“El mejor maestro es el que te dice dónde buscar, pero no te dice qué ver”
C. Freinet
La mentira en los niños es una de las conductas que más preocupa a los padres y madres. Cuando nuestros hijos mienten, nos sentimos engañados y pensamos que es algo que conforma al niño o que estamos fracasando en nuestra labor educativa, “es un mentiroso”, “me ha mentido, que estoy haciendo mal”. Sin embargo, es importante valorar la mentira por su carácter evolutivo y fundamental en el desarrollo del niño.
Es habitual que la falta de sinceridad en las familias conlleve a la regañina, la imposición de límites o incluso el castigo, lo que, está comprobado que no sirve de mucho en la mayoría de las ocasiones y tampoco obtenemos los resultados esperados, sino más bien todo lo contrario.
Y aunque en nuestra sociedad la sinceridad es un valor fundamental, los seres humanos mentimos, y lo hacemos porque nos ayuda a socializar.
¿Cuál es la buena noticia?
Evitar una regañina, ocultar una equivocación, no asumir un error, son los principales motivos por los que un niño o niña puede mentir, y precisamente esto nos da pistas de que el niño se pone en la mente del otro, que anticipa cual va a ser la respuesta que el otro va a tener y decide ocultarlo o mentir. Esta capacidad, que sólo los seres humanos tenemos, es lo que conocemos como teoría de la mente, ser capaz de otorgar estados mentales a otras personas, tanto emocionales cómo cognitivos, parece ser un hito del desarrollo que estaría presente aproximadamente a los 4 años
Por lo tanto, tener la capacidad de ponerme en el lugar del otro, es una característica humana y su expresión a través de la mentira, mantiene una relación directa con un buen desarrollo neuropsicológico infantil.
Dicho esto, si tu hijo te miente, alégrate porque está explorando y desarrollando su pensamiento, descubriendo límites… Para el niño o la niña, la mentira es parte de su crecimiento y en este sentido la tarea de los padres es saber acompañar, acoger y valorar para que no sientan la necesidad de mentir.
¿Cómo hacemos si nos damos cuenta de que nos ha mentido?
- Observar la conducta y valorar. Es importante reprobar la mentira, siempre que la detectemos, mostrando nuestro rechazo ante esa manera de actuar, pero sin necesidad de agresividad o castigos. “no me gusta lo que has hecho, eso no está bien”
- Actitud abierta. Mantener una actitud flexible y una mirada constructiva donde el error forma parte del aprendizaje vital puede ser el punto de partida para que nuestros hijos construyan su identidad como personas que pertenecen y que son válidas tal cual son, sin necesidad de aparentar.
- No premiar la conducta. En ningún caso se debe premiar la mentira, por muy ingeniosa que sea.
- No juzgar. Trabajar la escucha activa y con apertura favorece una buena comunicación y por ende la sinceridad
- Dar ejemplo en la gestión de las emociones. No olvidemos que somos su modelo y nos observan e imitan.
- Reconocer nuestros propios errores. Transmitir que el error forma parte de aprender. La culpa sólo deber servir si nos hacemos responsables de nuestras decisiones.
- Promover el diálogo y el respeto por las otras opiniones, no estar de acuerdo no significa conflicto, es importante que nuestros hijos valoren la diversidad como enriquecimiento y no como enemistad.
El equipo de profesionales de Centro TAP podremos acompañarte a gestionar todo aquello que necesites durante la crianza.