Este artículo está pensado para abordar una realidad a la que día a día estamos destinados a enfrentarnos, las relaciones sociales. Es fundamental ser conscientes de la importancia y trabajar la capacidad de crear y cuidar relaciones de calidad, verdaderas, fuertes y sanas.
Como seres humanos, nuestra necesidad social es real, aunque haya personas que se empeñen en negarlas y referir no necesitar a nadie para estar bien o ser feliz. Necesitamos de los demás, tanto como sociedad como en nuestra individualidad.
Las relaciones sociales nos permiten sentir que hay agua en nuestra piscina, es decir, tienen la capacidad de ofrecernos un sostén en todos los sentidos: emocional, económico, logístico, de apoyo, consejo, de acompañamiento…
Si esto es así, ¿por qué hay personas que se sienten solas aun estando rodeadas de gente?, ¿por qué dicen no necesitar a nadie y solo poder contar consigo mismas? No conectan con el apoyo de los demás a pesar de que pueden tenerlo, no sienten que haya agua en su piscina para recogerles si deciden saltar.
- ¿Dónde está el problema? En la vulnerabilidad
Es cierto que no tenemos el control al 100% del otro y el miedo a que nos fallen, nos hagan daño o que no respondan como nos gustaría, genera una sensación de vértigo y vulnerabilidad que promueve la aparición de la desconfianza y el desamparo.
Estas emociones son adaptativas y tienen una función al inicio de la construcción de los vínculos. Nos ayudan a filtrar y a protegernos, pero cuando se mantienen de forma rígida sin ser flexibles al avance de la relación dejan de ser funcionales y se convierten en verdaderos impedimentos para generar vínculos seguros y fuertes. Esto tiene como consecuencia la percepción de soledad, el aislamiento emocional y la sensación de que nuestra piscina está vacía.
- ¿Qué puedo hacer para llenar mi piscina?
Hay una parte de responsabilidad propia en la creación de una relación social de calidad. Éstas tienen la capacidad de hacernos sentir seguros y al compartir nuestras vivencias, miedos e inseguridades, podemos notar el alivio, el bienestar emocional y el apoyo incondicional. Los vínculos fuertes nos sostienen y gracias a ellos podemos sentir que hay agua en nuestra piscina.
Para lograrlo hay que recorrer todo un proceso de construcción de confianza. En las primeras etapas se buscan señales de seguridad como la coherencia y consistencia, las vivencias compartidas y la reciprocidad. Después hay que ir transitando de forma consciente por un balance entre la apertura, la espontaneidad y nuestros filtros hasta conocer al de enfrente.
Al igual que no respirar no es una opción, los seres sociales necesitamos a los demás y aunque el miedo al dolor o a ser dañado siempre esté presente, tenemos que hacer un esfuerzo por rellenar nuestra piscina poco a poco, con disposición a abrirnos y trabajar en estrechar y hacer significativas las relaciones que tenemos.
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