Desde esta perspectiva, puede ser de gran utilidad intervenir para dotar a los jóvenes de recursos y estrategias de comunicación y gestión emocional, tan importantes para establecer unas buenas relaciones patento-filiales. Es decir, los padres y madres debemos trabajar para acompañarlos en su desarrollo y crecimiento hacia los adultos en los que se van construir.
- Si como familia sientes la necesidad de mejorar la relación con tu hijo e hija adolescente, nuestro equipo de especialistas te podrá acompañar en todo aquello que necesites. Contacta con nosotras, estaremos encantadas de poder acompañaros en este proceso.