Somos testigos de cómo, en la actualidad, se ha acentuado el foco en la importancia de identificar y validar nuestras emociones, dándole mayor relevancia de lo que se había dado nunca al desarrollo de la inteligencia emocional. Esto ha permitido grandes avances relacionados con el crecimiento personal, la identidad y las relaciones sociales, dando lugar a una mayor responsabilidad afectiva, tanto con uno mismo como con los demás.
Sin embargo, el hecho de vivenciar y validar nuestras emociones, en muchas ocasiones, ha sido utilizada de excusa ante diferentes conductas, llegando a legitimar comportamientos que no son sanos para uno mismo ni para las personas con las que nos relacionamos.
- Las emociones forman parte de un mecanismo adaptativo puesto que todas ellas reflejan la importancia que tienen para nosotros determinados estímulos y/o sucesos. Son fundamentales para el ser humano, cumpliendo funciones básicas en la supervivencia, el bienestar y las relaciones sociales. Todos tenemos derecho a sentir cualquier emoción, a que determinadas situaciones nos despierten sentimientos acordes a lo que la importancia de ese momento, y todo lo relacionado con él, tienen para nosotros.
Por ello, todas las emociones que sentimos son válidas y aceptables, pero éstas no pueden ir acompañadas de cualquier tipo de comportamiento.
- La validación emocional consiste en identificar y aceptar las emociones propias o ajenas, sin juzgar su presencia ni intentar cambiarlas, favoreciendo así la presencia de mejores relaciones, mejor comunicación y desarrollando mayor autocompasión. Significa entender la presencia de la emoción en el contexto en el que aparece, ayudando a aliviar el malestar y a gestionarla de una forma saludable.
- Una tarea fundamental en esta gestión de las emociones consiste en identificar qué sentimos y dirigir nuestro comportamiento de una forma adaptativa, antes de que estas emociones nos desborden y dominen nuestra conducta sin ningún control sobre ella.
- Aun cuando la emoción se presenta de forma muy intensa, seguimos teniendo la capacidad de controlar su expresión gracias al proceso de regulación emocional. La regulación emocional permite reducir la intensidad de la emoción vivida, tomando consciencia de la relación entre emoción, pensamiento y conducta, y dotando de estrategias de afrontamiento adaptativas.
- En este proceso de filtrar qué comportamientos son los más adecuados ante la situación en la que nos encontramos, el papel de los pensamientos es esencial para analizar la situación y controlar nuestras acciones. La capacidad de razonar, propia del ser humano, nos dota de una actitud crítica que facilita la elección de la forma más adecuada de expresar nuestras emociones, eligiendo aquella que nos proporcione mayores beneficios.
Por ejemplo, si durante una quedada, una amiga ha dicho un comentario que no me ha gustado, puede generar en mí cierto enfado, con esta emoción puedo dirigirme hacía ella de malas formas, existiendo la posibilidad de perder una relación importante para mí, o bien hablar tras lo ocurrido e intentar entender su postura; otro ejemplo podría estar relacionado con la tristeza sentida cuando no hemos conseguido pasar un examen importante para nosotros, podemos encerrarnos en nosotros mismos, no hablar con nadie y mantener alejadas a nuestras personas cercanas o, por otro lado, podemos compartir nuestro malestar con aquellas personas que son un apoyo para nosotros.
Si nos damos un tiempo para pensar sobre aquello que ha provocado esa emoción en nosotros, podremos analizar nuestros pensamientos y así poder elegir la respuesta más válida y funcional ante lo ocurrido, existiendo una gestión adecuada entre la emoción y la conducta expresada y actuando con consciencia.
Sentir cualquier emoción es totalmente legítimo, pero esto no justifica que hagamos daño a otras personas con nuestros actos. La libertad de nuestro comportamiento finaliza cuando no mantengo el respeto hacia los demás.
Utilizar nuestras emociones como escudo de nuestro comportamiento inadecuado indica la importancia de continuar en el trabajo de la gestión que hacemos de ellas, poner el foco en cómo queremos llevar a cabo este proceso y valorar si transitamos el camino que, realmente, deseamos seguir.
“Entre estímulo y respuesta, hay un espacio. En ese espacio radica nuestra libertad y poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta radica nuestro crecimiento y libertad”
Viktor E. Frankl
Si consideras que aún no te encuentras en el camino con el que realmente te sientes identificado, que tus emociones te desbordan y/o sientes que no realizas una expresión adecuada de tus emociones, en Centro TAP podemos ayudarte en el maravilloso camino del trabajo en la propia identidad y la gestión de las emociones.