Para muchos, uno de los propósitos con el cambio de año, está relacionado con el ejercicio físico: bien por iniciarse, por incrementar, o el de no abandonarlo, con la intención más o menos definitiva de mantenerse más allá de unas pocas semanas del nuevo año.
Sin ninguna duda, es un hecho que el deporte es una manera de cuidar nuestro cuerpo: previene enfermedades, es fuente de energía, contribuye a bajar peso… ¿y cómo afecta sobre la salud mental? Las evidencias científicas arrojan una información muy valiosa y es que el ejercicio físico mejora varios aspectos relacionados con lo psíquico-emocional como son la sensación de bienestar y relajación, puesto que reduce la sensación de estrés, fomenta la sensación de optimismo (donde el individuo se percibe con más vitalidad y energía), la flexibilidad cognitiva, la agilidad física y mental, la autonomía, la memoria y por supuesto, mejora la imagen corporal, lo que contribuye al aumento de la autoestima. Veamos en qué más contribuye:
- Autocuidado: Cuando sufrimos estrés, practicar ejercicio supone para quien lo realiza un momento de autocuidado, de desconexión de aquello que le perturba, para poder poner el foco en lo que está ocurriendo aquí y ahora, la sensación de nuestro cuerpo, la respiración, la música, la sensación de los pies en el suelo. Es un momento “mindfulness” que contribuirá a que la persona deje, al menos por ese rato, los problemas a un lado.
- Regulación emocional: La práctica de ejercicio físico contribuye no sólo a disminuir el estrés, sino que ayuda a que regulemos emociones como la ansiedad, la angustia, la ira/agresividad o la depresión. De hecho, en personas con depresión, iniciarse en pequeñas dosis de ejercicio físico como pasear, contribuyen enormemente a recuperar el bienestar (y hacerlo con otras personas reduce el aislamiento).
- Socialización: Para muchos es satisfactorio realizar deporte en grupo, bien en clases de baile, equipos deportivos, salidas en bicicleta, paseos por la montaña, o clases de tai-chi en un parque… por lo que se convierte además en un acto que nos permite socializar, y añadir así las ventajas de estar sintiéndose parte de un grupo.
- Energía y descanso a la vez: muchos refieren la necesidad de realizar ejercicio para descansar plácidamente -la calidad del sueño además es algo que en muchos casos se ve afectado durante periodos de estrés-. Otros lo ven muy adecuado para empezar el día con energía antes de empezar con las rutinas diarias de trabajo, estudios, o cuidados de la familia. El ejercicio físico por un lado contribuye a la disminución de la sensación de cansancio, y por otro, como la persona se siente más enérgica, identifica que tiene mayor capacidad de trabajo, y a su vez, percibe que por la noche la calidad del sueño es mayor.
- Química cerebral: Y los estudios arrojan algo indiscutible que afecta muy positivamente a nuestro estado mental, y es que al realizar ejercicio físico se segregan endorfinas, que además de provocar sensación de bienestar, y por tanto reducir el estrés, actúan directamente sobre el cerebro mitigando la sensación de dolor.
¿Qué tipo de deporte y para quién?
El deporte es para todos, independientemente de la edad, cumpliendo en cada una de las etapas de la vida diferentes funciones: en los niños, el deporte fomenta la orientación espacial o la viso-motora lo que les permite memorizar y consolidar su esquema corporal mientras que se reconocen físicamente en un entorno a la vez que exploran. Además, el deporte contribuye al desarrollo social y emocional y permite el aprendizaje de normas y juego cooperativo.
En los mayores, es un hecho que la práctica diaria de ejercicio físico moderado contribuye a un envejecimiento activo. Previene enfermedades como la diabetes, problemas cardiovasculares o la osteoporosis. Además incrementa la fuerza, la flexibilidad o la resistencia de los músculos y reduce el deterioro de éstos por efecto del paso de los años. Por todo esto, podemos entender que aquellos que realizar ejercicio con frecuencia, se sientan más jóvenes y enérgicos que aquellos que lleven una vida sedentaria.
Por otro lado, no hay una medida objetiva para determinar qué ejercicios proporcionan los mejores resultados (aunque algunos estén más indicados según patologías médicas o edad). Tiene más que ver con el hecho de que la persona ajuste tanto el tipo de ejercicio como la periodicidad de éste a sus necesidades y su edad. Es importante tener en cuenta la continuidad para que los beneficios se produzcan, por lo que es fundamental que elijamos aquellos deportes que vaya a encajar en nuestras rutinas del día a día, así como con nuestros gustos para que se puedan mantener en el tiempo. De poco serviría pensar en lo beneficiosa que es la práctica de esgrima si no me interesa, si no puedo asumir el coste de la equipación o si el lugar donde aprender queda demasiado lejos de mi domicilio o mi lugar de trabajo.
¿Para qué?
Es importante que se incorpore como un hábito de vida saludable, por lo que aquel deporte que proporcionará mejores resultados en el individuo será aquel que se mantenga con el paso del tiempo. Hay personas que en el ejercicio buscan vivir emociones extremas y soltar adrenalina, otros buscan deportes en equipo, mientras que otros buscan actividades que les provoquen sensación de relajación, otros buscan tonificar, fortalecer, o adelgazar… Para todos ellos habrá varias opciones a elegir, y puesto que los fines que podemos perseguir son diversos, lo importante será identificar qué buscamos, tener claro nuestro “para qué” y que de esta manera sea una buena elección, puesto que será lo que nos permita obtener los resultados deseados y que se mantenga la práctica en el tiempo.
Tenemos que ver también cuales serían las claves que ayudarían a un mejor anclaje con el deporte que elijamos: pensar si prefiero individual o colectivo, ya que quizás me facilite no abandonar tener compromiso con otras personas, o por el contrario, necesito poder elegir con flexibilidad en qué momento lo practico (en este caso, parecería más facilitador que fuera individual o en centros deportivos con diferentes opciones de horarios de actividades)
¿Cuánto ejercicio realizar?
Puesto que en términos generales nuestro ritmo de vida es elevado, medir adecuadamente qué vamos a hacer y con qué periodicidad es fundamental para que no abandonemos la práctica de ejercicio, o que no nos suponga un estrés añadido. De ahí, que la elección de aquello que queremos hacer debe ser ajustado a nuestras posibilidades; de nada sirve querer hacer deporte 4 días a la semana, si difícilmente tenemos tiempo disponible para ello. Además, si empezamos con una expectativa muy elevada, y fracasamos, corremos el riesgo de abandonar. Mejor será entonces que empecemos con poco, objetivos alcanzables, y valoremos la posibilidad de incrementarlo si nuestro día a día nos lo permite y entendemos que “hacer ese hueco” tiene más ventajas que inconvenientes.
Sin ninguna duda, practicar deporte es una fuente muy saludable de bienestar físico y mental, sólo hace falta encontrar qué te gusta, qué te motiva, ¡y a por ello! Son hormonas de la felicidad al alcance de todas las edades y todos los bolsillos.