En los problemas de ansiedad lo que se conoce como “evitación experiencial” juega un papel clave porque mantiene y agrava los síntomas. Conozcamos este fenómeno y aprendamos a manejarlo.
La evitación experiencial es un fenómeno psicológico ampliamente estudiado en el contexto de los trastornos de ansiedad. Se define como el intento de esquivar, suprimir o evadir los pensamientos, las sensaciones físicas y los recuerdos que componen la experiencia de una emoción desagradable. En términos prácticos, una persona con claustrofobia estaría empleando la evitación experiencial al evitar entrar en ascensores para no enfrentar la incomodidad de sus palpitaciones y pensamientos negativos que articulan su vivencia de la ansiedad.
¿Es malo evitar la ansiedad?
- En esencia, la evitación experiencial es una respuesta comprensible y natural. El cerebro humano, por diseño evolutivo, está programado para detectar y reaccionar ante posibles amenazas en su entorno. Cuando el cerebro percibe un estímulo como peligroso, desencadena emociones desagradables, como el miedo o la ansiedad, que orientan a la persona a alejarse del peligro. Este mecanismo de respuesta rápida ha sido esencial para la supervivencia, ya que permite a los individuos evitar situaciones potencialmente dañinas. Por ejemplo, una persona que siente ansiedad al caminar por una calle insegura probablemente estará más atenta y evitará exponerse a situaciones de riesgo, lo que es adaptativo y beneficioso para su seguridad.
- Sin embargo, los problemas surgen cuando esta evitación natural se activa en situaciones en las que la amenaza es, en realidad, mínimamente probable o inexistente. En el caso de la ansiedad, el cerebro puede entrar en un “modo de alerta máxima” innecesario, interpretando como peligrosas situaciones cotidianas y seguras. Esto puede llevar a dos consecuencias significativas: el deseo de evitar toda situación que pueda desencadenar ansiedad y el desarrollo de un temor persistente a experimentar nuevamente esos estados de ansiedad, lo que se conoce como “miedo a la ansiedad”.
El círculo de la evitación experiencial
- A medida que una persona intenta evitar cualquier situación, pensamiento o sensación que le recuerde a la ansiedad, puede desarrollar un trastorno de evitación experiencial, donde la evitación se vuelve una estrategia recurrente y dominante en su vida. En estos casos, el miedo a experimentar ansiedad puede volverse tan intenso que la persona limita sus actividades, reduce sus interacciones y evita cualquier contexto que pudiera activar esa emoción.
- Este tipo de evitación puede ser extremadamente limitante. Por ejemplo, alguien que experimenta ansiedad en reuniones de trabajo puede comenzar a evitarlas, aunque ello afecte su rendimiento y desarrollo profesional. En un primer momento, el alivio que produce evitar estas situaciones puede parecer beneficioso, pero a largo plazo este patrón va consolidando la percepción errónea de que experimentar ansiedad es peligroso y que uno mismo es incapaz de enfrentarse a ella. Este proceso impide a la persona desconfirmar sus miedos, lo que aumenta su malestar y reduce su capacidad de hacer frente a situaciones de la vida cotidiana.
Miedo al miedo: el corazón de los problemas de ansiedad
- La evitación experiencial está en el núcleo de muchos trastornos de ansiedad, en gran parte porque las personas con este tipo de trastornos suelen desarrollar “miedo al miedo”, es decir, un miedo secundario a experimentar las sensaciones que asocian con la ansiedad. Esta reacción surge de la interpretación negativa de los pensamientos, recuerdos y sensaciones físicos asociados con esta emoción. Por ejemplo, una persona que ha tenido un ataque de pánico podría interpretar el aumento en su ritmo cardíaco como un signo de que va a ocurrir otro ataque, desarrollando una “ansiedad anticipatoria”. A raíz de ello, la persona se vuelve hipervigilante ante cualquier cambio en su frecuencia cardíaca y asocia cualquier situación que pueda desencadenar estos síntomas con una amenaza, lo que limita su vida y acentúa su miedo.
- Este ciclo de miedo al miedo restringe la vida del individuo y refuerza la idea de que ciertas experiencias emocionales son intolerables, peligrosas o incontrolables. La terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) aborda estos patrones de evitación de una manera efectiva, ayudando a las personas a desarrollar una relación más abierta y flexible con sus pensamientos y emociones.
5 estrategias basadas en ACT para romper el ciclo de la evitación experiencial
A continuación, se ofrecen cinco estrategias basadas en los principios de la ACT que pueden ser de ayuda para abordar la evitación experiencial:
- Practicar la aceptación de las emociones: En lugar de luchar contra la ansiedad, intentemos aceptar la experiencia tal y como es. Reconocer y asumir las emociones desagradables permite verlas como una parte natural de la vida y reduce la intensidad de nuestra reacción a ellas. Para poder reducir el miedo a sentir ansiedad y, en consecuencia, dejar de luchar contra ella, es fundamental cambiar nuestra relación con esta emoción: aprender a sentirla sin percibirla como algo peligroso, así como aprender a detenernos y observar las amenazas de forma más objetiva.
- Desarrollar la capacidad de “desfusionarse” de los pensamientos: La defusión cognitiva es una técnica que permite observar los pensamientos desde una distancia saludable. Al aprender a ver los pensamientos como eventos mentales y no como verdades absolutas, disminuye su poder sobre nuestras decisiones y reacciones.
- Conectar con el momento presente mediante la atención plena (mindfulness): Practicar el mindfulness ayuda a estar en el aquí y ahora, sin centrarse en preocupaciones pasadas o futuras. Este enfoque permite a las personas experimentar sus emociones sin que éstas dominen su conducta.
- Clarificar y orientar nuestras acciones hacia valores significativos: Identificar qué es importante en nuestra vida (por ejemplo, los amigos, el trabajo, etc.) y tomar decisiones orientadas a estos valores puede reducir la evitación. A pesar del malestar, nos permite actuar en consonancia con nuestros objetivos y no en función del miedo.
- Exponer gradualmente a los desencadenantes de ansiedad: La exposición gradual a situaciones que evocan ansiedad, sin evitarlas, es una forma de reentrenar el cerebro para que no considere esas situaciones como amenazas. Esta exposición, en un entorno seguro y con la guía adecuada, ayuda a desconfirmar creencias erróneas y a construir confianza en la capacidad para enfrentar las emociones difíciles.
La ACT no busca eliminar la ansiedad, sino fomentar una relación más saludable con ella, donde la persona acepta su experiencia emocional sin que ésta determine sus acciones. Con entrenamiento, estas estrategias pueden permitir que las personas vivan con mayor plenitud, libres de la trampa de la evitación experiencial.
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