¿Qué son?
A lo largo de la historia, lo que se considera una peculiaridad erótica ha cambiado constantemente. Antiguamente, prácticas como la masturbación o la homosexualidad se clasificaban como tales porque no cumplían con la función reproductiva, motivo por el cual eran condenadas y prohibidas. Se intentaba suprimirlas, considerándolas trastornos, patologías o anomalías, mediante su prohibición, rechazándolas, o incluso negándolas, lo que solo causaba un efecto paradójico: cuanto más se prohibe algo, más deseo genera. Además, actualmente se ha comprobado desde la sexología, que los sexos buscan el encuentro con el otro, la unión o el placer más que la reproducirse. El hecho sexual humano es complejo por lo que no es reducible sólo a la función de la reproducción.
Hoy en día, bajo el paraguas de las llamadas “peculiaridades” o “minorías eróticas”, encontramos prácticas como el voyeurismo, el exhibicionismo, el fetichismo, el BDSM, el travestismo, la necrofilia, la coprofilia, entre otras. Éstas, siguen estando estigmatizadas, como todo lo que se sale de la norma. Se han llegado a considerar desde el punto de vista moral, pecados; desde el médico, parafilias; y legalmente, delitos. Es este estigma el que causa que haya personas que acuden a terapia sexual con sentimientos de miedo, culpa, o rechazo hacia sus deseos, buscando suprimirlos. En ocasiones también acuden para aprender a comunicarlos y/o negociarlos con sus parejas.
¿Qué actitud se debe tener ante ellas?
Desde la sexología, en lugar de condenar estas prácticas, se busca desestigmatizarlas y comprenderlas como parte de la diversidad humana, de la diversidad sexuada en el área erótica.
La diversidad, en este caso, no es una anomalía, sino una fuente de riqueza y pluralidad que debe ser valorada y estudiada. Se puede hablar de la variedad y diversidad entre los sujetos sexuados sin tener que recurrir a hablar de anomalías, patologías, o trastornos. Todos/as somos sujetos sexuados porque hemos pasado por un proceso de sexuación el cual hace que cada uno/a de nosotros/as seamos distintos, y por ende tengamos deseos diferentes. En definitiva: lo importante no es si un deseo es «normal» o no, sino cómo afecta el bienestar de la persona y de quienes le rodean.
La mirada sexológica promueve una actitud de apertura y comprensión hacia todas las formas de deseo. Se observan los hechos y se estudian sin juicio.
¿Cómo las gestionamos?
Cualquier deseo es legítimo y lo fundamental no es suprimirlo, sino aprender a gestionarlo. Aquí es donde entran en juego dos formas clave de canalizar el deseo:
- El plano imaginario, que abarca fantasías y recuerdos.
- El plano conductual, que implica la puesta en marcha conductual de esos deseos.
Ambos caminos son válidos, y saber cuándo recurrir a uno o a otro es crucial para el bienestar sexual. Es fundamental entender que ninguno de estos dos planos está por encima del otro, en los dos casos se satisfacen los deseos, pero uno con su puesta en práctica en el imaginario y en otro mediante la acción.
Por ende, lo importante no es temer, negar, ni rechazar las peculiaridades eróticas, sino aprender a gestionarlas de manera saludable, tanto en lo individual como en lo relacional.
Esperamos que esta lectura te haya servido para conocer algo más acerca de este aspecto. No obstante, si después de leerlo quieres profundizar más, abordar algo relacionado con esta publicación y/o relacionarte mejor con tu sexualidad, para tener una vivencia más positiva de la misma, estaremos encantadas de acompañarte.