Posiblemente todos estemos de acuerdo en que la comunicación es una parte vital a la hora de mantener una relación de cualquier tipo con una persona (pareja, amigos, familia, compañeros de trabajo, etc). Es una herramienta que posibilita expresar nuestros deseos, emociones y necesidades, así como conocer las de la otra persona. También nos ayuda a llegar a acuerdos y a encontrar soluciones a problemas compartidos llegando a puntos de vista que no habíamos tomado en cuenta.
Pese a tener esta idea tan clara, no siempre se le da esta misma importancia a la comunicación en las relaciones eróticas. Aunque la vida sexual es un espacio de placer, no debemos olvidar que es una relación entre personas con necesidades, opiniones y deseos que quizás no coinciden y es importante conocer.
Hablar de sexo no siempre nos resulta fácil.
Muchas personas crecieron sin modelos de comunicación sexual saludable, en entornos donde la sexualidad es un tema tabú que incluso es castigado y juzgado. En ocasiones se puede vivir desde la vergüenza o el temor a herir al otro, en caso de que lo que quieras comunicar se pueda vivir por la otra parte como un comentario negativo o una petición fuera de lo “común”.
A continuación, hablaremos de algunas claves para empezar a tener este tipo de conversaciones.
1. Hablar de sexo no es señal de problemas
Una idea muy extendida es que solo se habla de sexo cuando algo “anda mal”. En realidad, la comunicación sexual es una herramienta de bienestar. Piensa en estas conversaciones como una forma de construir juntos un mapa del placer compartido, en el que podréis poner en común vuestros deseos y abrir la puerta a nuevas experiencias en las que podríais no haber pensado o en las que os avergonzaba pensar.
Las parejas que conversan de forma regular sobre sus gustos, incomodidades o curiosidades suelen experimentar relaciones más conectadas y menos cargadas de expectativas implícitas. De la misma forma, no es necesario ser una pareja romántica para tratar estos temas, cualquier encuentro erótico (aunque sea con una persona con la que no mantenemos una relación de pareja) se verá beneficiado de este tipo de comunicación.
2. El momento adecuado importa
Nunca va a haber un momento perfecto para iniciar este tipo de conversaciones. Pueden surgir de forma espontánea antes, durante o después de la práctica erótica, o pueden iniciarse de una forma más meditada.
Pese a esto, es recomendable elegir momentos en los que ambas personas estén tranquilas, sin prisas y sin tensión. Sobre todo, es recomendable evitar sacar este tema en discusiones ya que podría facilitar una mala interpretación o verse como una crítica o un ataque hacia el otro en vez de una forma de entenderse. Las conversaciones sobre sexualidad requieren respeto, confianza, curiosidad, empatía y ausencia de juicio o presión
3. Hablar de deseos: expresar sin exigir
Expresar lo que te gustaría vivir en el ámbito sexual no significa exigir, presionar ni esperar un “sí” automático. Decirle al otro lo que quieres facilitará que la persona sepa qué es lo que te gusta o lo que necesitas, pero recuerda que también está en su derecho de poner sus propios límites y que debes respetarlos, aunque vayan en contra de tus deseos.
Un ejemplo de pedir sin exigir es:
“Nunca hacemos nada diferente, deberías esforzarte más.”
Prueba con:
“Me gustaría explorar algo nuevo contigo porque creo que podría acercarnos y ser muy agradable para ambos.”
4. Establecer límites es un acto de autocuidado (no de rechazo)
Tener límites no significa querer menos ni ser menos abierto. Significa conocerte y respetarte. Y del otro lado, escuchar los límites de otra persona requiere madurez, empatía y autocontrol.
Es habitual que cuando aparece un límite, se pueda interpretar como un castigo, pero lo que aporta es información acerca de la otra persona para facilitar que se sienta cómoda durante las prácticas eróticas.
Un buen marco para hablar de límites es el de las tres categorías:
Lineas verdes: Cosas que disfrutas y te sientes cómodo haciendo.
Lineas amarillas: Cosas que despiertan curiosidad, pero que no estás seguro de querer hacer. En este caso, siempre será una opción poner el límite.
Lineas rojas: Cosas que no deseas hacer por el momento o nunca y que no están abiertas a acuerdos.
5. Hablar sobre las fantasías
Las fantasías sexuales pueden ser muy diversas y no siempre indican un deseo literal de acción. Puede que la persona disfrute mucho de imaginarse en cierto contexto o realizando cierta práctica pero que no quiera hacerlo realidad. En otras ocasiones, existe una curiosidad por llevarlas a la realidad aun sin saber si se disfrutaría de ellas.
Compartirlas puede ser generar mucha intimidad y confianza, pero nunca debe convertirse en una obligación. Es por eso que, al igual que hablando de deseos, debes ajustar tus expectativas para recibir un “no” o incluso un “no por ahora” y aceptarlo sin presionar a l otro.
6. Repetir la conversación (no es un tema de una sola vez)
Los deseos cambian, los límites se mueven, y las fantasías evolucionan. Por eso, la comunicación sexual debe ser periódica, no un “checklist” que se cumple una vez.
De la misma forma, es una buena idea retomar ciertas conversaciones para generar un clima de apertura, en el que ambos sintáis que podéis opinar y compartir vuestras impresiones en cualquier momento sin que eso suponga un momento incómodo o conflictivo.
7. Si cuesta hablar, puedes pedir apoyo
A veces hay problemáticas individuales o dinámicas de pareja que dificultan estas conversaciones. En ocasiones no se trata tanto de no querer si no de no saber cómo hacerlo o de sentir que no puedes enfrentarlo solo.
Un espacio terapéutico puede brindar herramientas para mejorar la comunicación y para trabajar en cualquier dificultad que pueda surgir.
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