El síndrome del impostor se caracteriza por tener una creencia de baja eficacia y engaño ante un área de desarrollo personal o profesional. También puede que afecte a una tarea específica o un conjunto de estas y/o al desempeño de un rol.
- En conclusión, podemos decir que la persona que lo sufre piensa que en algún momento su entorno se dará cuenta que no es tan hábil, capaz o inteligente como se le presupone o ha hecho creer, descubriendo que es un fraude como persona y profesional (dependiente del área que más esté afectada) y por tanto teniendo que enfrentarse al engaño que ha ocultado: su desconocimiento, falta de competencia o mediocridad.
Este fenómeno psicológico a pesar de la presencia que tiene en muchas personas (7 de cada 10 afirma haberlo sufrido en algún momento de su vida) no está recogido como un trastorno psicológico. Haciendo una lectura positiva de ello, podemos pensar entonces que este malestar no se caracteriza por ser una dolencia de alta gravedad psicológica, o al menos sabemos que tiene solución, que es temporal y que tras superar esta desconfianza personal las personas salen con autoestima reforzada.
¿Cómo sé si sufro el síndrome del impostor?
- Sientes que no estas a la altura de las demandas del contexto (laboral, familiar, social, afectivo) a pesar de tu conocimiento, intenciones, habilidades y competencias sobradamente demostradas y reconocidas por las personas con las que compartes espacio y objetivos.
- Son los demás los que alaban tus progresos y metas obtenidas, tú le quitas valor e intentas eludir la visibilidad puesta en ti, ya que temes que te descubran en el engaño al que los tienes sometidos.
- Miedo a ser descubierto, despedido, dejado o abandonado, debido al engaño que intentas esconder (baja valía) de forma permanente.
- No confías en tu capacidad de aprendizaje y de adquisición de nuevas competencias, piensas que cuando se produce es fruto de la casualidad.
- Los triunfos que tienes o has tenido a lo largo de tu vida los atribuyes a situaciones circunstanciales; casualidades externas a tu valía, no terminas de creer que hayas podido ser tú parte importante y decisiva para su logro.
- Alto nivel de activación, ansiedad en muchos momentos debida a la hipervigilancia que tienes contigo, midiendo tus capacidades, bueno…tus bajas capacidades en este caso.
- Etapas de baja motivación para afrontar los cambios o los nuevos retos ya que anticipas que saldrán mal.
- Una creencia constante de baja competencia, lo que hace que tu autoestima sea baja, traduciéndose en alta inseguridad y desconfianza hacia a ti.
- Creencia constante de fracaso, de insuficiencia a pesar de haber demostrado en muchos momentos que puedes abordar los temas sin problema.
¿Qué puedo hacer si me reconozco en los descriptivos anteriores?
- Es importante que puedas hacer un recorrido temporal, por etapas vitales (revisión de tu historia biográfica) donde verificar tus áreas de desarrollo, identificando en estas etapas el conocimiento y experiencia adquirida. Todo esto que revises es fruto de tu capacidad para aprender, a pesar de que hayas tenido referentes, mentores, familiares, parejas… que te hayan podido sumar y aportar, no es incompatible, no le quites valor. La adquisición de conocimiento, experiencia y competencia es tuya a pesar de la ayuda recibida, aprendemos por ensayo y error, además de copiando modelos de mayor experiencia.
- Si pones en valor lo que otros hacen y tú eres capaz de reproducirlo, también háblate a ti de la misma forma en que lo haces de estos que tienen tus mismas competencias. Por qué ellos son extraordinarios o habilidosos, y tú simplemente haces lo que debes sin destacar o engañando a los demás.
- Genera un lenguaje interno (cómo te hablas) y externo (cómo le cuentas a los demás) que sea amable contigo, explica lo que haces sin pretensión de hacer que sea extraordinario, es la persona que escucha la que debe valorar si es o no extraordinario, tú simplemente describes y el/ella evalúa.
- Recibe con agrado y orgullo los halagos, ante un reconocimiento es el momento de aprender a decir “¡gracias!” sin más, nada de justificar o quitarle valor.
- Ante las situaciones de incertidumbre no anticipes negativamente, confía en tu conocimiento, tus competencias y habilidades.
- Si tienes dudas pregunta, comenta aquello que necesites, apóyate en otros igual que tú eres apoyo para tus amigos, compañeros de trabajo o familiares. No te exijas saber todo en todo momento.
- A pesar de los “malos hábitos” adquiridos con el paso del tiempo no te compares con los demás, aunque lo hayas hecho históricamente, si además en la comparación sales perdiendo siempre. Está muy bien reconocer la valía de los demás, pero no es incompatible con reconocer la tuya.
- Acepta el fracaso como parte del proceso de aprendizaje, hechos puntuales no nos conforman como personas. Tu valía como persona es mucho más que un error puntual cometido.
- No te compares, cuando estamos en un proceso de baja confianza personal (falta de autoestima) es fácil compararnos con los demás, atribuyendo en estas personas grandes capacidades y en nosotros ninguna. Si quieres crecer, aprender y generar cambios piensa qué quieres y cómo puedes conseguirlo con respecto a tu propio proceso, aprende a “competir” contigo, no con otras personas.
Si tras leer este contenido crees que tu solo o sola no puedes afrontar el cambio que deseas para recuperar la confianza, el equipo de Centro TAP estaremos encantadas de poder acompañarte en este proceso de crecimiento personal.