La Organización Mundial de la Salud define la adolescencia como la etapa vital que transcurre entre los 10 y los 19 años de edad, y que se da después de la niñez y antes de la edad adulta.
La adolescencia se puede dividir en etapas, cada una de ellas con unos cambios físicos y psicológicos acordes a cada momento vital. La adolescencia temprana abarca desde los 10 años hasta los 14, la adolescencia media comprende el periodo de los 15 a los 17 años, y la adolescencia tardía ocurre entre los 17 y los 19 años de edad.
La adolescencia es una etapa de transición en la que los menores pasan de ser niños a convertirse en adultos, con todos los cambios que esto supone. Esta tarea es un reto para ellos y para todos los que les rodean, ya que muchas veces no es fácil lidiar con los conflictos que se derivan de esta difícil tarea que supone convertirse en adultos.
Son muchos los padres que solicitan ayuda para saber cómo tratar a sus hijos adolescentes o cómo acompañarlos en este proceso sin que se sientan cuestionados, pero, a la vez, poniendo los límites que son necesarios en esta etapa.
Como adultos, a veces no nos resulta sencillo dirigirnos al adolescente porque sentimos que tienen una actitud negativa y de rechazo hacia nosotros, pero no debemos olvidar que este tipo de conductas sólo son el resultado de una falta de recursos emocionales para enfrentarse a un mundo en el que no se les considera ni niños ni adultos y en el que se sienten enormemente perdidos.
Por ello, nuestro deber como adultos es ayudarles a adquirir las herramientas necesarias que les permitan enfrentarse a la vida e ir madurando progresivamente.
Desde Centro TAP, os ofrecemos algunos recursos que os pueden ayudar a acompañar a los adolescentes en esta etapa de cambios.
- Mostrar un interés genuino por el mundo adolescente y por las cosas que son importantes para él. La brecha generacional que existe entre la generación Z o Alpha y los adultos se hace presente en el día a día. Los intereses actuales de los adolescentes y las maneras de disfrutar su ocio, poco o nada tienen que ver con los de hace años. Esto puede provocar que el adulto no comprenda ciertos gustos de los adolescentes, simplemente porque no los conoce o porque no los comparte. Acercarse al adolescente a través de sus hobbies o sus inquietudes es mucho más útil de lo que podría parecer en un principio. Si el adolescente percibe un interés genuino por parte del adulto sobre sus preocupaciones o sus intereses, es muy probable que haya una apertura emocional por su parte que nos permita llegar a ellos de una forma más amable y eficaz, reforzando además los lazos afectivos.
- No infantilizarlos. Muchas veces no somos conscientes de que los niños crecen muy rápido y de que en seguida empiezan a tener sus propias opiniones o formas de enfrentarse al mundo, hecho que se hace aún más presente en la etapa adolescente. Es muy importante que, como adultos, no los infantilicemos y que tengamos en cuenta que sus opiniones deben ser escuchadas y respetadas, lo que no quiere decir que se les vaya a dar la razón necesariamente. Son muy comunes las frases como “no opines, que todavía eres un niño” o “esta conversación es de mayores”, por parte del adulto. Por supuesto que hay temas en los que los niños no deben inmiscuirse, pero no debemos olvidar que, si queremos que aprendan a razonar como adultos, debemos darles la oportunidad de expresarse y razonar con argumentos en los temas que sean acordes a su edad y madurez psicológica. Tomar en serio los discursos y opiniones de los adolescentes es esencial para conseguir ganarnos su confianza y para poder enseñarles a enfrentarse al mundo adulto en el que se están introduciendo.
- No considerar que ya son adultos maduros. Al igual que es importante tener claro que el adolescente no es un niño y que no hay que tratarlo como tal, también hay que tener en cuenta que tampoco ha llegado a convertirse en adulto. A pesar de que, físicamente, muchas veces compartan más características con los adultos que con los niños, su manera de razonar, de gestionar sus emociones y de procesar el mundo no tiene nada que ver con la que poseen los adultos. Por ello, no debemos asignarles responsabilidades que no les corresponden por su edad, ni se les debe dejar la libertad absoluta para tomar ciertas decisiones ya que aún no están capacitados para ello, a pesar de que muchas veces los propios adolescentes crean que sí lo están.
- Ser coherente y constante en las normas y límites que se establezcan. La adolescencia es una etapa caracterizada por la rebeldía y la oposición a las reglas. A pesar de que debemos dejar que expresen su opinión sin juzgarles y aprender a negociar con ellos, es importante que seamos firmes con las normas establecidas, aplicándolas de manera constante y de forma coherente. No olvidemos que los adolescentes son niños tratando de convertirse en adultos y que deben conocer las reglas que pertenecen a este mundo, con todo lo que esto conlleva. Nuestra función como adultos es enseñarles a gestionar adecuadamente su frustración y a respetar las normas para que puedan convertirse en adultos responsables y emocionalmente sanos.
- Conocer su entorno social. En la adolescencia toma un papel muy importante la relación con el grupo de iguales. Los adolescentes piensan que sólo otros menores de su edad pueden llegar a comprender sus inquietudes y preocupaciones, por lo que la amistad adquiere un valor esencial en esta etapa. Por ello, es recomendable que los adultos que formemos parte del entorno del menor conozcamos lo mejor posible a las personas con las que pasan su tiempo. Preguntarle por sus amigos o, incluso, invitarlos a hacer algún plan en casa juntos o alguna actividad fuera, son buenas estrategias para conocer el entorno de un adolescente y para potenciar los vínculos afectivos y la comunicación con el adulto.
En conclusión, la adolescencia es un momento vital complejo en el que los menores transitan al mundo de los adultos a través de una larga y dura etapa. Como adultos, se nos presenta el reto de acompañarlos durante estos años para que aprendan las habilidades y herramientas necesarias hasta transformarse en adultos felices y funcionales.
Muchas veces no es sencillo comunicarse con los adolescentes debido a su actitud aparentemente defensiva y a la dificultad que tienen para asumir las normas. Por ello, debemos acercarnos a ellos de una manera genuina, mostrando verdadero interés por sus intereses, preocupaciones o amistades. También es necesario darles el espacio adecuado para que puedan expresar sus opiniones y necesidades, sin olvidar que debemos ser un modelo de comportamiento y que el establecimiento de normas coherentes y justas ayudan a los adolescentes a ganar seguridad en sí mismos para conocer las reglas del mundo adulto y para poder enfrentarse a él de una manera exitosa.
¿Tienes alguna duda?, ¿quieres profundizar más acerca de este tema? Desde Centro TAP os acompañamos en esta etapa. Tenemos un equipo especializado en infancia y adolescencia, y estaremos encantadas de ayudaros en todo lo que necesitéis.