El apego es la respuesta que desarrolla un/a niño/a con sus cuidadores principales para generar un vínculo emocional duradero y estable en el tiempo, tanto es así que de aquí se deriva el tipo de relaciones sociales y/o afectivas que establecerá con otras personas en etapas posteriores de madurez.
Desempeña además un papel fundamental en el desarrollo emocional y social de los menores, proporcionándoles la seguridad y la confianza que necesitan para poder explorar el mundo que les rodea.
Desde los primeros días de vida los bebés buscan protección, consuelo y seguridad a través de estas relaciones afectivas y de confianza, lo cual les permite investigar su entorno y enfrentarse a los desafíos con mayor seguridad.
El desarrollo del apego se puede dividir en cuatro fases:
- El bebé se orienta y señala a la gente de forma indiscriminada, “sintonizando” con ciertas señales del contexto que le rodea. Estas señales son principalmente de origen humano (sonido de voces, por ejemplo).
- El bebé desarrolla preferencia por uno o más cuidadores a través del olfato y, más adelante, la vista. En esta fase, comienza a orientarse y señalar a una o varias personas en específico.
- En esta tercera fase se desarrolla el apego propiamente dicho. El bebé demuestra una conducta de apego activo, buscando proximidad, permaneciendo cerca de la figura de apego y siguiéndola.
- En la cuarta fase los niños imaginan planes y percepciones del cuidador principal y sintonizan sus propias actividades de acuerdo a éstos.
La teoría del apego identifica varios estilos de apego que pueden desarrollar los menores en función de sus interacciones con los cuidadores.
- Apego seguro: se caracteriza por la confianza del niño en la capacidad de respuesta de sus cuidadores y en su disponibilidad para satisfacer sus necesidades emocionales y físicas.
Los estilos de apego inseguro pueden surgir cuando los cuidadores no responden de manera consistente a las señales de sus hijos, lo que puede llevar a problemas en su desarrollo emocional:
- Apego inseguro ansioso-ambivalente: se caracteriza por respuestas inconsistentes de los cuidadores a las necesidades emocionales del niño, lo que provoca ansiedad y preocupación por la disponibilidad y capacidad de respuesta de los cuidadores.
- Apego inseguro-evitativo: se caracteriza por cuidadores que son insensibles o rechazantes, lo que lleva a los niños a suprimir sus necesidades emocionales y evitar buscar consuelo.
- Apego desorganizado: se caracteriza por una falta de coherencia en las respuestas de los cuidadores, mostrando comportamientos confusos o contradictorios.
La formación del apego está influenciada por diversos factores, incluyendo la sensibilidad de los cuidadores a las necesidades del niño, la consistencia en la respuesta a las señales del niño y las experiencias tempranas de apego. Por ello, los niños que experimentan relaciones tempranas afectuosas, cálidas y consistentes con sus cuidadores tienen mayor probabilidad de desarrollar un apego seguro.
Por otro lado, un apego inseguro puede tener repercusiones importantes en el bienestar emocional y psicológico del niño, pudiendo experimentar dificultades en el establecimiento de relaciones saludables, mayor ansiedad y estrés, problemas de autoestima y dificultades en la regulación de sus emociones.
Entonces, ¿cómo podemos generar un apego seguro? Los padres y cuidadores tienen un papel fundamental en el desarrollo de un apego seguro con sus hijos.
- Las figuras de apego deben presentar disponibilidad ante las demandas de los bebés y los niños: cubrir sus necesidades de regulación emocional y modelar sus respuestas es crucial para que exploren su mundo de una manera segura, los cuidadores somos su referencia y modelo, de ahí que seamos sus “traductores” emocionales.
- Fomentar la comunicación emocional les ayuda a sentirse comprendidos y apoyados, lo que fortalece el vínculo emocional. Los cuidadores deben animar al niño a expresar sus emociones de manera abierta, escuchar activamente y validar sus sentimientos.
- La sensibilidad es una habilidad fundamental para promover un apego seguro en los niños y consiste en la capacidad de los cuidadores para percibir, interpretar y responder de manera adecuada a las señales y necesidades del niño.
- Generar un ambiente físico seguro, acogedor y afectuoso es fundamental. Mantener el hogar libre de peligros, ofrecer muestras de amor y afecto hacia el niño y proporcionar un espacio para el juego y la exploración ayudarán a promover un apego seguro.
- Establecer rutinas predecibles y límites claros y consistentes brindan estructura y seguridad al niño, lo cual le permite desarrollar confianza en su entorno. Por ello, establecer horarios regulares para comer, dormir y jugar puede ayudar al niño a sentirse seguro y protegido.
- Promover la autonomía y la independencia del niño para explorar el mundo. Los cuidadores pueden animar al niño a explorar su entorno, tomar decisiones, y resolver problemas, brindándole apoyo y orientación cuando lo necesite.
- Crear momentos de conexión entre el cuidador y el niño: leer cuentos antes de dormir, jugar juntos, cocinar una receta, dar un paseo o simplemente abrazarse, son oportunidades para crear intimidad, conexión emocional y fortalecer el vínculo de apego.
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